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Obama trata de abrir paso a un sistema público de salud que algún día llegue a ser universal, igualitario, más barato y más eficaz y eficiente que el actual sistema americano, que es privado, el más caro del mundo, está en manos de las grandes aseguradoras y da sólo aquellas prestaciones, pruebas o terapias que cada uno pague, independientemente de lo que el paciente pueda necesitar; los demás a la beneficencia para pobres y marginados, con prestaciones de ínfima calidad.
Obama aspira a una sanidad como la que hay en Europa y en España, que es pública, igualitaria, te atienden en función de la enfermedad que tienes y no según lo que pagas y, con todos los problemas que haya sin resolver aún, es una sanidad eficiente, eficaz y con prestaciones de alto nivel para todos.
Obama sabe que una sanidad pública es el paso decisivo e imprescindible para el Estado social y de bienestar. Pero la señora Farjas dice que ese debate es "casposo" porque, sencillamente, no quiere que haya debate.
La pretensión de la derecha española va en sentido contrario a la de Obama y pretende abrir paso a la privatización de la sanidad pública española, pero gradual, discreta y solapadamente para evitar el inmenso cabreo del personal afectado si ve amenazadas sus prestaciones sanitarias. Por eso no quieren debate y prefieren avanzar por la vía de los hechos consumados, como hace Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, donde no hay debate "casposo" pero sí deterioro inducido de la sanidad pública, así como incremento de la gestión privada del sistema.
El presidente Obama hace caso al premio Nobel, Paul Krugman, que alertaba de que cualquier incremento en el gasto sanitario americano supondrá siempre un incremento en los ingresos de las aseguradoras, cuyo negocio está precisamente en prestar el menor servicio por el máximo precio posible. Cuestión esta que no resolvió ni resolverá la competencia y que es radicalmente contradictoria con el interés general y objetivo de la población, que busca lógicamente el mejor servicio y el más barato.
La derecha española quiere, justamente, abrir ese gran negocio sanitario, ofreciendo al sector privado un trozo, cada vez más grande, de la sabrosa tarta sanitaria, que aquí es pública.
Como se ve, lo "casposo" no es el debate sino la posición de la señora Farjas, que es la del señor Feijóo y la de la cúpula de la derecha española. Y hablo, querida, de la derecha española y de su cúpula, porque la derecha europea está de vuelta y, afortunadamente, es otra cosa, como demuestran los conservadores ingleses en su reciente manifiesto, donde afirman, sin ambages, que "el sistema público de salud es un bien nacional a proteger"; y porque las bases y electores de la derecha española serían también gravemente perjudicados en sus intereses objetivos y en sus derechos si las ideas de la cúpula, en materia sanitaria y en tantas otras cosas, llegaran a imponerse. Y es que aquí padecemos una derecha, extremosa y presa del caduco y trasnochado neoliberalismo, aunque dirigentes como Feijóo traten de vestirla de seda. Fíjate si no en las medidas que en Galicia está tomando el Gobierno, deudoras de axiomas neoliberales que en Europa ha abandonado todo el mundo, salvo quizá Aznar, Berlusconi o Rajoy y, por ende, Feijóo y nuestra inefable señora Farjas. Hasta Sarkozy se ha descolgado.
Lo verdaderamente "casposo", querida, es quedarse anclado en los tiempos de Thatcher y Reagan de tan funestas consecuencias.
Caspa, caspa, la de la señora Farjas.
Un beso.
Andrés.
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