SANTIAGO ROMERO
Asus espaldas lleva 45 años de sertanero —el término brasileño que designa a los mayores conocedores de la selva amazónica—, en los que consagró su vida a buscar y proteger a los indígenas que no han tenido contacto con el hombre civilizado. Este antropólogo autodidacta, formado en la temible facultad de la jungla desde los 17 años, cuyos ancestros hunden sus raíces en tierras de la provincia coruñesa —"mis abuelos abrasileiraron su apellido"—, que ha sobrevivido a flechazos, mordeduras venenosas, amenazas, secuestros, accidentes, anginas de pecho y malarias, acumula al tiempo reconocimientos internacionales poco habituales. Fue nombrado Héroe del Año por la ONU en 2001, año en el que fue también fue considerado Héroe del Planeta por la revista Time.
A pesar de las medallas, Sydney Possuelo tiene el corazón roto desde 2006, cuando fue apartado de la dirección del Departamento de Tribus Desconocidas, que él mismo había creado tres décadas atrás, por cuestionar la política amazónica del gobierno brasileño. "Acogí la llegada de Lula con optimismo, pero me sentí engañado cuando dijeron que había pocos indios para tanta tierra. Para mí, son seres humanos con derechos, que habitan esas tierras vírgenes desde hace miles de años". Possuelo continúa su labor ahora desde otro frente: impulsa la creación de una Alianza Internacional de Protección de os Pueblos Indígenas que engloba a los siete países del entorno amazónico. "Me pregunto cómo pude estar tantos años en el gobierno callándome la verdad. Los indios tienen los días contados. Primero los esclavizaron con la caña de azúcar y el caucho. Después vinieron las madereras. Lo último es la soja. Se destruyen extensiones inmensas de selva por el biodiésel. Los indios no contactados son quienes lo sufren más. Sabemos vagamente donde están, pero desconocemos su cultura, que podría desaparecer antes de que lleguemos a conocerla", denuncia Possuelo.
Sydney comenzó su aventura con 17 años, a la sombra de los hermanos Villas Boâs, pioneros del indigenismo amazónico. Con ellos llegó a establecer contacto con siete tribus aisladas. Fue un gran éxito y un amargo aprendizaje. "Comprobé que los contactos acababan con ellos, por las enfermedades que les llevábamos. No era el camino, así que inicié otra estrategia: buscarlos, pero sin contactar. Se trataba de hacer un círculo en torno a sus territorios para que nadie pudiera entrar. Tienen derecho a no querer saber nada de nosotros". De esta forma, trabajando para el gobierno brasileño, consiguió preservar un millón de kilómetros cuadrados de selva virgen.
Recuerda como si fuera ayer su primer viaje a la selva amazónica. "Fue un desastre. Fueron tres largos días de viaje en avión, río arriba. El avión volcó al intentar aterrizar en un vado. Uno de los pilotos perdió un dedo en la maniobra. Llovía mucho y allí estaban los indios mirándonos. Yo estaba cubierto de sangre y salí corriendo asustado, pero caí en el barro. Intenté levantarme, pero volví a caer en el fango. Los indios se partían de risa. Eran indígenas muy puros, que apenas habían tenido contacto con nadie. Poco a poco empecé a conocerlos. Hasta entonces, todo había sido una aventura, cosa de jóvenes. Después, empecé a enfrentarme junto con ellos a problemas serios, de tierras, de supervivencia Mi mirada sobre el Amazonas cambió y mi ansia de aventura se fue convirtiendo en mi trabajo".
A estas alturas, ¿quedan aún tribus indígenas sin contactar en el Amazonas? "Se organizan un par de expediciones al año para buscar y confirmar la existencia de indios aislados. Este tipo de noticias nos llegan por otras tribus ya contactadas. Hoy estaríamos hablando de 43 zonas en las que es posible que existen tribus vírgenes. De ellas, sólo 17 están confirmadas, el resto está aún por explorar. Estos indios son los hombres más próximos a los que Colón encontró cuando llegó". Sydney consiguió del gobierno brasileño la expulsión de misioneros, "especialmente protestantes", que socavaban la "interesante" estructura social de estas tribus. "Aquí no hay violencia. Los hombres tienen dos o tres mujeres y, a veces, las mujeres tiene dos o tres hombres. Hay un ajuste social según cada cual sabe los hombres o mujeres que puede mantener. Otro detalle curioso es que las mujeres mayores de 40 años son las más disputadas, porque aportan la experiencia que los jóvenes no tienen. Estas mujeres mayores tienen la misión de iniciación sexual de los indígenas jóvenes. Es una sociedad sabia".