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Blog MARQUIDE - Quinito López Mourelle

Quinito López Mourelle

Escritor, músico y crítico de jazz

Sobre este blog de Sociedad

No soy un escritor de blogs al uso, ni un comentarista político, ni un articulista de la web. Sin embargo, en sentido paralelo a mi actividad como novelista brota un caudal de pequeños textos (cuentos, pensamientos, ideas...) que sí tienen cabida en un espacio como este. En ocasiones el lector se en...


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  • 11
    Junio
    2013

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    DE LA PÁGINA AL ASFALTO

     Sería un esfuerzo huero y ridículo que viniese yo ahora a intentar desentrañar la relación que une la vida a la literatura, un tema viejo sobre el que se ha disertado hasta la saciedad. En la mayoría de las ocasiones, empero, esa relación se aborda en una única dirección: cómo la vida inspira al escritor o cómo se refleja en su obra. Más escasos son los trabajos críticos que se ocupan, en cambio, del sentido inverso, aunque no tenga por qué darse necesariamente en este caso un lazo de causa-efecto. Una obra puede poner de actualidad una determinada conducta, suscitar una reflexión que quizá estuviese latente en la sociedad pero que no hubiese cristalizado…o puede hacer famoso a un personaje hasta el punto de encarnarse luego en personas concretas que adoptan, consciente o inconscientemente, su personalidad, su modo de comportarse, vestirse etc. El caso que quiero comentar hoy, y que me atañe, no se corresponde exactamente con los tipos que acabo de describir. En ocasiones incorporo en mis novelas y relatos imágenes que he imaginado o que he soñado (no siempre es fácil discernir qué lugar ocupan en esos dos contenedores de la memoria) y luego se me presentan en la realidad como un iceberg en plena navegación. Eso es exactamente lo que me aconteció hace pocos días mientras conducía despreocupadamente. (El vídeo que incorporo pertenece a una visita, al día siguiente, al mismo triste escenario). Al instante recordé un pasaje -narrado de forma un tanto onírica ya que los personajes implicados padecían los efectos de un extraño licor denominado “marquejito”- de Sin Ana Beatriz que reproduzco a continuación:

    “Era aquel hombre leyendo el periódico. Echaron un balde sin aviso previo. El agua jabonosa corrió sobre la piedra sucia, llevándose consigo calle abajo, como almas descarriadas arrastradas al infierno, carozos de manzana, hortalizas podridas y papeles de envoltorio. El sol cochambroso quería ponerse. Quería hundirse en la tierra y fornicarla hasta la estupidez del alba. Estaba allí. ¿Dónde? Alguien se llevó al niño y el globo se quedó solitario contemplando la ruindad de la tarde. El tendero recogió el taburete y lo metió en el carromato. A un lado yacía un caballo calcinado, boca arriba, con las patas tiesas como árboles cercenados mirando al cielo. Podía ser un caballo desechado de un tiovivo, o un caballo real, o un caballo que sólo vivía en las imágenes que proyectaba sin tino el marquejito.”

     

     

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