ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-¿Por qué es pintor?
-La pintura -el arte, en general- es una necesidad para determinadas personas. Hay personas que nacemos con un exceso de sensibilidad que tenemos que canalizarlo para lograr una estabilidad emocional, para mantener la cordura. Como cuando alguien tiene un problema y se lo cuenta a un amigo te tranquiliza un poco. Lo que en la religión es la confesión o en la sociedad moderna, el psicoanalista.
-¿Si su pintura no es hiperrealista qué es?
-Clásica.
-¿Y la de Antonio López?
-No, Antonio López no es clásico. Antonio López forma parte de un realismo que se hizo en España en los años cincuenta y sesenta, al que no se le ha hecho justicia: Cristóbal Toral, Eduardo Naranjo, aunque es más onírico; Isabel Quintanilla, María Moreno... Yo no tengo nada que ver con ese tipo de obra. No sé qué problema hubo con la pintura que ésto se perdió, en cambio puedes ser un músico clásico y no hay problema, pero parece que no puedes ser un pintor clásico.
-¿Arrastra sentido de culpa?
-No. Sin quererlo, me estoy diferenciando, me estoy haciendo diferente siendo clásico.
-Parece que quisiera detener el tiempo, ¿no es ese el papel de la fotografía?
-No intento detener el tiempo. La fotografía y la pintura no tienen nada que ver. La pintura se puede tocar con las manos y la fotografía, no. No quiero entrar en ese debate. La pintura, desde el punto de vista del pintor, está mucho más en contacto con la persona: mis manos están impresas en mis cuadros y un fotógrafo no tiene por qué tocar la fotografía.
-¿Le aterra la idea de dejar de ser una joven promesa?
-Joven ya no sé si soy y lo de promesa no sé dónde va a acabar. Estoy en un punto en el que las cosas empiezan a tener unas connotaciones demasiado serias. Yo ya no me considero ni joven ni promesa como pintor. Con 38 años soy joven pero llevo ya muchos años y me considero un pintor hecho, lo cual no quiere decir que ya haya llegado. El día que llegue a eso se acabó.
-¿Por qué tomó el camino más sencillo pero no el menos fácil?
-No lo sé, no sé porque soy un pintor clásico, fue un proceso evolutivo. Si no pude serlo antes es porque no tenía suficiente formación y conocimiento teórico. Aún hoy en día sigo descubriendo pintores que me enseñan, y antes tampoco tenía la capacidad de aprender directamente de los cuadros. Yo ahora sé descifrar muchas cosas.
-¿Qué ha descifrado?
-Mi último maestro es Rivera, del que estoy aprendiendo muchas cosas. Ser clásico no significa ser conservador, yo me considero muy contemporáneo y muy realista; realista en el sentido de pintar la realidad. Mi temática es totalmente contemporánea e intento evolucionar, no quedarme solo. Siempre pongo el ejemplo de Win Mertens: para mí no es un músico clásico ni conservador, sino muy innovador.
-¿Hay algún sentido del humor en su obra?
-Tengo bastante sentido del humor, quizá sea un humor serio, o privado, pero lo hay, sobre todo en los títulos.
-¿Hace pintura de encargo?
-Toda la pintura que hago es de autor. Las figuras no son retratos, son personajes anónimos y utilizados para la obra.
-¿Diez momentos de mi vida y una gallina desesperada?
-Son diez momentos que viví. Cada cuadro representa, no un instante fotográfico sino que engloba un momento. Oporto, por ejemplo, es un periodo que viví allí.
-¿Y la gallina desesperada?
-Eso es un momento que aún no había vivido. Ahora ya sí. Representa la desesperación de alguien.
-¿Cómo escoge el encuadre?
-Primero elijo el cuadro y él me lleva al encuadre y al formato.
-¿Sigue con gran formato?
-Hago de todo, pero es el que me permite más desarrollos, es donde me explayo y me siento más pintor.
-¿Un cuadro le puede llevar...?
-De quince días a un año.
-Antes buscaba la sombra, ¿ahora busca la luz?
-Nunca las he separado. Las estrellas siguen estando de día pero sólo las vemos en la oscuridad.
-¿Cualquiera es hoy artista?
-Parece ser que sí.
-¿Quién lo decide?
-Los medios de comunicación. Vemos cada día a músicos que no lo son en las listas de ventas, a escritores que no lo son, a pintores que no lo son... que no lo son porque no han sentido la necesidad de serlo, porque se han subido a un carro y han conseguido una buena promoción.
-¿Cómo va de promoción?
-Yo nunca perseguí la gloria, aunque me gustaría, pero visto como está la sociedad... El éxito de hoy en día está devaluado, incluso me parece vulgar.
-Hizo un retrato de su mujer que es una Mater Dolorosa.
-Sí, pero es una Virgen contemporánea que mira de frente y no es sumisa. Todo empezó porque a mi hijo de seis años le da miedo entrar en las iglesias, no quiere ver las imágenes sangrando y llorando. Yo creo que a Cristo deberían representarlo sentado y riéndose.