MATÍAS VALLÉS | PALMA DE MALLORCA
-Para que se haga cargo del tipo de entrevista: ¿es usted un hombre prodigio?
-He elaborado una teoría de la normalidad y me considero un correcto representante de esa cualidad que predico, la cual puede llegar a ser provocadora. Todos hemos hecho cosas, y yo las he abordado una tras otra. Me organizo y me concentro muy fácilmente.
-En sólo tres horas hemos concertado y realizado la entrevista. ¿Siempre es tan expeditivo?
-Sí, en primer lugar por temperamento. Tales de Mileto cuenta la historia del sabio que por mirar a las estrellas se cayó en un pozo. Yo miro a las estrellas con un ojo, y con el otro vigilo el suelo.
-En Ejemplaridad pública critica la vulgaridad, pero Shakespeare fue vulgar.
-Como categoría cultural, la vulgaridad es un fenómeno contemporáneo, la emanación del matrimonio entre igualdad y liberación.
-La vulgaridad tiene un matiz peyorativo.
-Un respeto para la vulgaridad, que no es el punto de llegada sino de partida para reformarla. No tenemos la obligación de ser vulgares.
-Habla usted desde la alta cultura.
-La distinción entre alta y baja cultura conlleva una concepción aristocrática, por lo que esa diferencia ha de suprimirse.
-¿El letrado del Consejo de Estado tiene opinión sobre la nueva ley del aborto?
-Contestaré de modo ladino que pedí la excedencia del Consejo hace dos años, pero les he visto trabajar durante quince años y tienen la presunción del buen trabajo en su dictamen sobre el aborto.
-No tenemos mitos, pero tenemos reyes.
-En el último capítulo de Ejemplaridad pública reflexiono sobre la mitología política aplicada a la monarquía. Hemos heredado el Estado de Derecho francés neoclásico. Era racional, lógico y mecánico, pero excluía el elemento afectivo, por lo que quedaba mutilado. Necesitaba recuperar simbologías que reforzaran el aspecto sentimental, y la Corona complementa ese modelo.
-March es un linaje difícil de pronunciar.
-Se puede pronunciar de varias formas. Nosotros lo hacemos con la che, pero siempre de manera muy grata. No supone una carga, sino el sostén desde el que pueden acometerse muchas cosas.
-¿Dickens era el Dan Brown del siglo XIX?
-No, porque entre ambos surge el fenómeno de la economía de la cultura. Dickens fue tremendamente popular y su obra se divulgaba a través de folletines, pero era un auténtico creador. Dan Brown es el fruto de técnicas de producción industrial.
-¿Cuántos casos de corrupción serán necesarios para concluir que los políticos son corruptos?
-La corrupción no es monopolio de los políticos. La reforma de la vulgaridad en dirección a la ejemplaridad es un deber de todos los ciudadanos, pero los gobernantes tienen una mayor exigencia de ejemplaridad.
-Han desarrollado una amplia gama de formas de corrupción.
-Me parece cansino el modo en que la gente se corrompe. Todo el mundo es vulgar de la misma manera, la ejemplaridad es única.
-Sostiene usted que cambiamos al ponernos una corbata, que el hábito hace al monje.
-La corbata demuestra hasta qué punto las costumbres son liberadoras. Si no las tuviéramos, quedaríamos mineralizados al levantarnos, ante la necesidad de decidir a diario todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Como nuestra existencia es finita, hemos de concentrarnos en lo realmente importante. La camisa y la corbata nos ahorran cantidad de energía, que podemos dedicar al trabajo.
-No hay fotos suyas sin corbata.
-No recuerdo ninguna. Es una costumbre que me oprime, pero pedí consejo a una televisión donde iban a entrevistarme, y me recomendaron que la llevara.
-¿Qué pintores hay en su despacho?
-Palazuelo, Guerrero, Zóbel, Feito y Chillida. Son fondos de la Fundación.
-¿Hay que llamar a los profesores de usted?
-El problema de la educación no es educativo, sino de mentalidad. No se resolverá con ordenadores y bibliotecas, ni con autoridad, mientras a los niños se les inculque a partir de los ocho años que 'yo con mi vida hago lo que quiero' o 'sé tú mismo'.
-¿Una fundación es una universidad sin títulos?
-Una fundación es una universidad para el cien por cien de la población.