Por eso estoy de cuerdo en que deberemos ir a ver Ágora, la película de Amenábar que, parece, es magnífica pero que, en todo caso, va a tener la virtud de popularizar, por fin, una figura significativa de nuestra historia, ampliamente ignorada y ocultada por los administradores de nuestra instrucción y de la cultura oficial.
El caso es que, cuando hube de ir a Alejandría arropado por tu envidia, me vino a la cabeza la referencia de esta mujer y, por saber un poco a dónde iba, leí algo sobre Cavafis, Durrel y su Cuarteto de Alejandría y también sobre la figura de Hipatia. Fue ahí cuando me di cuenta de su importancia y significación históricas.
Esta mujer fue una excepción. Educada por su padre, el matemático y astrónomo Teón de Alejandría, fue una referencia intelectual en su tiempo, a caballo de los siglos IV y V de nuestra era. Líder de la escuela neoplatónica, se dedicó a la enseñanza y a la investigación en Alejandría y tuvo una gran influencia en la vida cultural y política, en un momento crucial para el Imperio Romano. El emperador Teodosio I, con su Edicto de Tesalónica, convierte al cristianismo de Nicea, que es el catolicismo de hoy, en la religión del Estado y arrecia entonces la persecución y la violencia de los cristianos contra los llamados paganos: los que seguían fieles a las antiguas creencias politeístas. Hipatia no se pasa al cristianismo, aunque mantiene buenas relaciones con unos y con otros y acoge en sus clases tanto a cristianos como a paganos, que se nutren de sus enseñanzas. Hipatia rechaza, eso sí, el misticismo y abraza el estudio de las ciencias y de la lógica y, por otra parte, lleva una vida austera (se dice incluso que fue virgen) dedicada al estudio y a la enseñanza. En la cuaresma del año 415 un grupo de cristianos, al parecer inducidos por el Patriarca Cirilo de Alejandría, desnudan, apedrean y descuartizan a Hipatia, que es arrastrada por toda la ciudad y finalmente quemada. Su muerte causó un gran impacto en su tiempo y su figura se alzó, entre los más ilustrados, cómo un símbolo del ocaso del pensamiento clásico, aplastado por la hegemonía creciente del cristianismo.
La historia, querida, la cuentan siempre los vencedores en su beneficio. Todos conocemos, con lujo de detalles y abundancia de mitos, las persecuciones que los cristianos sufrieron por parte del Imperio y se sigue venerando hoy con fervor a aquellos mártires. Sin embargo, nada o muy poco sabemos, ni nunca se nos ha contado bien, cómo han desaparecido nuestras antiguas religiones politeístas: poderosas, bien organizadas y fuertemente instaladas en las entrañas del imperio, e ignoramos los detalles de las persecuciones que los llamados paganos tuvieron que sufrir a manos de los cristianos, para que estos pudieran sustituirlos en el poder del Estado. Por eso, querida, no sabemos nada de Hipatia. Si hubiese caído del otro lado, hoy sabríamos todo de ella, sería venerada como virgen y mártir, al igual que tantas otras y, ten por seguro, que sería doctora de la Iglesia. Como Santa Teresa, pero con más méritos y mayores razones.
Que se nos cuente ahora esta historia en el cine y que lo haga Amenábar, con rigor y con su sensibilidad artística, servirá sin duda para que Hipatia llegue al gran público, todos podamos hacernos las preguntas que su peripecia suscita y recuperemos esa otra parte de nuestra historia que nos ha sido hurtada.
Iremos juntos, querida, a ver Ágora.
Un beso.
Andrés