Uno de los principales epicentros mundiales de la investigación sobre el cáncer, donde suelen cocinarse los más relevantes hallazgos que han ido aportando esperanza en la larga lucha contra la enfermedad más temida, se encuentra en la costa este de los Estados Unidos, en el eje universitario formado por Boston y Nueva York. Harvard, el Cold Spring Harbor Laboratory Cancer y el Memory Sloan-Kettering Cancer Center han sido una lanzadera para buena parte de los grandes nombres de la investigación oncológica y, asombrosamente, allí ha dejado huella una serie de científicos coruñeses como Olaia Naveiras, premio Hauser de Harvard por sus investigaciones con células madre; María Soengas, distinguida recientemente con la portada de la prestigiosa revista científica Cancer Cell por sus hallazgos sobre el melanoma, o Begoña Graña, que ha colaborado con Ángel Carracedo, uno de los genetistas de referencia internacional. Las tres han buscado ya otros horizontes: Olaia Naveiras ha sido contratada por uno de los principales laboratorios suizos de fármacos contra el cáncer, mientras que Marisol Soengas ha regresado a España invirtiendo el sueño americano al traerse consigo a España investigadores estadounidenses al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Y Begoña Graña decidió retornar a Galicia para ocupar una plaza de oncóloga en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol.
El último en incorporarse a esta exitosa saga, que ha tomado el relevo de las pioneras investigadoras coruñesas en el eje oncológico estadounidense, es el compostelano Adrián Mariño. Becado por la Fundación Barrié, trabaja en el Brigham & Womens Hospital de Boston, asociado a la Universidad de Harvard, en el laboratorio de Jonathan Fletcher, un "pionero" en el estudio de los sarcomas, los tumores cancerígenos que afectan al sistema gastrointestinal. Hijo de un cardiólogo que dirigió centros hospitalarios en Galicia y de la jefa de Hematología del Hospital do Meixoeiro y hermano de una médica de familia, el destino de Adrián estaba marcado, a pesar de que su vocación se debatía entre la medicina y la música. "Aquí en Boston acostumbro a ir a casa de un amigo a tocar el piano, y cuando voy a Galicia me paso el día tocando", admite Adrián Mariño. No cabe duda sin embargo de que su futuro se encamina a desentrañar los misterios del cáncer, tras su paso por la Agencia Internacional del Cáncer de la OMS y la universidad estadounidense de Yale, hasta arribar en Boston al "inmenso" departamento de Anatomía Patológica -"una disciplina a la que le cuesta mantener su importancia en Europa"-donde el patólogo coruñés es el enlace entre el hospital Brigham & Women's y el mítico Instituto Tecnológico de Massachussetts, emporio de la ciencia mundial. Sus investigaciones están claramente orientadas a la obtención de fármacos contra el cáncer. "La investigación que se hace aquí es multidisciplinar, participan clínicos, bioestadísticos o biotecnólogos. Pero si no tiene explotación terapeútica posible, el interés decae mucho", señala el investigador coruñés.
La coruñesa Olaia Naveiras, que obtuvo el prestigioso premio Hauser de Harvard, opina que "se han descubierto aspectos del cáncer que han supuesto un cambio de paradigma en los nuevos fármacos. Se están diseñando productos anticancerosos tanto para matar a la mayoría de las células -como los fármacos que se usan ahora- como para matar las células madre del cáncer, que son las más peligrosas". "Nos centramos en entender los mecanismos de la enfermedad -explica Adrián Mariño-, en diagnosticarla y en su tratamiento. Es increíble cómo los tumores reinciden al cabo del tiempo. Vamos a por ellos desde todos los frentes, pero es muy complejo, existen casi doscientos tipos de sarcomas".
Naveiras, su antecesora en Harvard, padeció en su momento el frenazo impuesto por la dogmática administración Bush sobre la investigación con células madre, que eliminó las ayudas públicas. A Mariño, por el contrario, le cuesta comprender el rechazo de la sociedad estadounidense a la universalización de la sanidad que pretende Obama. "Se lo están poniendo muy difícil. Aquí pesa mucho la mentalidad individual y para un americano es inconcebible que les asignen un médico por su lugar de residencia, como en España. No quieren renunciar a su derecho a elegir".
Tiene claro sin embargo que EEUU ofrece una vía más clara para progresar en la investigación que España. "Es un sistema basado en la meritocracia" -reconoce Mariño-. Obtienes lo que obtienes por tus logros. En España, la investigación es muy secundaria en los hospitales y depende de la voluntad y enorme dedicación de algunos profesionales, aunque hay que reconocer que el nivel asistencial es buenísimo, aunque a costa de que la gente esté quemada".