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Eduardo Lagar

Soy periodista de LA NUEVA ESPAÑA. Si quieres ponerte en contacto conmigo: llagar@epi.es

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Historias encontradas entre la avalancha de la actualidad


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  • 26
    Junio
    2016

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    26-J: Mariano da el sorpasso a todos

     

    A las ocho y cuarto de la tarde, el PSOE era un zombi maloliente minutos después de cerrarse las urnas, por lo que decían los primeros sondeos. Había llegado el sorpasso. Adelantados por la pandilla bicicletera del “verano rojo” de Podemos, los socialistas eran una especie en peligro de extinción que iba a tener que rendir vasallaje al señor de la coleta. Esas encuestas nos decían que íbamos a vivir una de esas cosas que nunca creíamos que iba a pasar. Otro susto, como el de hace sólo unos días con el Brexit. Al PSOE se lo estaba llevando el viento de la historia…. ¿Quién decía que estas segundas elecciones iban a ser el día de la marmota?

    Ya estábamos entonando el Réquiem, preparándonos para la consumación de la actualización del Pablo Iglesias 1.0 por la nueva versión el programa cuando se abrieron las urnas, se descorchó la voz del pueblo y empezó el recuento. En la hora de la verdad y sólo con el 30% escrutado empezó a atisbarse que de sorpasso, nada. Los votantes de izquierda habían marcado, otra vez, una doble línea continua en la carretera política de Podemos. No se había producido el adelantamiento. Cuando íbamos por el 50% del escrutinio, salió a reconocerlo el niño Íñigo Errejón. “No son buenos resultados”, dijo. Sorpassito patrás. Más tarde, la cara de Pablo Iglesias era un poema. Con la corbata que le regaló Ana Rosa Quintana, pero un poema. Los socialistas habían perdido 5 escaños, pero ahí estaban como segunda fuerza. Los muertos que vos matáis gozan de buena salud.

    La alianza entre IU y Podemos no había dado los resultados esperados. El 20-D, por separado, las dos formaciones habían obtenido 71 escaños. Ayer, unidos, lograron 71 escaños. Uno más uno suman dos, no sumaron tres. Unidos no se puede. ¿Por qué no había funcionado la magia? Parecía que los votantes de IU no habían bendecido la fusión política. Por el lado de la izquierda, los números para un gobierno ya no salían…

    No se había consumado el deseo que Pablo Iglesias compartió esta campaña con Mariano Rajoy: pasar del bipartidismo al “bipolarismo”, que ganasen los extremos ideológicos. El destino no se lo había concedido a Pablo, pero sí al presidente del PP, que anoche ganó nada menos que 14 escaños con respecto a diciembre pasado. Con una participación similar al 20-D, parecía que el pueblo/la gente se había refugiado en posiciones más conservadoras. Se habían inclinado hacia un extremo, el de los populares. El PP pasaba de 123 a 137 diputados. ¿Quién se acordaba anoche de la insistente y maloliente melodía de la corrupción que tanto sonó desde la sede de Génova y sus aledaños levantinos? ¿Quién recordaba anoche los dolores de los recortes y sus fantasmas? Nada, nada, hilillos, hilillos, que diría Mariano. Además, la alegría era doble en la casa popular porque las Nuevas Nuevas Generaciones del PP, la marca emergente de la derecha, Ciudadanos, sufría un evidente castigo al pasar de 40 a 32 escaños. A Mariano, el gran resistente, sí que le empezaban a salir las cuentas si echaba el lazo a algunos partidos periféricos como el PNV y los canarios.

    Hale, ya estamos listos, ya está todo un poco más claro que el 20-D. Ya podemos seguir leyendo el "Marca" tan ricamente, Mariano. Esta vez el líder del PP va a tener que decirle que sí al Rey. Aunque, conociéndolo, seguro que acepta ir a la investidura muy a su manera: “Puesh no le diré que no, majestad”.

     

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