ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
"Siento una increíble morriña por Galicia", dice Rafael Manzano, desde 2007 miembro correspondiente de la Real Academia de Belas Artes . En Galicia trabajó durante años a las órdenes del gran restaurador del patrimonio monumental gallego Francisco Pons Sorolla: "Me gustaría tener una foto con él y con Manuel Chamoso, uno de los gallegos más importantes". Juntos trabajaron en la restauración del monasterio de Sobrado dos Monxes, en las catedrales de Tui y Mondoñedo y en el ábside de la iglesia de San Francisco, de Viveiro, "una joya inacabada que me gustaría rematar", afirma Manzano, que intervino también en la restauración de la capilla de la Corticela de la catedral de Santiago y en la pavimentación de la ciudad. "Hubo un Año Santo, no me acuerdo cuál (1965), en el que se hicieron muchas obras y se pavimentó con piedra nada menos que la plaza de la Quintana y la subida a San Domingos de Bonaval".
-¿Todo ese trabajo lo hizo con Manuel Chamoso Lamas?
-Chamoso era el documentalista, el arqueólogo y un gran historiador del arte gallego. El jefe era Pons Sorrolla y yo trabajaba desde la dirección general de Arquitectura.
-¿El Premio Driehaus se creó en contraposición al Prizker?
-Yo no creo que sea una contraposición. El Prizker premia sobre todo la modernidad y la contemporaneidad, y el Driehaus se preocupa de premiar la modernidad, por supuesto -todos los arquitectos somos de nuestro siglo-, pero de la arquitectura que no pierda las raíces clásicas. Trata de conservar el clasicismo, algo de enorme trascendencia sobre todo dentro del mundo mediterráneo porque es donde nació el lenguaje clásico que heredó todo Occidente.
-¿Qué otros arquitectos recibieron este premio?
-El primer premiado fue Léon Klier, un gran clasicista. El segundo premiado fue el griego Demetri Porphyrios, al que yo admiro profundamente y con el que estuve a punto de hacer un proyecto.
-¿La arquitectura contemporánea está desorbitada?
-Ha cometido grandes errores. Para mí, el gran error es la destrucción de las ciudades monumentales. El caso de Siza Vieira en Santiago (el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC)) me parece un error monumental. Esto de querer introducir a toda costa la modernidad en los conjuntos monumentales es una frivolidad, es una especie de orgullo del arquitecto de creerse superior a lo que hicieron generaciones anteriores. En la restauración de la ciudad monumental el clasicismo debe tener la última palabra.
-¿Se rehabilita hoy con tino?
-En toda restauración lo que añada el arquitecto debe distinguirse perfectamente de la arquitectura antigua. En cualquier caso lo que no puede ser es disonante y no debe utilizar materiales modernos ni añadir formas modernas exageradas.
-¿Detesta los contrastes?
-El contraste tiene que ser el mínimo necesario para distinguir lo nuevo de lo que ya existía, pero no hay que ser agresivo. Estamos asistiendo a una especie de obsesión colectiva por utilizar el monumento como parte del espectáculo de la propia obra nueva.
-Es crítico con la ampliación del Museo del Prado.
-No me gusta. Admiro a Moneo y tiene obras fantásticas como el Museo de Mérida, pero no comparto el criterio del Prado. Yo trabajé en algún proyecto anterior con Fernando Chueca y tuve ocasión de ver cuál sería mi línea de actuación.
-¿Qué intervención hubiera hecho usted?
-Hice varios proyectos, unos más discretos que otros, y en uno incorporaba una nave paralela.
-¿Y el claustro de los Jerónimos?
-Yo lo hubiera dejado descubierto y habría optado por reconstruir las galerías, y no a la inversa, que es lo que hizo Moneo.
-¿Un ejemplo de restauración modélica?
-La restauración de la Alhambra de nuestro maestro don Leopoldo Torres Balbás, que hizo entre 1929 y 1936, es verdaderamente perfecta.
-Uno de sus edificios preferidos es la Mezquita de Córdoba, que sufrió controvertidas transformaciones para ser catedral.
-La Mezquita de Córdoba es uno de los edificios que más quiero, es de los primeros edificios de la arquitectura española y no comparto la transformación que padeció, fue muy brutal, tan brutal para su época como algunas restauraciones monumentales de hoy en día.
-Usted es un gran estudioso del arte islámico, ¿por qué las mezquitas españolas no están orientadas a la Meca?
-Hacia la Meca es lo canónico, lo que el Corán indica, pero en la Edad Media nadie tenía medios para orientar correctamente a la Meca un edificio, se hacía un poco por instinto, y ninguna mezquita está bien orientada. En Siria las mezquitas se orientaban al sur, porque allí la Meca está al sur, y Abderramán I, siguiendo la costumbre de su tierra, Siria, orientó también la mezquita de Córdoba al sur.
-¿Qué la parece la prohibición suiza de erigir minaretes?
-Completamente absurda. Yo creo en la libertad de culto, en la libertad religiosa y no puedo pensar que un país prohíba el ejercicio de una religión.
-También es crítico con la peatonalización de los cascos antiguos de las ciudades.
-No soy partidario de que se peatonalicen de manera genérica, hay que estudiar cada caso. En algunos casos considero que es muy negativo y yo no lo haría porque pueden incluso perder posibilidades de supervivencia. Muchas veces se abandonan por falta de movilidad.