AURELIA LOMBAO
Anuncian una repentina llegada del frío y observo que la gente lo desea, hastiada de un calor tan extemporáneo, que "uno no sabe qué ponerse". Este otoño está resultando caliente, pero no por la temperatura que genera el fragor de una lucha liberadora, que todos los años se nos anuncia a la vuelta del verano y que en escasas ocasiones se produce, sino por el bochorno que condensa ese olor danés que dejan la corrupción y las navajas de la trifulca política de baja estofa. Es el mismo calor denso y molesto que nos trae el viento del este, el vulturnus, la raíz de bochorno que, a su vez, se convirtió en sinónimo de vergüenza.
Crónicas y columnas de todos los medios del país se hacen eco de este estado general depresivo y dan cuenta de la desafección generalizada, que está llevando al desprestigio de la política, precisamente cuando más necesaria es ésta para afrontar una recesión que nos ahoga.
El personal se desazona porque está empezando a convencerse de que los líderes, los cuadros más importantes de las organizaciones e incluso los prebostes de las instituciones están desertando de sus responsabilidades, huyen y sólo siguen la consigna del sálvese quien pueda, sin importarles ya un comino que el barco se hunda. Así interpretan muchos la infame carrera por enriquecerse a costa de lo que sea o la lucha desaforada por el poder y por el mando.
Tanto bochorno nos hace añorar el frío, por duro y cortante que sea, porque entendemos que sabremos defendernos mejor de él que del calor aplastante, que generó tanta molicie. Porque hijas son de la molicie y de la falsa prosperidad las generaciones de satisfechos, que nosotros mismos hemos puesto al timón de nuestras vidas.
Ahora, de nuestro disgusto y desafección, surge el deseo urgente de tocar fondo, con la esperanza de que un frío agresivo, despierte nuestras defensas y, desde la austeridad y el rigor, se puedan generar las fuerzas y los líderes necesarios, que organicen nuestro abrigo en el crudo invierno, que ya tenemos encima, y sepan mantener la fresca templanza de una futura y deseada primavera sostenida y sostenible.
De todas formas, mal nos van las cosas este maldito y bochornoso otoño cuando la única esperanza es el frío.
alombao@terra.es