Luz al final del túnel

 
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Marisol Soengas, sentada a la izquierda, con su equipo en su laboratorio del CNIO.
Marisol Soengas, sentada a la izquierda, con su equipo en su laboratorio del CNIO.  

Dirige el equipo investigador que ha conseguido en pioneros experimentos con ratones que el cáncer de piel se autodestruya

. ste es un cuento de hadas científico. El esplendor del sueño americano reflejado en el modesto reverso del espejo de la ciencia española. La experta coruñesa en patología molecular Marisol Soengas, formada en sus inicios con Margarita Salas, uno de los grandes nombres de referencia del empuje científico en España, consiguió formar parte en la última década de pioneros equipos de investigación del cáncer en distintos laboratorios de Estados Unidos y el conocimiento adquirido se traduce ahora en hallazgos españoles de alcance mundial. "Estuve cuatro años en el Cold Spring Harbor Laboratory Cancer de Nueva York. Allí empezamos a interesarnos por cánceres muy agresivos, como es el caso del melanoma, un cáncer de piel quimiorresistente, en parte por sugerencia del patólogo español Carlos Cordón. Era un campo virgen, pero yo quería trabajar en contacto con pacientes. Estaba buscando centros, cuando recibí una llamada de Michigan, de un centro de referencia que trata a 1.500 pacientes al año. Cuando llegué a la clínica, me quedé impresionada. Buscaban a alguien que les organizase la investigación sobre el melanoma. Fue una gran oportunidad. Estuve seis años y allí formé mi grupo", recuerda la investigadora coruñesa, que hace poco más de un año, decidió volver a España y traerse con ella a buena parte de su equipo científico en Michigan. "Volví por razones científicas. Buscaba un centro en el que pudiera combinar investigación en humanos con modelos de ratones. Y aquí podía hacer las dos cosas". Fue llegar y besar el santo. El trabajo que dirigió sobre el cáncer de piel en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha merecido la portada de la prestigiosa revista científica Cancer Cell. El equipo de Marisol Soengas ha descubierto un nuevo mecanismo para tratar el melanoma, al conseguir que el cáncer de piel se autodestruya al simultanear el suicidio y el canibalismo de las propias células infectadas, una suerte de limpieza que la propia célula activa para eliminar órganos que no funcionan. A la nueva estrategia para combatir uno de los cánceres más mortíferos se le añade el hallazgo de un agente químico capaz de desencadenar la autodegradación masiva de las células del melanoma. "Este proyecto era muy ambicioso y arriesgado, porque la autofagia no se había descrito antes en el cáncer de piel", aclara Marisol Soengas. El proceso, que ya ha sido probado con éxito en cultivos de laboratorio y en ratones, abre la puerta a nuevos y esperanzadores tratamientos del cáncer de piel, uno de los tumores más agresivos y resistentes a las actuales terapias con quimio y radio. "Estamos muy contentos, porque la mayor parte de este trabajo lo hemos hecho aquí, en España. En otros cánceres hay más tratamientos, pero para el melanoma existe sólo un compuesto en el mercado, llamada Dacarbazina, al que hay enfermos que no responden. Los demás son experimentales".

Esa es la razón por la que el CNIO recibió un alud de llamadas en este último mes de personas afectadas por cáncer de piel. Todos hacen la misma pregunta difícil de responder: ¿cuándo? "Es la pregunta que nos hacen los pacientes todos los días. Nosotros no podemos dar una fecha concreta. Una vez que se tienen resultados prometedores en modelos de ratón, hay que hacer ensayos preclínicos con dos modelos adicionales: un roedor y un mamífero superior, que puede ser un mono, un cerdo o incluso un perro, que requieren la aprobación de protocolos y la evaluación de comités internacionales. Todo esto es muy costoso y generalmente lo suelen hacer compañías farmacéuticas, pero en este caso queremos llevarlo nosotros. Estamos gestionando una compañía independiente para conseguir la financiación y la patente será compartida con el CNIO. Es un trabajo muy importante en el que estamos muy esperanzados, pero aún queda mucho por hacer. Por un lado queremos perfeccionar el método a nivel experimental y, por otro, en un futuro próximo esperamos pasar a la fase de ensayos en humanos, para lo que estamos buscando financiación, porque es algo muy costoso. Lo que yo le digo a los pacientes que nos llaman cada día es que estamos en ello, estamos haciendo lo posible dentro de nuestra capacidad", explica la investigadora coruñesa.

Este hallazgo puede abrir además la puerta a nuevos tratamientos en otros cánceres. "Hemos probado en células derivadas de tumores de próstata, mama o pulmón y nos ha ido bien. Pero aquí hay que ser más precavidos, porque los ensayos están en una fase mucho más preliminar, todavía no hay garantías de que puedan funcionar en tumores reales y modelos de ratón".

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