Cartas de los lectores

Il Dottore pierde su doctorado

29.10.2015 | 00:48

He de reconocer que el motociclismo es un deporte atípico: o se detesta o te enamora, no hay término medio. Si solo ves a unos tipos encima de la moto dando vueltas a un circuito con el dudoso mérito de conseguir llegar a la meta unas décimas de segundo antes que cualquier otro piloto, desde luego no te creará afición. Pero si logras ir más allá, reconociendo la simbiosis entre el esfuerzo colectivo del equipo por alcanzar la mejor puesta a punto sumado a la concentración y la destreza del piloto cuando se juega la vida a más de trescientos kilómetros por hora, quizás no te parezca para nada aburrido.

Como en todos los deportes cada aficionado elige a su favorito, aquel que esperas que se alce con cada gran premio y por concatenación con la suma de puntos que otorga el campeonato. Poco a poco se van conociendo al resto de pilotos; su forma de manejar la moto, sus peculiaridades y sus manías, la nobleza de la pura rivalidad. Pero creo que los que amamos el motociclismo y lo seguimos temporada tras temporada guardamos cierta simpatía común por uno de ellos: Valentino Rossi.

De acuerdo, es extravagante. ¿Pero acaso no lo son todos los artistas, los genios?

Se ha llevado todos los elogios posibles a lo largo de los últimos quince años, consiguiendo la friolera de nueve campeonatos del mundo. En cierta manera, junto al irrepetible Giacomo Agostini, ha creado escuela.

Pero todo no vale, Valentino. El juego sucio deshonra al mito más grande. El triunfador más afamado con un grupo de fans que forman legión se debe a la obligación de ser muestra de ejemplo en cada ámbito de la vida, y más aún en la faceta que lo ha subido hasta el olimpo. Una patada a un rival desplazándolo fuera de la pista no son maneras de campeón, menos aun tratando de negar la mayor a toda costa, al no reconocerlo y pedir las debidas disculpas.

Este año, quizás el último de su carrera deportiva y cerca de lograr su décimo campeonato del mundo, para muchos seguidores lo único que haya conseguido Il Dottore es perder su doctorado en motociclismo. Una verdadera lástima.

Óscar Camiño Santos

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