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Rodrigo Fresán, escritor

´Antes de saber escribir ya sabía que quería ser escritor´

"Paco Porrúa me regalaba de pequeño los libros de ciencia-ficción de Minotauro, su editorial", relata el autor de 'Al fondo del cielo'

 12:33  
Rodrigo Fresán, ayer, en A Coruña. / eduardo vicente
Rodrigo Fresán, ayer, en A Coruña. / eduardo vicente 

'Historia argentina', 'Vidas de santos', 'Esperanto', 'Jardines de Kensington' o 'El fondo del cielo' son algunos de los títulos de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963), que ha hecho de Canciones Tristes su propio Macondo. Ayer participó en unos debates literarios de la UNED coruñesa

ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA -¿Por qué vino a vivir aquí?

-La escritura es muy sedentaria y por lo tanto considero que cada tanto hay que cambiar la escenografía y el lugar del escritorio, aunque no quiere decir que no respete muchísimo a los escritores que se mueren en la calle donde nacieron y sólo escriben sobre la calle donde vivieron. Yo salí por primera vez de Buenos Aires a los once años por circunstancias históricas y gobiernos militares y me hice a la idea del movimiento perpetuo, me gusta.

-¿Qué es un escritor argentino?

-Es una de las pocas ventajas que tiene ser argentino, ser escritor. Decía Borges que ser escritor argentino es una falacia porque su patrimonio es el universo.

-'Nací argentino y moriré escritor', repite usted.

-Es el mejor destino para el escritor y para todos los argentinos que admiro, básicamente lectores.

-¿Ese amor-odio tan fuerte que tienen con su país?

-No sé si los escritores tienen una relación amor-odio con el país o el país con los escritores: Cortázar murió en el extranjero, y Borges y el Che y Manuel Puig... Algo habrá.

-No tiene ganas de volver.

-No tengo motivos.

-¿Qué le llevó a Barcelona, de verdad que fue Copito de Nieve?

-Sí, fue Copito de Nieve. Y tenía amigos en Barcelona, conocía a Jorge Herralde, a los López Lamadrid, a Beatriz de Moura... Siempre digo que Barcelona es una ciudad muy cómoda para los escritores porque tiene mar y montaña.

-En Madrid no viviría.

-Madrid me recuerda demasiado a Buenos Aires.

-¿Ve Madrid como una película de Almodóvar?

-¿Dije eso ya? Me recuerda mucho a Buenos Aires en el sentido de los bares, de salir de copas, de tu casa está abierta y te pueden llamar a las cinco de la mañana... Barcelona es una ciudad mucho más hacia dentro, más privada, se parece mucho más a mí.

-¿Es metódico escribiendo?

-No, cada libro plantea un régimen diferente. Cada vez que voy a escribir un libro nuevo me propongo ser disciplinado pero no lo logro.

-Todo escritor es antes lector. Usted creció en un ambiente muy propicio ¿leía ciencia-ficción?

-Leía de todo. Mis padres pertenecían a la intelligentia porteña de los años sesenta y setenta y yo estaba muy acostumbrado al paso de escritores por mi casa desde niño.

-Su padre era diseñador gráfico y hacía portadas de libros.

-Sí, y luego mi madre se separó de mi padre y vivió con Paco Porrúa, el editor. Paco tenía su colección de ciencia-ficción en Minotauro y yo recibía todos esos libros gratis.

-¿Viene de ahí su afición?

-Y de mi padre. Mi padre hizo un libro con Julio Cortázar, con Borges... Yo me acuerdo de García Márquez en mi casa, de Rodolfo Walsh... A muy tierna edad y antes de saber escribir yo ya sabía que quería ser escritor y nadie se escandalizó, era lo que tenía más cerca. Nunca me regalaron un balón de fútbol de niño o sea que la idea de jugar en la selección...

-¿Era un niño retraído?

-Normalito, pero para leer y para escribir tienes que estar solo.

-Su último libro, Al fondo del cielo, dice que no es de ciencia-ficción sino 'con ciencia-ficción'.

-Es una historia de amor con traje de cosmonauta. La ciencia-ficción es un perfume, un paisaje. Me interesaba que fuese un libro sobre el pasado, más que sobre el futuro. No me interesa la ciencia ficción clásica, futurista y anticipatoria, tipo Verne. Me interesa la soledad del espacio, lo desconocido, la posibilidad de que haya gente en otros planetas que finalmente no se revela contra nosotros porque no le interesamos y la idea de que estamos solos.

-¿A una isla qué se llevaría antes a Proust o Kurt Vonnegut?

-Es una pregunta jodida. En términos prácticos, En busca del tiempo perdido es un libro más rentable, pero Matadero cinco, de Kurt Vonegut, es uno de los libros que más y mejor me formó, o me deformó. Lo ideal sería llegar con una buena biblioteca, un libro sólo es una forma exquista de sadismo.

-En Barcelona conoció a Bolaño y se hicieron íntimos amigos.

-Lo conocí cuando yo tenía 35 años, a una edad en la que no crees que puedas tener ya una amistad de ese tipo. Fuimos muy amigos.

-¿Cuál es su Bolaño favorito?

-Estrella distante, me parece superior, es un libro perfecto. A él le indignaba un poco que no prefiriese Los detectives salvajes.

-¿Lo suyo es irrealismo lógico?

-Me inventé eso ante la pregunta serial y reincidente de cuál es la relación con el realismo mágico. Yo digo que hago irrealismo lógico, que es básicamente lo mismo pero con las polaridades invertidas. El realismo mágico es un realismo con toques de magia y lo mío es completamente irreal con toques de lógica, una cosa más de ingenio .

-Acaba de reeditar corregido y aumentado su primer libro, Historia argentina, ¿le gusta revisar?

-Es un libro en el que me sigo reconociendo perfectamente, y todo es aumentable y corregible.

-Ahora está con La parte inventada, ¿la sitúa en Barcelona?

-Todavía no lo sé, estoy tentado, pero más bien trascurriría por el Ampurdán o en la Costa Brava.

-¿Orienta ya las lecturas de su hijo de tres años?

-Es inevitable, me gusta mucho la idea de verlo leer los libros que yo leí. Vemos juntos los cómics de Tintín y en cualquier momento caerán sobre su cabeza los de Hugo Prat argentinos o El Eternauta.

-¿Sus primeras lecturas?

-No sería raro que fuese ciencia-ficción, le gustan mucho los robots y los malos.

-¿Qué le aterrorizó a usted?

-Tengo recuerdos de una sensación de terror exquisito leyendo Drácula con siete años. Me da miedo David Lynch, es inquietante.

-¿El amor es como un alien?

-Cuando te enamoras eres invadido por un virus extraterrestre que te hace pensar y decir cosas que nunca habías dicho. Uno de los lugares comunes de la ciencia-ficción son los usurpadores de cuerpos y muchas veces te destrozan y te arrasan el pecho como un alien.

-¿Le pasó muchas veces?

-Las justas, no tengo queja.

-Se casó con una mexicana.

-Por eso decidimos vivir en Barcelona. Ella no quería integrarse en la novela argentina de mi vida y tenía la suya mexicana, así que decidimos escribir juntos la novela barcelonesa en terreno neutral. Llevamos ya más de diez años.

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