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Blog MARQUIDE - Quinito López Mourelle

Quinito López Mourelle

Escritor, músico y crítico de jazz

Sobre este blog de Sociedad

No soy un escritor de blogs al uso, ni un comentarista político, ni un articulista de la web. Sin embargo, en sentido paralelo a mi actividad como novelista brota un caudal de pequeños textos (cuentos, pensamientos, ideas...) que sí tienen cabida en un espacio como este. En ocasiones el lector se en...


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  • 01
    Febrero
    2013

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    INSOMNIO CON SABOR A PASODOBLE (VOLAND)

     

    Cuando uno pone el punto final a una obra cercena en ese instante una miríada de posibilidades creativas que ya no tendrán cobijo. En el caso de la música, el intérprete puede tener (dependiendo del contexto) la potestad y la licencia de añadir o modificar notas o compases en un concierto. Si hablamos de un músico de jazz el terreno es todavía más benévolo para esas aspiraciones porque el público demanda precisamente de él esa aportación personal que convierte al género, como se le ha denominado, en el arte de la composición en tiempo real. Hace un par de noches me desveló un verso a las cinco de la mañana. Pronto comprendí que aquel verso no era más que el hilo de una pequeña historia y que el pasodoble al que hacía referencia no era otro que el que Roberto Somoza compuso para el último tema de la Orquesta Voland, correspondiente al capítulo final de la novela. Durante una hora me devané los sesos recuperando esa historia para completar el poema. Está puesta en boca de una mujer (en la novela es un hombre el narrador) y tiene un sabor popular, de pasodoble. Me pregunto si Roberto también se habrá desvelado alguna vez con nuevos compases que podrían sustituir a los ya registrados en el disco, una posibilidad que seguramente le inquietaría más que si le ocurriese con algunas de sus magníficas composiciones para sus discos de jazz. De cualquier manera os pediría ahora que, escuchando su pasodoble, imaginéis a esa chica desconocida y completéis su retrato.

     

     

    Ya no quiero morir de tristeza

    escuchando el pasodoble de la orquesta

    en la sesión vermouth.

    Ya no quiero seguirte a través de la maleza

    hasta el claro del bosque

    y dejar que me violes

    engañada por la luz…

    de tu linterna.

    Ya no quiero

    volver de la verbena

    llorando mi pena en el viejo autobús.

    No quiero ser de nuevo

    la polilla que en vano aletea

    cuando enciendes la bombilla

    para avivar mi deseo…

    Ya no quiero ese veneno.

    Prefiero consumirme en el silencio de mi lecho

    jurando que jamás volveré a la verbena

    a escuchar el pasodoble

    que siempre le pido a la orquesta.

     

     

     

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