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Sin embargo ya dudo un poco más de tu afirmación, un tanto rebotada, de que eso era "lo que se podía esperar inexorablemente de un Gobierno conservador". Pero no te voy a matizar esta cuestión, porque de lo que se trata es de lo que está pasando y, en eso, no te equivocas.
Quiero que recuerdes, antes de nada, que los expertos y analistas de la política gallega, en su día, coincidieron con inusitada unanimidad en que Núñez Feijóo no hizo el Gobierno que quiso, sino el que pudo. El resultado fue la conformación de un Ejecutivo de medianías, al que se trató de vestir de tecnócrata para tapar sus carencias en capacidad política. "No es un Gobierno de políticos, sino de técnicos", se nos vino a decir, como si ello fuese una virtud o una cualidad, o como si lo deseable no fuese, precisamente en un trabajo como este, el reunir al tiempo la solvencia técnica y la capacidad política. Imprescindible esta última para el complejo oficio de gobernar. Es por esto que tenemos un Gobierno de subdirectores generales o jefes de servicio que hace recaer toda la dirección política únicamente en el presidente, ayudado, todo lo más, por el conselleiro de Presidencia, que es quizá la única persona del Gabinete con perfil político notable.
Un Gobierno así es más transitorio y perecedero que uno normal. Caduca antes y, además, está sometiendo al Presidente a un desgaste prematuro que, a los pocos meses, empieza ya a ser tangible.
Yo no sé si, con un Gobierno como este, se estará frotando las manos la oposición que, por otra parte, aparece demasiado dividida y bastante desconcertada. Lo peor es que paga los platos rotos la ciudadanía, sobre todo si los peores errores y las medidas más perjudiciales o conflictivas se toman en Educación y en Sanidad, zonas sensibles donde las haya. Detrás destacan Trabajo y Economía e Industria, por su escasa operatividad o su parálisis, que tienen "bien contentos" a trabajadores y empresarios.
En Sanidad y Educación se está jugando con las cosas de comer. Piensa, querida, que es prácticamente toda la población la que se ve afectada en cuestiones vitales y, no en vano, estas dos carteras suponen prácticamente el 60% del presupuesto de la Xunta. No es de extrañar, pues, que la conselleira, Pilar Farjas, y el conselleiro, Xesús Vázquez, sean en estos momentos los más cuestionados y, con toda probabilidad, la petición de su relevo será muy pronto un clamor, incluso dentro del Partido Popular. Pero es que además, la gestión de estas dos Consellerías afecta muy especialmente a la imagen y consideración públicas del presidente, no sólo por el contenido de estos departamentos, obviamente, sino también porque Núñez Feijóo se zambulló a gusto en estas aguas haciendo gala de su trayectoria en la gestión de la sanidad pública o levantando bandera en el conflicto lingüístico.
Trabajo y Economía e Industria, que siguen a las dos Consellerías negras, son los departamentos de la bisoñez y de la inoperatividad, respectivamente. A la conselleira de Trabajo se la ve bisoña en los conflictos sociales e incapaz de promover e impulsar con diligencia el diálogo social. Y el conselleiro de Economía e Industria, demasiado marcado por su evidente vocación empresarial, se mueve muy mal en lo público y la lentitud de su administración ronda la parálisis, con lo que tiene desesperados a muchos emprendedores, para los que el tiempo es oro.
En estos cuatro huevos, querida, se está incubando ya la primera crisis del Gobierno Feijóo. Dos van muy adelantados.
Un beso.
Andrés.
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