ANA SAÁ | A CORUÑA
-¿De dónde le viene la pasión por los toros?
-De la nada. Empecé a interesarme por los toros después de ir a los encierros con los amigos y correrlos. Comenzó siendo una diversión pero poco a poco despertó curiosidad en mí. Hay un trabajo previo técnico y mental muy duro y muchas horas metido en una finca.
-¿Cuál fue la reacción de sus padres cuando les dijo: 'Quiero ser torero'?
-Pensaron que era una broma. Era un poco inconsciente de lo que estaba haciendo. Me dijeron que primero terminara mis estudios y después me apoyaron en esa decisión, hasta el día de hoy. Mi padre va a verme torear porque le gusta, pero mi madre no, por miedo. Supongo que observar a un hijo jugarse la vida es muy duro.
-¿Cómo describiría su pasión por los toros?
-Es una sensación muy difícil de explicar. Es la manera de transmitir un sentimiento con un tono único. El pintor utiliza su pincel para plasmar sus sentimientos en un cuadro y yo hago lo mismo pero en la plaza de toros. Cada día hay una sensación diferente porque el estado anímico y la forma de torear es distinta.
-¿Influye el estado anímico en el torero o es capaz de abstraerse de la vida y sólo pensar en el animal?
-El estado anímico influye, desde luego, pero los toreros intentamos tener los mínimos problemas posibles. Nosotros pensamos en el toro las 24 horas del día e intentamos llevar una vida normal. Pero lo que sucede a nuestro alrededor siempre está presente.
-Cuando uno ve lo que le ocurre a sus compañeros de profesión, ¿no tiene miedo de jugarse la vida delante de un toro?
-Sabes que puede llegar ese momento pero tienes que asimilarlo como haces con otras circunstancias. Cuando toreas te expones a una cornada y corres unos riesgos, pero hay que llevarlo con mucha entereza y fuerza. Más que sangre fría hay que tener el corazón y la mente muy bien puestos porque en milésimas de segundo una reacción y un movimiento puede ser vital.
-¿Hay mucha diferencia entre torear en España y en América?
-Dependiendo del sitio el público responde de una determinada manera. En Madrid se valora la pureza; en Sevilla, el arte; en Bilbao, la clase y la categoría. De todas estas diferentes visiones para mí la pureza es la más relevante.
-¿Todavía no ha probado suerte en Galicia?
-Este año estuvo a punto de cerrarse una contratación en A Coruña, pero al final, y con todos mis pesares, no se pudo llevar a cabo. Espero que llegue pronto el día.
-Es el único torero con raíces gallegas. ¿Influye en esto la cultura o se lleva en la sangre?
-Lo mío es muy curioso. Nací en el País Vasco, mis raíces son cien por cien gallegas y ser torero es muy difícil. Para poder dedicarme a esto tuve que irme a Madrid y Guadalajara y los inicios fueron muy complicados. Todo depende del valor natural de la persona y la técnica adquirida. No me arrepiento de haber escogido el camino de los toros y cada día estoy más orgulloso. No concibo otro trabajo. Entre mis aspiraciones está posicionarme bien alto, estar en los puestos de arriba y seguir toreando.
-¿Visita con frecuencia Galicia?
-Hace mucho que no voy a pasar en verano, pero aprovecho en otras épocas del año, si puedo. Sobre todo me gusta la comida, aunque tengo que controlar el físico, pero también el paisaje, la música y descansar con la familia.