Hacia mayo de 1964, el joven periodista gallego, camarógrafo de TVE, Manuel Villaverde, logró grabar con su cámara el nacimiento de una isla. De las oscuras y profundas aguas del Atlántico emergía un islote, impulsado quizá por las mismas fuerzas volcánicas y geológicas que dieran a luz, hace Dios sabe cuántos miles de años, a la propia Islandia y Manuel Villaverde estaba allí para verlo y para captarlo. No sé lo que pudo influir en el joven periodista aquel emocionante prodigio, pero sí sé que jamás lo olvidó y también es cierto que se enamoró de Islandia y en Islandia.
La noche del 9 de noviembre de 1989, cuando inopinadamente la gente de Berlín Este forzó el paso de control de la Bornholmerstrasse y se derribó el muro, también estaba allí otro equipo de la TVE que pudo recoger el momento en primicia mundial. También en este caso se pudo captar en directo un acontecimiento, pequeño en sí mismo como un islote, pero asimismo movido por profundas fuerzas de procesos políticos bien complejos. Los mismos que, en aquella década de los ochenta, dieron lugar a un piélago de acontecimientos que explican muy bien lo que hoy sucede en el mundo. En este sentido, la caída del Muro no es más que uno de los brotes que emergieron de la energía que fluyó por el subsuelo de aquella década.
Posiblemente, querida, este ejercicio podría hacerse con cualquier periodo histórico pero, en los ochenta, son tantos los islotes emergentes que con ellos nace realmente el mundo que estamos lidiando ahora. Nada más comenzar la década, llega a la Casa Blanca Ronald Reagan y pone en marcha sus Reaganomics: las medidas económicas y políticas básicas de la economía neoliberal que, a pesar de la crisis que ella misma provocó, sigue hoy vigente y es una de las notas constitutivas de la actual economía global. En ese mismo año se comercializa el primer ordenador personal IBM-PC y durante los años siguientes se masificarán las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y de internet, que serán la arteria principal por donde circulará la sangre de la globalización. En 1985 es elegido secretario general del PCUS Mijil Gorbachov, que desarrollará las políticas de la Glasnóst y la Perestroika y acabará con la guerra fría y con la propia URSS, emergiendo así el unilateralismo hegemónico de los EEUU que caracteriza, aún hoy, la política internacional en la paz y en la guerra. Ese mismo año, se detecta el agujero de ozono en la Antártida y, un año después, estalla Chernóbil, con lo que nace la inquietud creciente por el calentamiento global, la percepción de la posibilidad real de una catástrofe global y la preocupación por la llegada a un punto de no retorno en el proceso de destrucción de la vida en el planeta. Y en el 89 cae el Muro y George Bush es elegido presidente de EEUU. Fíjate, amiga mía, el archipiélago que las fuerzas geológicas y volcánicas de la historia hicieron emerger en los ochenta. La globalización, el neoliberalismo, el calentamiento global y el unilateralismo brotaron en aquellos años.
Dicen que los poetas ven más lejos y más hondo que los científicos y los técnicos porque sienten mejor. Es posible y quizá esto explique que fuesen poetas y cantores los que llamaran a los ochenta "la década prodigiosa" porque, aunque pensaran en otra cosa, de alguna forma intuían que algo estaba pasando. Sea como sea, acertaron.
Ojalá, querida, que ahora, cuando el mundo de los ochenta hace crisis, vuelva a nacer otra isla, porque eso indicaría que en nuestro subsuelo sigue habiendo energía para cambiar el mundo.
Un beso.
Andrés.