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Alba M.

Licenciada en Comunicación Audiovisual. Veo series con la excusa de hacer una tesis.

Sobre este blog de A Coruña

Hablemos de arte en serie: hablemos de ficciones televisivas


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  • 27
    Enero
    2015

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    A Coruña

    Girls y la sinceridad incómoda

     

    Girls y la sinceridad incómoda

    Ahora que Girls está comenzando su cuarta temporada, podemos decir que se ha convertido en una de las series de referencia de los últimos años. Lena Dunham ha puesto su firma a capítulos perfectos y a capítulos más irregulares, pero ha logrado trazar una trayectoria que podríamos calificar de intachable en su conjunto. Si estás pensando en elegir un show ligero que rellene algunos minutos vacíos de tu vida, ese no es Girls, porque la de Dunham es una de esas ficciones que difícilmente pueden quedarse en el simple entretenimiento, por mucho que sea una comedia. Desde su concepción misma, la inteligente autora decidió que a su serie o la amas o la odias. Puedes permitirte mantener con ella una compleja relación de amor – odio pero ¿indiferencia? no, qué va. Y es que la propia Dunham no nació para pasar desapercibida, ni siquiera para ser la persona a la que todos admiran. Lena Dunham llegó para provocar algo, lo que fuera, para bien y/o para mal. Y para contar cosas. Contarlas muy bien.

    Cuando Girls comenzó, su protagonista nos dejó muy claro que su propósito era el de convertirse en “la voz de una generación” o, al menos, “una voz de una generación”. Sabemos que no era Hannah la que hablaba sino la propia Lena, que convirtió esa primera declaración de intenciones es un hecho innegable, guste o no guste.

    Sus cuatro protagonistas dinamitan uno a uno los estereotipos tradicionales de los personajes femeninos de las series - con especial mención a Sex and the City – mostrándose tan imperfectas que, a veces (muchas), irritan. De los preciosos apartamentos y los carísimos outfits pasamos a habitar pequeños estudios desordenados y a lucir estilismos imposibles, abandonamos los restaurantes de éxito y nos adentramos en las hamburgueserías y los cafés, de Manhattan nos trasladamos a Brooklyn y de la visión idealizada del sexo como una coreografía perfecta pasamos a descubrirlo como un acto arrítmico, rudo y casi ridículo. No estamos ante las mujeres que otros han diseñado presuponiendo lo que queremos ser, estamos ante las mujeres que en realidad somos. Lena Dunham nos presta su voz, nos la presta a todas esas personas que nos creamos una imagen pretenciosa del mundo en la universidad que estaba destinada a venirse abajo por las malas y a todos los que crecimos con la promesa irreal de que podíamos conseguir todo lo que nos propusiéramos.

    Si nos molesta la patológica necesidad de Hannah/Lena de ser el centro del universo es porque, muy probablemente, nos vemos reflejados en ella. El carácter egocéntrico de toda esa generación - incluida la de la propia autora y la de los personajes que ha creado - queda perfectamente evidenciada con esa memorable frase que le espetan a Jessa al inicio de la cuarta temporada: “¿Eres así porque te han dicho tantas veces que eres especial que te lo creíste? Porque los de mi generación y generaciones anteriores, cuando nos decían que éramos especiales, teníamos suficiente cabeza para saber que nos estaban llamando estúpidos”.

    Girls no puede sólo entretener porque está hecha para pensar, para molestar y para mostrar una realidad ¿Incómoda y pretenciosa? Puede. Pero una realidad al fin y al cabo. Tal vez no es la tuya pero, créeme, eso no te impedirá disfrutar observándola.

     

     

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