Cartas de los lectores

Corrupción a la española o La Marca España

17.08.2016 | 00:49

Gürtel, Palma Arena, Nóos, Ere Fraudulentos, Pujol, Palau de la Música, Adif, Pokemon, Púnica y tantos otros, la lista sería interminable, son la Marca España, y por ello la señal de identidad de una infeliz Iberia hundida en la corrupción más profunda y despreciable. Lo peor aún no es eso sino el que sabiendo de todos estos saqueos todavía un sector muy mayoritario siga votando como en un extendido síndrome de Estocolmo a ese tipo de personas y partidos. Por otro lado la crítica mediática suele ser, en el más racional de los casos, dulce y ambigua.

Somos, con tales comportamientos parte de la vergüenza de una democracia coja, sucia, y en diferido. ¡¿Qué clase de ciudadanía tenemos?! La justicia tampoco se distingue ni por su limpieza ni por sentencias y aplicación rápida de las mismas. Estratégicamente se queja de la falta de medios, pero no les vemos protestando y reivindicando con seriedad una pronta solución. No es más que un camuflaje para ocultar sus propias desvergüenzas y amaños arguciales. Y esos delincuentes de poltrona y sus cómplices, de una manera o de otra dándose la vida padre. Todo se reduce a un bule bule enmierdante que aún confunde más si cabe, a esa sociedad española acostumbrada a callar y sufrir al tiempo que perdona y admite tales cosas, en un error profundo, como normales y propias del ser humano. No existe la condena que sería propia de una ciudadanía sana y bien formada. Y aquel sector ciudadano que dándose cuenta de todo, y pretendiendo reformar las cosas, le dejan solo dentro de su injusta inferioridad numérica que le produce un sentimiento de frustración y tristeza bien profundo. Quedando así impotente para conseguir la regeneración deseada y necesaria para que un estado brille por honestidad y bien hacer de sus políticos. En este país de interiorizadas y contaminadoras fábulas católicas aún no hemos despertado al completo como para darnos cuenta de lo secular de esta situación de corderos que caminan felices y engañados al aprisco, y más tarde, cuando se decide que ya no sirven, entonces al matadero, dejando huérfanas a las libertades y a la democracia. ¡Qué país! Equipos y cofradías de sinvergüenzas mandatarios nos pasan su mierda por delante de nuestros ojos y decimos: "¡Qué hermoso paisaje!"

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