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  • 13
    Enero
    2010

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    Calle Padre Rosendo Salvado: Un obispo gallego en Australia

    Uno de los tópicos más extendidos sobre los gallegos es que es posible encontrarse a uno en cualquier lugar del mundo. Rosendo Salvado y Rotea fue uno de los nacidos en Galicia que acabó residiendo en uno de los confines del planeta, pero con la peculiaridad de ser obispo de una diócesis cuyos fieles son casi los antípodas de sus paisanos. Salvado vio la luz en Tui en el año 1814 e ingresó a los quince años en el convento benedictino de San Martiño Pinario. La decisión del Gobierno español de desalojar los conventos obligó a este fraile a trasladarse a Nápoles, donde se ordenó sacerdote en 1839. Su estancia en tierras italianas concluyó en 1845, año en que fue destinado como misionero a la nueva diócesis de Perth, en el sur de Australia. El ímpetu evangelizador de fray Rosendo le animó a fundar la colonia de Nueva Nursia, en la que se dedicó a enseñar la doctrina cristiana a los indígenas australianos. Las habilidades musicales de este religioso hicieron que organizase conciertos con los que recaudaba fondos para sufragar su actividad apostólica. Durante más de cincuenta años, el fraile de Tui mantuvo una intensa relación con su colonia australiana, la cual estuvo a punto de abandonar a causa de una decisión del papa Pío IX, quien le nombró obispo de Puerto Victoria, un nuevo asentamiento de los ingleses en el norte de Australia. Rosendo Salvado acató la orden y se trasladó a su destino, pero la suerte se alió con él, ya que los británicos se retiraron al poco tiempo de aquel lugar y pudo regresar a Nueva Nursia con su dignidad episcopal. A pesar de que años después regresó a España, mantuvo un contacto continuo con los fieles de su misión hasta su muerte, ocurrida en Roma en el año 1900. Redactó una memoria sobre sus experiencias australianas que sirve para valorar la extraordinaria labor que realizó en aquellas tierras, en aquel tiempo totalmente desconocidas, por lo que su figura aún hoy es reconocida en ese lejano país. J. M. Gutiérrez

     

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