ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
La ley prevé la posibilidad de una moción de censura, quienes hicieron la ley nunca pensaron que eso se pudiera utilizar. Y hete aquí que se utilizó, que se presentó una moción de censura y que surgió un gobierno alternativo. Nadie creía en ello pero salió. ¿Por qué? Porque era necesario. Y resulta que salió elegido un nuevo presidente de la Xunta de Galicia que era el presidente más joven que tuvo una autonomía en España. Tenía 35 años y sustituía a (Albor), una persona de edad avanzada. Y a partir de ahí empezamos a gobernar con un gobierno de tres partidos, y yo tuve que contentar a los tres.
El pacto se hizo bajo las tiernas parras de Pontevedra. Yo acabé la negociación en el aparcamiento de una discoteca pontevedresa con Xosé Luis Barreiro (entonces en Coalición Galega) y me acompañaba Ceferino (Díaz, del PSOE).
El Gobierno se puso a funcionar y como éramos jóvenes y yo procedía de la Universidad no se me ocurrió mejor cosa que hablar de tecnología, de Europa, de ordenación del territorio, y decir que Galicia es policéntrica, con lo cual algunos comentaristas y caricaturistas decían "este Laxe habla en chino". Policéntrica significa que Galicia es una región de grandes ciudades y que ninguna es hegemónica. Hablar de tecnología en 1987 era como hablar de derecho espacial. Y hablar de Europa quedaba lejano, cuando aún no teníamos autopistas. Había que enfrentarse no sólo al poder central sino convencer a Europa de que éramos periféricos y convencer al pueblo gallego de que teníamos resortes suficientes para poder avanzar.
Y lo conseguimos. Porque por vez primera la economía gallega creció más que la Española y aquellos sectores pujantes de Galicia fueron capaces de mostrarse competitivos en el exterior, como por ejemplo el textil, la madera, la joya, las conservas, el sector pesquero.
Nosotros pensábamos que Galicia podía ser como Irlanda y ser la segunda división de Silicon Valley, por eso apostábamos por la tecnología. Para eso segregamos la Universidad de Santiago y creamos universidades en A Coruña y en Vigo. No fue una decisión política, los países avanzan cuanto más cualificados son.
Lo más complicado de gobernar con tres partidos era evitar someter a votación los asuntos en el Consello de la Xunta. Y nunca fue necesario, se decidía de común acuerdo. Aunque había mecanismos para solventar las diferencias nunca los aplicamos.
Los tres secretarios generales de los partidos se vigilaban entre sí. Yo procuré llevarme bien con todos, asistiendo a las obras y rehabilitaciones de todos y defendiendo, cuando había problemas, a cada conselleiro.
Antolín (Sánchez Presedo, secretario general del PSdeG-PSOE y conselleiro de Ordenación do Territorio) no me ponía la proa, lo que quería era que fuésemos muy deprisa y las cosas a veces tienen que ir sedimentando poco a poco.
Se hablaba de un gobierno bicéfalo porque Antolín era secretario general del partido y yo era presidente de la Xunta. Ese reparto ya lo había en otros países, pero aquí lo normal era que ambos cargos coincidiesen en una misma persona. Él era muy bueno organizando las labores del partido y a mí me gustaba más dirigir las política gubernamentales.
Barreiro (Xosé Luis Barreiro, vicepresidente la Xunta) fue un socio de gobierno leal. Después, el pueblo gallego no le dio los votos suficientes y su carrera política se acabó. Mariñas (Pablo González Mariñas, del Partido Nacionalista Galego), desempeñó la labor de portavoz y sigue hoy en política (en el BNG).
Yo llegué a tener 28 diputados (en las elecciones de diciembre de 1989) y no volvimos a gobernar por mil votos. No esperaba la derrota, siempre te presentas para ganar. Además, se dio una circunstancia anómala con los votos de la emigración en la provincia de Ourense y que explica por qué el gobierno bipartito no siguió gobernando. Esos votos nunca llegaron.
¿Sabotaje? Yo ya estoy de vuelta. Más o menos como Al Gore. Al Gore no salió por un puñado de votos en Florida y salió Bush y el tripartito no revalidó por esa anomalía producida en Ourense. No lo llegamos a denunciar porque, ¿a quién denuncias?, ¿a la providencia?, ¿al sistema de transporte?
Con Felipe (González) peleamos mucho, tanto en el tema de la lengua como en el de las autopistas y de la situación de Galicia en el contexto español. Fui convocado al Palacio de la Moncloa como presidente de la Xunta antes de ser recibido para la foto de prensa. No le di ninguna importancia, algunos medios de comunicación, sí, y ahí quedó la anécdota.
La pelea clara entonces era si España tenía que mirar hacia el Mediterráneo o ser una España plural en la que estuviesen atendidas todas las comunidades autónomas. Yo en ese momento enarbolé la bandera en defensa de lo segundo y me quedé aislado en esa reivindicación. No obstante, dimos pasos con Europa y se llegó a hacer un plan de desarrollo regional que fue la garantía y en anticipo de que llegase la financiación para las autovías de unión con la Meseta, financiadas por la Unión Europea.
Dejé varios legados. El de las autovías es uno. La universidad es otro. La regulación de los montes en mano común es otro, como también puede serlo los palacios de congresos de A Coruña y de Santiago y el parque tecnológico de Ourense. También, la ley de la función pública, la Escola Galega de Administración Pública? Dos años dieron para muchas cosas. Si hubiésemos estado seis, Galicia sería hoy California.