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Blog MARQUIDE - Quinito López Mourelle

Quinito López Mourelle

Escritor, músico y crítico de jazz

Sobre este blog de Sociedad

No soy un escritor de blogs al uso, ni un comentarista político, ni un articulista de la web. Sin embargo, en sentido paralelo a mi actividad como novelista brota un caudal de pequeños textos (cuentos, pensamientos, ideas...) que sí tienen cabida en un espacio como este. En ocasiones el lector se en...


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  • 17
    Junio
    2013

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    COSAS DE NAIPES

    No daba un paso en la vida, por pequeño que fuese, sin llevar consigo su baraja. Tenía maña con las manos y, aunque no supiese hacer trucos de magia, recurría a los naipes en todo tipo de situaciones. Si surgía una disputa irreconciliable en una discusión se apresuraba a dirimir la cuestión con la resolución aleatoria de otorgar la razón al que sacase la más alta. Cuando quería explicar alguna idea entretenía sus manos barajando sus cartas como si fuese a demostrar los puntos importantes de su discurso con alguna de ellas sacada al azar, siguiendo el estilo y la retórica del tarot, pero finalmente no enseñaba ninguna. Otras veces, para amenizar las conversaciones o para ilustrarlas, proponía fáciles juegos a los contertulios y, cuando quería aparecer ante los suyos un tanto misterioso, elegía alguna carta y se la mostraba a alguien en concreto, como si aquel caballo de espadas o as de copas tuviese algún significado oculto e importantísimo para su destinatario. Destacaba también, por otro lado, por ser persona sumamente alegre y sociable. Una vez le preguntaron a santo de qué se debía tanta alegría en tiempos tan difíciles:

     - Amigo, es que de pequeño un alto tribunal me condenó a la Pena de Suerte.

     Y, en cierto modo, no era poca la suya pues no todos sus contemporáneos tenían por aquel entonces una baraja en propiedad sino que las que se utilizaban, sucias y mil veces manoseadas,  pernoctaban siempre en las cafeterías cuyos dueños habían invertido en su compra como reclamo valiosísimo para ocupar las tardes ociosas y pobres de sus feligreses. La suya la había heredado de un tío que había muerto en una de esas guerras de las que los nietos de sus protagonistas apenas pueden recordar el nombre con el que se las bautiza y por el que se las recuerda en los libros de Historia, casi siempre relativo al lugar o el bien disputado por los bandos o, en el peor de los casos, al majadero empeñado en desencadenarlas. Era siempre bien recibido en tertulias o reuniones espontáneas, saludado y querido por sus vecinos y admirado, sobre todo, por su cuñado Ismael quien, de forma incondicional y sin saber muy bien por qué, le consideraba un fenómeno, un superdotado, y sonreía con alborozo en cuanto le veía llegar. Sus padres ya habían fallecido y nada podía hacerle más feliz que su hermana, a la que quería con devoción, hubiese elegido como esposo a un hombre tan popular y además hábil con los naipes. Precisamente cuando ésta se encontraba a punto de dar a luz a su primer hijo, en días en los que ni siquiera en el extranjero se vislumbraba lo que sería una ecografía, el bueno de Ismael, más nervioso que el padre ante el acontecimiento, cogió a éste de la manga y se lo llevó a otra habitación del humilde hogar para rogarle que echasen a la carta más alta el sexo de la criatura.

     - Venga maestro. Dame una carta. Si la mía es superior será varón.

    - ¿De verdad quieres tu carta?

    - Claro, venga…

    - Está bien… Si te empeñas…

     Entonces el futuro padre sacó del bolsillo la carta y la dejó en manos de su cuñado, primero extrañado por la sorpresa y luego cariacontecido por su contenido:

     “Querido Ismael:

     Te escribo en papel lo que no me atrevo a decirte a la cara. Desde hace tiempo soporto un infierno con el que no contaba cuando me casé. Después de consultarlo cien mil veces con la almohada he resuelto marcharme para no volver. Me voy solo, con lo puesto y poco más, pero también con la esperanza de olvidar el ayer. Lo siento. Aprecio de verdad nuestra amistad y espero conservarla, pero no puedo vivir ni un segundo más con tu hermana.”

     

     

     

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