SANTIAGO ROMERO
El yacimiento Loma La Lata , en la Patagonia, atesora una reserva gigante de gas, la mayor de Argentina, que explota Ypf Repsol. El combustible se extrae a través de pozos de tres mil metros de profundidad, en operaciones que hasta no hace mucho se cobraban vidas humanas con frecuencia. "El momento más delicado en cuanto a seguridad es que el pozo se venga", cuenta en argot petrolero el ingeniero coruñés Manuel Bello. "Es cuando se desequilibra la presión, el gas se viene con todo para arriba y hay que empezar a quemar como puedas hasta normalizar el pozo. Si la cosa se desfasa, no hay forma de pararlo, nos manda a la luna. Aquí, donde trabajamos con una presión de 320 kilos, ya le tenemos tomada la medida, pero un poco más abajo hay otro yacimiento de gas seco con presiones de más de 500 kilos que se vuelve muy peligroso. Las medidas de seguridad antes eran muy deficientes, había muchos muertos, pero a día de hoy está controlado. En los tres años que llevo en estos yacimientos, ha habido tres o cuatro muertos. Pero no fue por los pozos, sino por malas maniobras de supervisión. Estás en un ambiente explosivo y con cualquier error te puedes ir volando".
Claro que abundan otros momentos peligrosos que nada tienen que ver con la seguridad. "Hay muchas situaciones delicadas en las que puedes dejar un pozo improductivo y tirar a la basura una millonada por tonterías. Nosotros perforamos entre dos y tres pozos al mes y perforar cada uno de ellos puede llegar a costar la friolera de 6,5 millones de dólares".
La función de este ingeniero coruñés en el yacimiento es decisiva precisamente en este terreno. "Mi trabajo tiene que ver con lo que hay debajo de la tierra. Yo gestiono las mediciones en los pozos, interpreto los datos y saco conclusiones para ver si merece la pena perforar o no. La decisión final viene de una parte del grupo muy específica, aunque yo estoy vinculado al grupo grande, que tiene la misión de ver si los pozos que están programados se deben hacer o no". Manuel Bello llegó a los grandes yacimientos de hidrocarburos de la Patagonia tras una extraordinaria carrera académica. Un trabajo suyo sobre explotación de minas de hierro en Minnesota dejó boquiabiertos a los ingenieros estadounidenses. "Había conseguido una beca para hacer el proyecto de fin de carrera en Utah, bajo la tutoría de William Hustrulid, un referente mundial en la enseñanza de ingeniería y, cuando yo ya había regresado a España, decidieron presentarlo al concurso anual de Escuelas de Ingeniería de Minas de Estados Unidos. Quedó tercero. A partir de ahí, se me abrieron muchas puertas". El ingeniero coruñés pasó aún por Escocia, donde se cursa una de las mejores especializaciones internacionales en exploración de petróleo, hasta recalar en Neuquén, la extrema capital patagónica, a 90 kilómetros del gran yacimiento gasístico de Loma La Lata, una de las joyas de la corona de Repsol en todo el mundo. Y, con él, se llevó a su mujer, también coruñesa. "Igual se casó con la persona equivocada —bromea—. Al salir esta oferta, lo hablamos y decidimos venirnos. Lo peor es que ella se queda sola todo el día. Nos hemos puesto a tener hijos, de momento ya tenemos una neuquina."
La Patagonia es un buen observatorio para apreciar el cambio climático que está afligiendo al planeta. "Aquí se nota mucho el agujero de la capa de ozono. El sol es malísimo. Si te pasas dos horas a la intemperie, te salen ampollas. El clima está del revés. En invierno, cuando tenía que nevar, no lo hizo. Y ahora el verano no llega. En Argentina, el cambio climático afecta de manera durísima, zonas enormes de pastoreo se están desertizando. Aquel granero del mundo del que se hablaba se está convirtiendo en el Sáhara".
Hablando de cambios, advierte de que la actual bonanza de precios del combustible no durará mucho. "Ha habido un respiro puntualmente con la crisis, pero es sólo un paréntesis en la tendencia al alza en el consumo y al descenso en las reservas de hidrocarburos. Tarde o temprano, volverá a haber una crisis de abastecimiento. Es un recurso agotable."