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Blog MARQUIDE - Quinito López Mourelle

Quinito López Mourelle

Escritor, músico y crítico de jazz

Sobre este blog de Sociedad

No soy un escritor de blogs al uso, ni un comentarista político, ni un articulista de la web. Sin embargo, en sentido paralelo a mi actividad como novelista brota un caudal de pequeños textos (cuentos, pensamientos, ideas...) que sí tienen cabida en un espacio como este. En ocasiones el lector se en...


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  • 06
    Agosto
    2012

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    LAS TRIBULACIONES DE JUSTIN BIEBER

     

    - Hay Hannah montones de Hannah Montanas, pero una muñeca como tú es irrepetible.

     No fue necesaria ni una palabra más para que Selena Gómez, que por aquel entonces se debatía entre la vida y la muerte por su crispada rivalidad con la susodicha rubia para ocupar la cúspide del orbe púber, se rindiese de inmediato a los encantos del cantante canadiense. La frase no era suya: el adolescente tuvo que pagarle un dineral extra a uno de sus asesores (concretamente el del Área de Lingüística) para que, a modo de Cyrano, le ingeniase la idea concisa e incontestable que le garantizase los brazos de su morenita. Las malas lenguas se apresuraron a desprestigiar al chico del flequillo en cuanto olieron el romance, argumentando que obedecía a un mero acuerdo comercial para redoblar, con una sinergia de espiral incalculable, las ganancias de la parejita. (Un dúo sobre el escenario, para el que otro asesor probablemente idearía un vestuario apropiado, un juego de micrófonos para la ocasión y un escenario que tuviese forma de chicle, que oliese a chicle y que supiese a chicle -sí, todavía está hoy dándole vueltas a la cabeza para conseguir ese triple efecto- sería sin duda la mejor manera de rentabilizar el feliz encuentro de los dos espíritus celestiales). Se equivocaban. Justin ama a Selena. La amaría aunque viviese en un lodazal de los suburbios de Chalco y tuviese que ir a rescatarla en un cohete espacial plateado con las iniciales J. B., de color rosa, dispuestas en vertical, por si algún mal nacido quisiese confundirlas con las de la famosa marca de güisqui y atribuirle así vicios de los que presumiblemente carece.

     Huelga, huelga comentar la felicidad de los primeros lances de aquel amor de dientes de leche, el de un Justin al que todavía en su entorno llamaban cariñosamente Justin Biberón, apodo que no le incomodaba pero que sí le despertaba cierta preocupación. Por ese motivo consultó con otro de sus asesores, el de imagen, para preguntarle si no habría llegado el momento de abandonar la estética andrógina de eterno lactante para ir amoldándose a los cambios que su cuerpo ya estaba experimentando.

     - No Justin. Todavía no. Piensa que el deseo de las mujeres sólo tiene dos direcciones posibles: la protección de los varones (cuando son vulnerables) o su domesticación (cuando son peligrosos). Cuanto más tiempo te atribuyan la primera de las cualidades mejor que mejor. En el segundo juego podrías salir mal parado sin una gran experiencia y aleccionamiento… Ya habrá tiempo para eso.

     Tenía razón el chiquillo cuando, al hilo de lo anteriormente expuesto, le comentó al asesor que, si Selena sería más fácilmente controlable si él preservaba su rostro y maneras aniñadas, no tenía mucho sentido el vello que comenzaba a cubrir su cuerpo. Era una falta grave de equilibrio entre el continente y el contenido. Sin dilación se procedió a una depilación exhaustiva e integral, incluyendo la deforestación absoluta de sus zonas erógenas -pensemos que Canadá es uno de los países con mayor superficie arbolada-, si bien tenía la recomendación expresa de no mostrarse desnudo ante Selena ni mantener ningún tipo de relación afectiva que incumbiese a los genitales. “De cintura para abajo no existes” le recordó la voz del maestro. Los biógrafos todavía desconocen si hubo o no incumplimiento de la norma, teniendo en cuenta que su mera creación ya implicaba la dificultad de su estricta observación.

     -En el momento en el que le muestres el pene pasarás a formar parte del segundo grupo, el de los hombres peligrosos… entonces ya no podremos hacer nada por ti.

     Para mantener a raya a Selena se acordó, después de un acalorado debate en el que participaron otros asesores y un párroco, que el canadiense llevase siempre en la mochila un biberón, que debería manipular de cuando en cuando, como objeto recordatorio de una infancia no superada y por tanto disuasorio de impertinentes debilidades sexuales que pudiesen presentarse. La mayor impertinencia surgió, empero, un poco más adelante, en el año 2010, cuando la mujer encargada de plancharle el pelo al artista se quedó un poco amodorrada debido al tute de una interminable gira internacional, con el lamentable resultado de una cabellera que parecía un injerto púbico mal operado. Una peluca se ocupó de solventar el problema momentáneamente, pero no pudo evitar que el agraviado capilar se sumiese en una profunda depresión por el temor de que Selena descubriese, no ya que su pelo era rizado, sino que estaba usando peluca. No hubo más remedio que buscar a un doble para que le sustituyese en algunas actuaciones. El chico elegido era tan parecido al original y su aparición fue tan oportuna que pronto se ganó el sobrenombre de Just-in Case. Sobre el escenario no se le resistía ni una sola coreografía y el play back lo encajaba a la perfección, pero pronto surgió la rivalidad (idéntica a la de su amada con la Montana) y se armó la marimorena…

     Y entonces alguien que pasaba por allí (por aquí), duro de oído pero a todas luces sabio, aseveró:

     - Sí, en el mar hay morenas. Se esconden en grutas y si te descuidas te llevan un dedo o una mano sin despeinarse…pero las más peligrosas son las rubias que están en la arena.

    - Llevas razón, bribón. El que lo dude que se lo pregunte a Selena.

     Lo siento, estas cosas tienen que acabarse así, con un brochazo.

                                                   

     

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