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Alba M.

Licenciada en Comunicación Audiovisual. Veo series con la excusa de hacer una tesis.

Sobre este blog de A Coruña

Hablemos de arte en serie: hablemos de ficciones televisivas


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  • 20
    Junio
    2015

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    A Coruña

    Game of Thrones: para lo bueno y para lo malo

    Game of Thrones: para lo bueno y para lo malo

     

    Entrada SIN spoilers sobre la serie

     

    Un día (yo diría que ayer) me levanté pensando que por fin había llegado la quinta temporada de Game of Thrones y al siguiente ya estaba consumiéndome de nervios con su desenlace. Las temporadas de la serie fantástica por excelencia se terminan antes de que podamos decir valar morghulis y nos dejan un sendero de WTF´s que nos desespera y nos encanta. Al fin y al cabo, la espera forma parte de la serialidad y la ansiedad, a veces, también tiene su encanto, o eso es al menos lo que nos ha hecho ver el bueno de George R. R. Martin, cuyo cometido en la vida parece ser el de enseñarnos a lidiar con la frustración.

    Es obvio que, de un tiempo a esta parte, los seguidores de ficción — cualquier tipo de ficción y en cualquier tipo soporte — estamos indefensos. Lo estamos porque ya no tenemos la certeza de saber que nada malo les va a ocurrir a nuestros personajes favoritos (protagonistas inclusive) y porque ya no se nos proporciona la cómoda postura ofrecida por los maniqueísmos: “éste es el bueno, le apoyo a él”.

    Lo que es ya una tendencia generalizada aparece de manera muy acusada en Game of Thrones, la serie que no ofrece garantías de nada. Pero de nada, nada. Uno lo acepta cuando entra en su universo pero nunca termina de asumirlo. Y aunque no te permitas relajarte ni dar nada por sentado, te sorprendes sorprendiéndote con algunas decisiones de Martin — y de sus personajes —. Y ésa es una gran baza que el todopoderoso creador de Westeros sabe jugar muy bien.

    Lo que también sabe hacer este señor de forma estupenda es manejar un relato con una inmensa multiplicidad de tramas y personajes vertebrados por una gran diversidad de espacios y escondernos que, en realidad, ese sofisticado mecanismo está basado en el engranaje de unos productos considerados (muy) menores: las soap operas. Muchas series multitramas son deudoras de estas menospreciadas creaciones y Game of Thrones no sólo es una de ellas sino que los temas que acerca — luchas de poder, infidelidades, romances imposibles, traiciones o paternidades ocultas — son los típicos de los culebrones que tanto despreciamos. Pero ¿y lo sofisticado que nos lo presenta el señor Martin, qué?

    No obstante, no todo va a ser jauja y hay que dejar espacio para las quejas/hastío en este post, unas quejas consecuencia de dos asuntos fundamentales y destacados últimamente en prensa y redes sociales:

    - Queja número 1: la indignación por la diferencia entre los libros y la serie. Qué pereza. No nos extendamos en este tema hablando de adaptaciones y especificidades de medios y soportes, expansión narrativa y demás y formulemos una sencilla pero, a mi modo de ver, efectiva pregunta: ¿Si al autor no le importa por qué a ti, sí, cansino? Hablamos de dos productos distintos, dos narrativas diferenciadas. Si no puedes asumirlo, elije: el libro o la serie.

    - Queja número 2: las acusaciones de machismo. Sí, hay violaciones a mujeres en la serie, prostitutas y sumisión y sí, lo que en ella se refleja es un universo muuuuuy machista. Eso — y parece mentira que haya que incidir en este punto — no implica que la serie intente transmitir valores patriarcales. Lo que en verdad hace es mostrar — que no defender ni normalizar — una realidad concreta donde las mujeres lo tienen muy difícil ¿te suena?. Daenerys, Cersei, Arya, Sansa y Brienne saben que viven en un mundo machista. No lo aceptan y hacen lo posible por combatirlo, no te preocupes más.

    Ahora que Game of Thrones se despide por otra (larga) temporada solo nos queda llenar la espera con preguntas y convivir con la ansiedad tal y como el señor Martin nos ha venido enseñando en los últimos tiempos. Qué fácil era todo cuando no conocíamos Westeros. Y qué aburrido.

     

     

     

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