La mirada prohibida

 
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Fotógrafo, retrató lugares inaccesibles como los rituales vudú en Haití, las escuelas coránicas en Somalia o burdeles en Asia

. n una pensión de Birmania, a Luis López, Gabú, nada más verle la dirección en el pasaporte, le soltaron esto: 'Coruña 1, Barcelona 1". El mundo es un pañuelo. Pero este fotógrafo coruñés siempre ha huido de esa uniformización de las culturas y persigue desde hace veinte años justamente lo contrario: su mirada ha entrado en los lugares más inaccesibles del planeta, desde los rituales de vudú en Haití a las escuelas coránicas en Somalia o los burdeles de las mafias en Asia. "Las zonas que busco, quizás por el ingrediente de ser lugares peligrosos, no están fotografiadas. Me gusta adentrarme en mundos perdidos para tratar de satisfacer mis necesidades artísticas y dar testimonio de esos sitios olvidados". Luis López, Gabú, comenzó esta ardua tarea que ha sido reconocida por instituciones prestigiosas como el Museo Nacional de Antropología en los años 90, "financiando inicialmente los costosos viajes con mi trabajo pictórico". "El valor de la fotografía en España ha dado un empujón en los últimos ocho años, pero antes era más fácil obtener dinero con la pintura".

Su primer proyecto de envergadura internacional, en el que estuvo a punto de perder la vida -"fui tiroteado durante los disturbios de Haití por la deposición del presidente Aristide, tuve que tirarme al suelo mientras las balas me pasaban por encima, en aquellos terribles días en los que perdió la vida en Puerto Príncipe el cámara de Antena 3 Ricardo Ortega"-, es todavía uno de los trabajos fotográficos más impactantes que se puedan ver. El coruñés fue uno de los primeros fotógrafos en ganarse la confianza de los brujos haitianos, que le permitieron retratar ritos privados de vudú, más inaccesibles que los públicos. "Lo conseguí a base de ir muchas veces a Haití para contactar con los brujos. Si te ganas la confianza del brujo estás a salvo, porque se le respeta mucho. Tiene un carácter dominante y consigue curar determinadas cosas, como la depresión, con bastante eficiencia". ¿Se percibe en esos ritos algo que va claramente más allá de lo comprensible o es pura sugestión? "Vi cosas raras, desde luego" -confiesa-. "Una noche estaba durmiendo en casa de un haitiano y de madrugada escuché en la casa de al lado un aullido que helaba la sangre. Casi a continuación, sonaron del lado contrario unos disparos. Resulta difícil creer que aquella mujer tuviera consciencia de que iban a matar a alguien apenas segundos después. ¿Puede percibirse la muerte por anticipado? Quizás en cien años esto tenga una explicación científica". El fotógrafo coruñés, acostumbrado a caminar sobre el filo de la navaja -fue detenido en la frontera de Somalia y Etiopía un par de días antes del secuestro del pesquero Playa de Bakio por los piratas, un rincón peligroso donde también fue secuestrado el fotógrafo gallego José Cendón-, tiene un único fiel en la balanza del riesgo: "Ser prudente". "No me planteo nada por adelantado, porque nunca sabes lo que va a pasar. Va todo sobre la marcha. En Haití también me detuvieron los militares, pude salir a base de hablar y algo de dinero. Al abandonar el calabozo, me hice unas fotos con los soldado que llevaba siempre en los bolsillos y que después me sacaron de apuros. Vas resolviendo con mucha improvisación".

Además de cautela, la otra consigna básica en este duro oficio es ser tenaz. "En las escuelas coránicas, que fotografié en varios viajes y varios países, de Guinea Bissau a Somalia, no me dejaron pasar en más de la mitad a las que fui. En otras, te dejan pasar, pero no hacer fotos. En las pocas que puedes fotografiar, apenas te dan cinco minutos. Es frustrante. Pero repetía las visitas y a veces los cogía despistados o todavía no había llegado la prohibición del jefe religioso. Tienes que insistir una y otra vez. De joven me pateé Galicia vendiendo a domicilio y aprendí a convencer a la gente sobre algo que no quería".

Gabú probablemente tenga uno de los mejores fondos documentales acumulado en largos años de trabajo por los rincones más inhóspitos del planeta, pero nunca le entusiasmó ese enfoque de la fotografía. "Es cierto que, en cierto modo, es también documental, pero yo trato de que la foto emocione, que vaya más allá de información. Que sea una obra de arte. Yo tengo series muy contundentes que ni siquiera muestro. Sobre los albinos de África, por ejemplo, que es un trabajo espeluznante. Retratar la miseria, sin más, no me gusta. No condeno el fotoperiodismo, pero sí que vayan de salvadores del mundo, cuando utilizan esas fotos para vivir".

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