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Alberto Frutos Díaz

Alberto Frutos, periodista. Amante del cine, la música y los libros. Director y presentador de 'A día de hoy', 'El Submarino' y 'Metrocine' en Metrópolis FM. Colaborador en diversos medios radiofónicos y escritos como experto en cine y series. El cine es el primer arte,...

Sobre este blog de Cine

Comentarios y críticas de los estrenos cinematográficos más importantes que se produzcan cada semana. Sirva este blog como acuarela donde, para gustos, los colores.


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  • 11
    Septiembre
    2014

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    'Jersey Boys' - Tonta canción pop

     

    Hay tradiciones que uno intenta mantener con la misma ilusión a través de los años. El café en el bar de siempre, el periódico de cada mañana, el capítulo de tu serie de televisión favorita o las citas con tus directores favoritos, aquellos que han marcado y fortalecido tu amor por el cine. Cada persona tiene los susyos, sus héroes, los tipos que le han alegrado la vida contando sus historias con una sensibilidad que conecta directamente con la tuya, que engrandece las sensaciones, que potencia las expectativas, que justifican la espera entre película y película sabiendo que en la mayoría de los casos merecerá la pena. Si hiciéramos una encuesta masiva al respecto, probablemente, el nombre de Clint Eastwood sería uno de los más citados. El cineasta más clásico entre los clásicos, el mito obsesionado con no descansar ofreciendo un ritmo de trabajo abrumador dad su edad y carrera. Pasó de actor de registros limitados a director a tener en cuenta, etiqueta que mantuvo hasta 'Sin Perdón', obra maestra que sirvió para, primero, finiquitar el género western dejándolo en la cima de su crepúsculo y, segundo, confirmar las esperanzas depositadas en su labor tras las cámaras.

     

    Lo que siguió a aquel fenómeno fue una colección de películas imprescindibles de la talla de 'Los puentes de Madison', 'Mystic River' o 'Million Dollar Baby' y un reconocimiento total que le señalaba como uno de los mejores directores vivos. Por eso uno espera cada reencuentro con Eastwood como agua de mayo. Y por eso uno se queda tan triste después de ver 'Jersey Boys'. Pese a que en sus últimos trabajos se intuía un bajón de calidad ('Invictus', 'Más allá de la vida') era difícil, y doloroso, imaginar una película tan pobre que viniera firmada por su mano. Carente de ritmo, vida y alma, dirigida con desgana absoluta y con un conjunto de interpretaciones lamentables, esta historia sobre los Four Seasons, conjunto musical que tampoco se puede decir que escribira una página dorada dentro de la música, supone el punto más bajo en la carrera de Eastwood en la última década. Una trama que mezcla comedia, thriller mafioso y musical con una pereza contagiosa, sin dar con la tecla de ninguno de los tres géneros, enrevesando un argumento que por muchas flashbacks a los que recurra, saltos en el tiempo y dramas humanos de andar por casa, no consigue mantener el interés de ninguna de las maneras.

     

    Dentro de todos sus defectos, que no son pocos, es especialmente preocupante ver el nulo interés de su director para ofrecer algo más que un telefilm de sobremesa, una película pegada como una lapa a un clasicismo que, en esta ocasión, se confunde más con el último Garci que con John Ford. Quedan destellos puntuales, especialmente en los números musicales, salvo en ese epílogo desastroso en fondo y en forma, fuera de lugar e incoherente con el tono general de una propuesta incapaz de levantar el vuelo. Todo es rutinario, frío y se observa con distancia, indiferencia, perdiendo la esperanza de que ocurra algo, lo más mínimo, que salve la función. Y no ocurre. Nada. Absolutamente nada. Si estuviera dirigida por otra persona puede que estuvieramos hablando de una película fallida, pero estamos hablando de Eastwood, palabras mayores, y en ese caso un trabajo correcto ya contarría como decepción. Por eso, 'Jersey Boys', es otra cosa. Algo peor. La sensación de que el error ha sido voluntario, que esto era una encargo que había que hacer para no quedarse aburrido en casa. Es respetable, pero también preocupante. Porque la cita se sigue produciendo, el compañero que te ha contado mil y una historias que no olvidarás sigue acudiendo al mismo lugar, sí, pero parece que la ilusión ya no es la misma. Seguirás sin faltar a tu reencuentro con Clint pero en vez del abrazo inicial puede que solamente se produzca un apretón de manos. Y todo por culpa de una tonta canción pop. 

     

     

     

     

     

     

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