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  • 26
    Febrero
    2010

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    Juan de la Cierva: El ingeniero que sentía pasión por volar

    La política fue una de las actividades que desarrolló Juan de la Cierva y Codorniú a lo largo de su vida, pero, a pesar de que fue diputado en dos ocasiones, este murciano nacido en 1895 pasó a la historia por otra faceta muy alejada de este campo profesional. El padre de este destacado inventor había sido un abogado y estadista de gran prestigio, lo que seguramente animó al joven Juan a implicarse en la política, aunque ya con 16 años dio muestras de que su verdadera vocación era la construcción de artilugios volantes. Cuando todavía era un adolescente montó con dos amigos un biplano de 11 metros de envergadura que efectuó numerosos vuelos de exhibición. El mismo grupo de chavales construyó luego un monoplano. Tras ingresar en la Escuela de Ingenieros de Caminos, De la Cierva diseñó un avión trimotor que se destruyó en los ensayos. La pasión que sentía por la navegación aérea hizo que combinase sus estudios de ingeniería con sus investigaciones, pero el fracaso con trimotor le movió a plantear la posibilidad de construir un aparato con alas giratorias. Los tres primeros ingenios que preparó no consiguieron elevarse, ya que los rotores estaban asidos de forma rígida al cubo central en el que se encajaban. De la Cierva se percató entonces de que los rotores debían articularse de forma libre en el aparato para poder generar la necesaria fuerza de sustentación. En enero de 1923 el primer autogiro se elevó a una altura de 200 metros y realizó tres viajes por el aire, el más largo de los cuales alcanzó los cuatro kilómetros. El éxito hizo que se trasladase a Gran Bretaña para ampliar sus investigaciones y fundar su propia empresa: La Cierva Autogiro Company. El ingeniero español hizo demostraciones de su máquina en Francia, Italia y Alemania, al tiempo que perfeccionó los diseños. En 1928 consiguió atravesar el Canal de La Mancha en un autogiro y seis años más tarde logró la hazaña de viajar desde Inglaterra hasta España en uno de sus aparatos. Paradójicamente, De la Cierva falleció en un accidente de un avión comercial que se estrelló cerca de Londres en 1936. La muerte prematura de este inventor le impidió ver como su original autogiro se transformaría en el actual helicóptero. J. M. Gutiérrez

     

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