AMAIA MAULEÓN | A CORUÑA
Sentir y hacer vivir esas sensaciones es el pensamiento que tiene Gregorio Mallo cuando se coloca tras el objetivo de su cámara. La mirada del fotógrafo gallego impacta y llama la atención más allá de nuestras fronteras. Sus series Glass jungle y Poker nights acaban de recibir el Primer premio y Medalla de Plata de la FIAP (Federation Internationale de L'Art Photographique) en la V Bienal Internacional Agfoval. En estas series, Mallo se desmarca de su línea de reportaje documental y de naturaleza y ofrece una visión mucho más cinematográfica, con un estudiado tratamiento fotográfico.
Se trata de fotos de estudio en las que trabaja con modelos gallegos -ella es la gallega Eva Rodríguez y él, Natale Scarpa, italiano afincado en Cangas- y un cuidado estilismo. Enmarca a sus protagonistas en distintos fondos que aportan a las imágenes un enorme impacto visual. "Lo más costoso muchas veces es conseguir el fondo que imagino", advierte el fotógrafo. El espectacular Hong Kong o el Tibet le ofrecen un mundo de posibilidades, pero también el Casco Vello de Vigo se convierte gracias a la fotografía digital en el hogar de un gánster en Naplea's nights. Hay muchas horas de trabajo de edición detrás de cada imagen.
La Federación Internacional del Arte Fotográfico, que le ha otorgado estos premios este mismo mes, nace en 1946, cuenta con más de 85 asociaciones de los cinco continentes y representa los intereses de alrededor de un millón de fotógrafos individuales.
Otra de las grandes pasiones de Mallo es explorar culturas diferentes. Ha recorrido, acompañado siempre de su fiel cámara, numerosos países como Japón, Indonesia, Vietnam, la India o Papúa. Precisamente su serie Papuan Looks ha logrado también este año el segundo premio en la revista Super Foto. "El retrato social era hasta ahora a lo que más me dedicaba; el retrato es muy especial, las miradas dicen muchas cosas", describe.
Mallo lamenta no poder dedicarse profesionalmente a la fotografía. "Mis ingresos provienen de una empresa de material eléctrico e iluminación; la fotografía se queda como mi hobbie, mi gran pasión, y a ella le dedico la mayor parte de mi tiempo libre. En España aún no hay mucha costumbre de comprar fotografías", concluye.
Acostumbrado al encanto del revelado en su propio estudio, Mallo asegura que le costó bastante la transición a la fotografía digital. "Sin embargo, admito que se abrió ante mí un mundo de posibilidades infinitas que me apasionan; los límites ahora los pones tú, no tu cámara o las circunstancias del momento", explica. A pesar de todo, opina que "un artista moderno debe tener una base clásica". "La edición digital es un complemento, una herramienta que ayuda a rematar una obra... una evolución más de los antiguos laboratorios analógicos", señala.