|
|
|
HEMEROTECA » |
|
ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA Tiene dos grupos estables -Akafree y Sin Red,- y colabora en otros muchos proyectos, entre ellos la orquesta de improvisación gallega Omega, que dirige: "No la dirijo, la conduzco, doy señales, que es otra cosa". Ahora trabaja con Arela das Artes, una compañía de teatro con la que el viernes estrena en A Cañiza el espectáculo 69.
-¿Regresa de Londres?
-Ya volví, estoy en Madrid pero no sé dónde estoy. Estoy de aquí para allá; soy nómada de profesión.
-Nómada, ¿por qué?
-Los músicos -los artistas- se tienen que mover siempre. La música es una búsqueda constante.
-¿Dónde pone los límites entre composición e improvisación?
-Improvisar es una manera de componer. Hay gente que necesita escribir lo que compone y otros que componemos a través del instrumento, lo cual no quiere decir que te pones y te sale chupi. Para improvisar se necesitan años de aprendizaje.
-Usted tiene una sólida formación de conservatorio.
-A parte de ser licenciada en Medicina estudié en el conservatorio de A Coruña desde adolescente. Cuando fui a Santiago lo aparqué para acabar Medicina -allí no había conservatorio- y seguí en Madrid. Me compré un clarinete y empecé a hacer música para teatro.
-Luego eligió el saxo soprano.
-Es lo más parecido al clarinete, pero como se oía muy poco entre las guitarras eléctricas opté por el saxo soprano, más difícil de tocar que el saxo tenor porque es mucho más agudo. Y más pequeño.
-¿Por qué dejó la medicina?
-La medicina me dejó a mí. Terminé en un año en el que nos licenciamos muchos y no había trabajo, así que tuve que dedicarme a otras cosas. Me interesaba la psicología. Y me sigue interesando, leo mucho y, en cierto modo, la he unido a la improvisación trabajando con discapacitados severos en Getafe (Madrid).
-¿Y cómo reaccionan?
-Se mueven, gritan, se agitan, se humanizan... Son personas que están allí como vegetales. Es un trabajo precioso y muy emotivo, nos encanta hacerlo, y llevamos ya unos diez años.
-¿En su elección tuvo que ver Xoán Piñón, su novio de la etapa de estudiante compostelana?
-Siempre me gustó la música e hice música desde siempre pero, en realidad, no tuvo nada que ver, aunque ensayamos mucho juntos.
-¿Cómo descubrió la música?
-De siempre. Tocaba la guitarra, y tenía una prima profesora del conservatorio y mi madre me apuntó.
-¿Escuchaba hasta marchas militares?
-Claro, porque mi padre era militar; oía música de películas, oía de todo... de pequeña me gustaba absolutamente todo. Ahora, no, hay cosas que no me gustan.
-¿Qué le gusta?
-La música en directo, cualquiera que esté bien interpretada y sea sentida. Enlatada, oigo free jazz y música contemporánea de autores vivos. No oigo música clásica, pasó ya su tiempo. Hice estudios sobre repertorio para mi libro y en el 90% de los conciertos se toca la Quinta sinfonía de Beethoven, ¿no estamos ya hasta los huevos? Hay músicos contemporáneos estupendos que interpretan el mundo de hoy.
-Su música se programa poco.
-Tampoco la composición escrita contemporánea, ni en España ni fuera. Y para que incluyan free jazz e improvisación no sé cuánto habrá que esperar. Yo creo que esta música tiene público, tirón, interés y energía; es la música más relacionada con el mundo contemporáneo, con nuestros días. Pero los programadores no tienen ni idea y prefieren no arriesgarse.
-¿Vive de esto?
-Vivo de la música: conciertos, dirijo talleres y compongo para teatro y danza. Y vivo con muy poquito dinero: no tengo coche ni más propiedades que el saxofón. Vivo a dos meses vista: una agonía.
-¿Por qué dejó Londres?
-Me fui de Madrid porque quería formarme más en la improvisación. En España no hay muchas posibilidades y en Londres están los mejores improvisadores. Conseguí una beca para hacer un máster y se convirtió en una tesis doctoral. Como la había acabado y había tocado con todos los músicos de allí, decidí regresar a Madrid, aunque de lo que tengo ganas es de volver a Galicia.
-Y de la tesis hizo un libro.
-Sí, es el primer libro en español sobre improvisación libre, no había nada hasta ahora. Había en inglés, francés o alemán; en esos países la improvisación lleva más de 40 años.
-¿Les toman en serio?
-La gente que viene a los conciertos, sí, es un público especial y curioso que no espera oír una melodía que le suene, pero los estamentos culturales nos ignoran, desconfían de algo que no está escrito.
-¿La improvisación se ensaya?
-Ensayamos muchísimo. Más que ensayar, trabajamos determinadas cosas que hacen que luego funcione un concierto.
-¿Nunca escribe música?
-Sí, sobre todo para teatro. A veces mezclamos con improvisación.
-¿Ser mujer en esto es peor?
-En esto, en aquello y en lo de más allá porque el mundo está pensado y hecho por los hombres. Trabajo casi siempre con ellos -es lo que hay- y siempre que trabajé con chicas comprobé que son más creativas, más resolutivas y mucho más respetuosas con el otro.
-¿Los conservatorios?
-Fatal, se centran en la técnica, un error garrafal. La técnica es importante si ayuda a expresarte. No se trata de tocar como una máquina y olvidarte de los sentimientos. Prefiero una técnica sucia si expresa algo a un virtuoso que no comunica. Y que quede claro: cuanto más técnica tienes, más posibilidades expresivas tienes.
-¿Abandonó la percusión?
-No, me encanta combinar la percusión con el saxo, aunque la toco de una manera muy personal, con un artilugio que yo misma creé. Es como una escultura sonora. Mis amigos le llaman el chefón.
|
|
| CONÓZCANOS: CONTACTO | LA OPINIÓN A CORUÑA | LOCALIZACIÓN | ACERCA DE ED. GALEGO | PUBLICIDAD: TARIFAS | CONTRATAR |
|
Adaptado a la Ley de Protección de Datos por |
|
|||||||
|
|||||||||