La verdad es que son los tiempos los que los controlan a ellos. Fíjate, si no, en este asunto de la fusión de las caixas. ¿Cuántos lustros hace que se siente la necesidad de una intervención política para mejorar la gestión de estas entidades financieras, que dicen manejar una gran parte del capital social del país? Pero nadie, desde la derecha o desde la izquierda, se atrevió nunca a poner el cascabel a este gato. Son ahora los tiempos los que obligan a los políticos a buscar un consenso, apresurado y forzado, para tratar de evitar la catástrofe inminente. Siguen, pues, nuestros dirigentes actuando en el corto plazo, sin sentido estratégico y atosigados por la coyuntura. Yo no sé, querida, a dónde van a llegar, pero ten la seguridad de que lo harán demasiado tarde, con toda evidencia arrastrados por los acontecimientos y probablemente muy mal.
El movimiento del presidente Feijóo ante la coyuntura peligrosa de las caixas tiene la apariencia de responder a una estrategia política porque plantea, aunque con cierta ambigüedad, una alternativa, busca y consigue alianzas políticas y sociales en su favor y parece trazar un camino que, dice, está decidido a seguir. Pero en realidad se trata sólo de un movimiento puramente táctico, porque no incardina el problema y la solución ofrecida en un plan estratégico global y conocido para el país. Por eso hay quien piensa que la fusión, en sí misma, no garantiza que, en un futuro próximo, la entidad resultante no pueda ser vendida al mejor postor, hurtándole otra vez a Galicia la capacidad de decisión sobre sus propios recursos. Y es que, querida, el tratamiento aislado de un problema como este nunca resuelve nada.
Imagínate que la cosa se planteara de otra forma desde el Gobierno. Imagínate a Feijóo involucrado efectivamente en buscar las alianzas precisas para preparar a fondo y con la urgencia que se necesita la reforma del Estatuto, con el objetivo de no perder el tren en el reparto del poder del Estado. Imagínate que, al mismo tiempo, su Gobierno estuviese dedicado a aplicar medidas para superar la caótica y minifundista organización política y administrativa del territorio, para enfrentarse al grave problema demográfico del país, para corregir la dispersión y mera utilización localista de recursos estratégicos como las universidades o los puertos y aeropuertos, para abordar las carencias en los transportes públicos internos y para emprender seriamente la modernización de nuestra industria. En este caso, el problema de las caixas se vería muy de otra forma, porque estaría incardinado en una estrategia política de tal alcance y tan evidentemente necesitada de recursos públicos, que dejaría muy pronto en el ridículo absoluto a todas las veleidades localistas, corporativas, electoralistas o partidistas.
Como ves, querida, en el fondo se trata de hacer o de no hacer política y en este terreno lo tenemos muy crudo, porque aquí se ha consolidado un modelo de mera gestión rutinaria y administrativa de la cosa pública, que se limita al regate corto y al manejo de la coyuntura sin perspectiva estratégica, sin ideas trabajadas y con gran sobrepeso de la ocurrencia. Así es el Gobierno Feijóo. Yo no sé lo que podrá tener el presidente en su cabeza pero su Gobierno, de política, no tiene nada y creo que cada día se hace más evidente la necesidad de una crisis.
Por eso te digo, amiga mía, que lo de las caixas no se arreglará bien, precisamente porque nadie intenta arreglar todo lo demás y, entonces, va a dar lo mismo.
Un beso.
Andrés