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HEMEROTECA » |
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ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA -¿Por qué se ha ido?
-No hay una causa única, hay una serie de concausas que determinan mi apartamiento y no pueden condensarse en una única motivación. En primer lugar, por la edad: ya no puedo ir por los pueblos predicando el republicanismo.
-¿Es un trabajo tan duro?
-De todas las actividades ésta ha sido la que mayor tiempo y esfuerzo me ha exigido, es la etapa en la que más puse el corazón. En otras actividades, en la política, puede haber una parálisis por fatiga; sin embargo, en los once años del Ateneo nunca me sentí fatigado.
-¿A parte de la edad, por qué dejó el cargo?
-La edad es una minicausa, pero los efectos demoledores del tiempo se acusan y temes que la representación del cargo te lleve a la rutina o a la autocomplacencia: pasa el tiempo y ves que va decreciendo la originalidad, lo nuevo, y yo no quiero ser conservador en nada, quiero que cada día surja una nueva idea.
-No se ponga poético, ¿por qué se fue?
-Si he de ser sincero, hay otro aspecto que me llevó a irme -del puesto de presidente, claro, puesto que sigo como militante y voy a ser uno de los más dedicados; no voy a dejar el Ateneo por nada del mundo- y es que en los últimos tiempos no me sentí lo suficientemente valorado por la junta directiva. Lo digo sin soberbia, pero me parece que el reconocimiento a mi trabajo no ha sido suficiente.
-¿Por qué?
-Es una sensación, no hay un elemento objetivo. Los afectos no se demuestran, se sienten y se reflejan en una complicidad.
-¿Problemas ideológicos?
-Problemas ideológicos siempre los hay en todas partes y a veces yo los vi con preocupación. Veía que el Ateneo se estaba conduciendo de una forma si no sectaria sí poco rica y cerrarse a opciones es no respetar los verdaderos valores republicanos.
-¿Se refiere al nacionalismo?
-Indudablemente, el nacionalismo o las posturas abiertamente antinacionalistas. El simple rechazo a unas ideas me parece que no es de recibo, la simpatía o antipatía cierra el camino de la racionalidad.
-¿El Ateneo es antinaciona-lista?
-No, aunque algunos de sus miembros lo sean, y corre el riesgo de ser interpretado en esa clave, lo cual me disgusta enormemente.
-¿Usted es conciliador con el nacionalismo?
-El nacionalismo es una parte de la sociedad y no es una parte a la que yo ponga reparo alguno mientras sea democrático. En esa divergencia incluso puedo encontrar nuevo caminos y aproximaciones. Atribuir ideas totalitarias a lo que son visiones de la sociedad desde ángulos distintos me parece, además de un error, una injusticia.
-¿Hay algún aspecto del nacionalismo que le exaspere?
-Que las ideas caigan en el dogmatismo o cuando es de origen muy conservador y se radicalizan las posturas. Ese es un riesgo del nacionalismo de derechas y se opone a mi convicción íntima.
-¿Le molesta antes el nacionalismo del PP que el del BNG?
-Por supuesto, aunque las comparaciones son siempre odiosas; sobre todo porque hay más dogmatismo en la rancia derecha.
-Antes de fundar el Ateneo estuvo en la política activa.
-En democracia, casi diez años. En el PSP estuve dos, y más tarde, en el PSOE, ocho, hasta 1988. Desde entonces me vengo dedicando a actividades más de tipo social pero nunca abandoné la política.
-¿Y en el franquismo?
-Estuve primero en plataformas de tipo profesional como la asociación de abogados y, cuando comprendí la necesidad de estar a cubierto de represalias, me fui al PSP.
-¿Cómo han sido las relaciones del Ateneo con las instituciones?
-En general, muy satisfactorias, fuimos acogidos con una visión de utilidad y sólo tengo que agradecer que hayan sido tan sensibles ante el republicanismo. De los poderes económicos no recibimos la misma acogida, no nos dieron ni una peseta.
-¿Con Francisco Vázquez?
-Globalmente, excelentes, nuestras principales reivindicaciones sobre el pasado reciente se vieron incluso superadas por la realidad.
-¿La ley de memoria histórica?
-Era necesaria desde que se aprobó la Constitución de 1978. Hemos esperado demasiado y aunque no esté totalmente satisfecho, al menos se ha llegado a restablecer buena parte de las injusticias.
-¿Es de familia republicana?
-Por una línea, sí; por otra, no diría yo tanto. La línea materna -Hermida- es muy conservadora y los Etcheverría se dividieron en dos ramas, la conservadora y otra más progresista, encarnada por mi padre, que fue presidente del Partido Republicano Radical Socialista, desgajado del Partido Radical de Lerroux.
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