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Mariano Cabrero Bárcena

Funcionario jubilado,escritor,poeta,ensayista...

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  • 08
    Diciembre
    2012

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    Persiguiendo un euforia artificial


     


     

    Persiguiendo un euforia artificial

     

     

    Los jóvenes españoles se inician pronto en el consumo de drogas legales, aunque también las ilegales son consumidas...

    Los jóvenes de hoy en día que, persiguiendo una euforia artificial, manipulan distintos tipos de drogas para escapar de la rutina y salir de la realidad -aunque esta última la tienen muy negra por la falta de trabajo-, corren el riesgo de mantenerse momentáneamente en el mundo de aquellas, para terminar en la soledad y el silencio de sus propias muertes… Los cerebros de los toxicómanos -enfermos- se convierten en imperfectos relojes, cuyas manecillas se mueven a saltos, haciendo muy difícil su sincronización. Todo está escrito.

    Hoy en día, sin duda, el mundo de las drogas representa una especie de patología social que se mueve a lo largo de los cinco continentes. Entiende uno que las drogas han existido siempre. El hombre/mujer siempre ha tenido en mente la búsqueda del 'elixir de la vida' para prolongar la vida eternamente.

    Vivimos un mundo falso en el que tan sólo existe el 'aquí y ahora'. Para prevenir que el/la joven se drogue ha de fomentarse un buen entendimiento y comunicación entre padre-madre-hijo

    Uno se pregunta el porqué no hay más información respecto a este mundo triste –de marcharse para no volver–, empleando el sistema mutilativo, y casi siempre con resultado final de muerte brusca, del suicidio. Y es que realmente, y en la actualidad, están suicidándose los jóvenes: muchos chicos y chicas, más de los que realmente pensamos. Hoy por hoy los jóvenes consumen drogascocaína, anfetaminas, drogas de diseño–, son protagonistas de separaciones matrimoniales (incluyo las uniones de parejas sentimentales de distinto o del mismo sexo), poseen principios religiosos exacerbados e intransigentes que anulan sus propias voluntades... Pero, ¿qué está pasando en nuestra sociedad actual? Entiendo que existe una incomunicación total entre hijos y padres.


     

    Estos hechos los podemos comprobar sobre todo en los Estados Unidos de América. Vemos con frecuencia que existen causas que lo favorecen: el fracaso escolar, el abandono por parte de sus padres, hijos de padres separados o divorciados y, desde luego, son proclives al consumo de drogas o estupefacientes.

    Vivimos un mundo falso, diría yo, en el que tan sólo existe el 'aquí y ahora'. Para prevenir que el/la joven se droguen (que es casi como suicidarse poco a poco…), ha de fomentarse un buen entendimiento y comunicación entre padre-madre-hijo.

    Preguntado un menor de 14 años el porqué se hallaba tan inquieto y desconcertado en relación con sus estudios, contesto: "(...) Hay tantas causas... Pero es que, realmente, no entiendo el porqué no puedo cenar con mis padres separados. Concretamente: el día de Nochevieja o el de Navidad".

    En cierto modo la sociedad, la sociedad occidental, solamente encuentra un camino –corto y de fácil acceso– para superar el dolor y el sufrimiento: el químico o mundo de las drogas. Si existe un adicto grave en la familia, ésta se resquebraja, rompiéndose los lazos habituales de concordia, convivencia y respeto entre unos y otros. Se protegen y culpabilizan entre unos y otros. Unos buscan excusas a los comportamientos del drogadicto, otros son proclives a emplear la dureza para con el enfermo. Ninguno de estos comportamientos son buenos. El adicto se cierra en círculos concéntricos, los cuales son muy difíciles de romper para salirse de los mismos. Y es que entonces el adicto –que es un enfermo– ha de vivir el resto de sus pocos o muchos años de vida que le restan, y siempre bajo el signo de las drogas.

    Si existe un adicto grave en la familia, ésta se resquebraja, rompiéndose los lazos habituales de concordia, convivencia y respeto entre unos y otros

    Sí tenemos que dar importancia al consumo de medicamentos en la familia. Sí tenemos que dar importancia al consumo de tabaco en el seno familiar. Sí tenemos que dar importancia al consumo de alcohol en el entorno familiar. Ver para creer. Por tanto, y esto se comprende, es una falacia (por idea falsa) el tratar de crear un distinción entre drogas duras y blandas, legales e ilegales, etc. Idea falsa fomentada entre sectores sociales interesados en que las drogas se propaguen y distribuyan, incluso gratis, aludiendo que el principio de libertad –el más grande que existe entre los seres humanos– está por encima de otros., como es el de la salud. Las drogas siempre matan el alma de las personas y, como consecuencia, sus cuerpos.


     

    El uso y abuso de los tóxicos ha sido utilizado y está demostrado hace miles de años por ciertas religiones, sectas, medicinas y distintos poderes establecidos por las personas, para obtener estados de predisposición hacia los mensajes o teorías que predican los 'súper-hombres' o líderes, y así conseguir el mayor número de prosélitos.

    El hombre nació libre, es libre y creador –descubridor diría yo–, y no debe someter su voluntad e inteligencia a los estupefacientes –drogas– para que éstos le produzcan fiesta, concentración y descanso, todo de manera artificial. El cuerpo humano tiene en su interior más de 400 productos químicos que son capaces de dar alegría, tristeza, sueño, amor, odio... pero de forma natural. Todo servido por nuestro propio intelecto.

    Nadie se preocupaba de regular el mundo de las drogas, su siembra y recolección, mientras que ahora el hecho del cultivo de sustancias tóxicas cobra dimensiones de catástrofe planetaria: capitalistas, socialistas, comunistas, cristianos, mahometanos, etc., se unen en una cruzada común por la salud mental y moral de la humanidad. Tenemos que preguntarnos: ciertamente, ¿quién sale beneficiado con la ilegalidad de ciertas sustancias? Con evidencia podemos responder: los toxicómanos -enfermos-, no.

    El dinero es el gran ganador y el causante del consumo de drogas. Él es anónimo, uniforme y permanente; creo haber leído que está en funcionamiento hace más de 4.500 años en intercambio mercantiles. Esto es triste, pero es la pura realidad. ¡Poderoso caballero es don dinero!, que reza nuestro refranero español. Acabamos de hablar de las drogas ilegales.

    ¿Quién sale beneficiado con la ilegalidad de ciertas sustancias?

    La idiosincrasia de cada país es distinta: Madrid no es París ni Nueva York. Quizás, lo que es bueno para Holanda no lo sea para España. ¿Aceptaría la sociedad española la legalidad de 'ciertas' sustancias tóxicas? Estoy hablando del cannabis, por decir algo. Creo que son los médicos, legalistas, moralistas, etc., quienes, en resumidas cuentas, tienen la última palabra.


     

    No podemos olvidar ni por un momento que, aunque no lo expresemos tácitamente, nuestros buenos amigos el alcohol y el tabaco son autenticas drogas en nuestro siglo XXI, acabado de empezar. Y es que los cigarrillos que se venden son auténtica basura para nuestros organismos (dicho sea de paso, que, el 95% de lo que se fuma, sin lugar a dudas, son sustancias nocivas para el cuerpo humano: no solamente a largo plazo, sino a corto. Una vez que la nicotina penetra en nuestros pulmones nunca jamás sale. Y es más: todos tenemos conocimiento de que fumar cigarrillos –su nicotina y otros componentes químicos– son los responsables de la muerte súbita infantil –niños y niñas–, si sus madres consumen cigarrillos durante el embarazo.

    Del alcohol podemos decir otro tanto, y posiblemente más grave, dado que jóvenes –niñas y niños –comprendidos entre los 10 y 12 años en adelante, con poder adquisitivo suficiente, durante todos los fines de semana consumen alcohol, la cantidad suficiente para que, incluso, alguno de ellos pierdan sus conciencias. Claro está, causando los correspondientes disgustos a padres y familiares cuando son llamados a hospitales y ambulatorios donde han sido atendidos como consecuencia de su estado de embriaguez. ¡Triste desconsuelo!, porque uno es también padre y... Hemos terminado de hablar de las drogas legales.

    La Coruña, 7 de diciembre 2012

    Copyright Mariano Cabrero Bárcena

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