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Juan Pichel


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  • 06
    Junio
    2017

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    SOCIEDAD A Coruña

    EL PROFESOR PAYASO

    1) He manifestado en mi blog que varios políticos muy conocidos de esta ciudad realizaron actos hostiles en mi contra. Lo reafirmo.

    2) El político más conocido de esta ciudad NO REALIZÓ ningún acto hostil en mi contra.

    3) Los políticos que me dedicaron actos hostiles lo hicieron de manera indirecta, en la calle y en lugares públicos. ¿Por qué? Cito a la psiquiatra Marie-france Hirigoyen:

    "La gente no termina de comprender qué ocurre, pero se ve arrastrada a juzgar negativamente a la persona señalada".

    Yo no voy a decir el nombre de esos políticos que me dirigieron uno o dos actos hostiles, muy claros, de desprecio hacia mí y que no volvieron a reiterar. Ellos, si son tan valientes, pueden decir públicamente que me dedicaron hostilidad.

    4) En mi caso hay muchos testigos de la hostilidad que se me dedica, sobre todo, por la difusión que se hizo en la ciudad desde el principio. Todos esos comportamientos hostiles fueron dejando rastro.

    5) Voy a contar unos hechos sucedidos en la Facultad de Derecho de A Coruña.

    Yo estaba recibiendo todos los días continuos ataques por parte de profesores y becarios que estaban en los departamentos, tales como miradas de odio, suspiros exagerados de desprecio, hipervigilancia, creación de ambientes asfixiantes, etc. Un día, un profesor payaso representó un número de circo en el aula. El aula tiene el suelo plano, no tiene escalones. Un pasillo central separa los pupitres de los alumnos. El profesor payaso representó un número de gran tensión y, antes de empezar la clase, avanzó por el pasillo central con aire chulesco hasta el final del aula. Yo estaba sentado en la antepenúltima fila. Puedo recordar unas ocho o diez filas de pupitres a cada lado del pasillo central. A medida que el profesor payaso iba avanzando, los alumnos, en un silencio muy tenso, giraban la cabeza, es decir, el profesor payaso avanzaba y, cuando superaba la primera fila, los alumnos giraban la cabeza para seguir la escena mientras que los alumnos de las demás filas seguían mirando hacia adelante. Cuando, por ejemplo, estaba a la altura de la fila tercera, los alumnos de esa fila giraban la cabeza para seguir al profesor y las filas que no habían sido superadas por el profesor payaso seguían mirando hacia adelante. Al final, todas las filas de alumnos estaban mirando con tensión hacia mí para ver si el profesor payaso se dirigía a mí. Una vez que llegó al final del aula, el profesor payaso dio la vuelta y con paso chulesco se dirigió a su mesa y empezó la clase. Unos cincuenta alumnos o más estaban en el aula mirando de manera tensa hacia mí por si se producía algún incidente. Los alumnos no me dirigieron la hostilidad, sus rostros reflejaban la tensión por la hostilidad que los profesores dirigían contra mí en la Facultad. Algunos profesores continuaron durante meses dirigiendome hostilidad por las calles de la ciudad.

    6) Todo esto lo provocaron los celos de una mujer. Hay un placer por eliminar a alguien de la sociedad y surgen expresiones como "a este me lo cargué yo".

    7) Cito a la psiquiatra Marie-France Hirigoyen:

    "Hay observadores que pierden los puntos de referencia y deja de sorprenderles que se trate a un individuo de un modo denigrante".

     

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