ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-Los años treinta son los de las grandes obras públicas en España.
-En parte, sí. Hubo grandes proyectos y algunas obras quedaron interrumpidas. Quise estudiar ese periodo porque había escrito con mi mujer (Pilar López Vizcaíno) otro libro, Ingenieros de Caminos en el Congreso de los Diputados, y un compañero de Andalucía nos señaló que habíamos omitido a un ingeniero de Caminos que había sido jefe de Obras Públicas en Granada y que las fuerzas de Franco habían fusilado en 1936, Juan José Santa Cruz. Pensé en una nueva edición, con otras omisiones y la etapa de la guerra, pero me salía muy luctuoso y, ante la ausencia de bibliografía, decidí ampliar el estudio a toda la década, en la cual hubo monarquía, dictadura, república, guerra civil y otra vez dictadura. Cuando estudiábamos Caminos, en la vieja escuela, había una lápida negra con 'los muertos de los cuerpos de obras públicas 1936-1939', pero faltaban los muertos en el otro bando, los olvidados.
-¿Fusilaron a muchos?
-Fueron fusilados o murieron en acción de guerra 63 ingenieros.
-¿Es su contribución a la memoria histórica?
-Es una memoria personal, no tiene nada que ver con esa ley.
-En esa época hubo grandes figuras, como Eduardo Torroja.
-Sí, Torroja, que hizo el Hipódromo y el frontón de Recoletos; Aguirre Gonzalo, que había creado Agromán y entonces hacía las obras de la Ciudad Universitaria de Madrid y el túnel de risa, como llamaban al túnel bajo la Castellana. De esa época son los Nuevos Ministerios, el Plan Urgente de Ferrocarriles, que no se desarrolló por problemas económicos; el plan de obras hidráulicas de Indalecio Prieto que fracasó porque se opusieron varias confederaciones hidrográficas, o los interminables ferrocarriles Zamora-Ourense y Ferrol-Gijón, sin olvidar el que une Pontevedra con Marín, adjudicado entonces y que no se inauguró hasta 2001. En Galicia, en esta década hubo destacados ingenieros como Martínez de la Cueva, Luciano Yordi Menchaca, Alfonso Molina Brandao o Fernando Salorio.
-En las dictaduras se suelen construir muchas obras públicas.
-Evidentemente, porque no hay oposición en cuanto a las expropiaciones o al trazado de obras. Por eso Hitler hizo grandes obras públicas en Alemania. Y, normalmente, cuando llega una dictadura es después de una gran crisis económica y social y hay mucho paro. Es una forma de aliviarlo. Mussolini emprendió grandes obras, también, y en España, lo mismo, grandes presas y embalses. Afrontar hoy en España una obra hidráulica es mucho más difícil.
-Y los partidos incurren en flagrantes contradicciones.
-Es difícil conjugar todos los intereses, por eso fracasó el nuevo plan de obras hidráulicas que se pretendió hace pocos años.
-¿Le parece buen ministro de Fomento José Blanco?
-Lo está haciendo bien. Ha buscado el acuerdo y ha logrado establecer buenas relaciones con las autonomías. Ha llegado a importantes acuerdos con Galicia para que el AVE se termine en plazo.
-¿Infraestructuras urgentes?
-Solucionar el problema con los controladores para garantizar la seguridad aérea y la puntualidad es una infraestructura de personal muy importante. Otra es terminar la Autovía del Cantábrico.
-Fue conselleiro de Obras Públicas de 1982 a 1986.
-Sí, entonces discutíamos el traspaso de competencias . Reclamábamos la carretera de la costa cantábrica hasta Ferrol y Madrid argumentaba que era una carretera estratégica para el Ejército y para Alúmina. Yo decía que tan defensor de la seguridad era el Ministerio como la Xunta y llegamos a una solución salomónica: de San Cibrao hacia Asturias, para el Estado, y de San Cibrao a Ferrol, para la Xunta.
-Le llamaban 'míster 4%'.
-Eso fue una osadía. El único 4 o 5% que conozco es el del armenio Gulbenkian, perseguido porque cobraba ese canon por la extracción de petróleo en Oriente Medio y lo protegieron en Lisboa, donde dejó un magnífico museo. Él, efectivamente, cobraba esos porcentajes, y yo hice siempre declaración de intereses cada vez que llegaba a un sitio público, y al salir, tanto en la Xunta como en el Congreso de los Diputados. Y, cuando un señor me injurió y calumnió en una carta diciendo que en mi etapa en la Diputación y en la Xunta había cobrado dinero de los contratistas, le dije a Fraga: 'Te va a llamar Fernando Salorio, el presidente de Fenosa, para decirte cuál fue mi comportamiento allí; te va a llamar David Ferrer, que fue mi presidente en la Diputación, y, en cuanto a la Xunta, tú conoces mi labor y mi honestidad'. Ese señor todavía tiene la desfachatez de saludarme cuando me lo cruzo, al diputado que lo esgrimió en una sesión parlamentaria no le dirigí nunca la palabra y contra el periodista que lo escribió me querellé pero no recurrí a una instancia superior porque me dijeron que la libertad de expresión está por encima de cualquier mentira de un periodista.
-¿Nada que ver con AP?, ¿cómo se financiaba?
-Había unas personas muy generosas que daban dinero. En mi etapa de presidente de AP de Ourense recibí donaciones y siempre dentro del límite legal, que no me acuerdo cuál era. Fui muy cuidadoso en eso y resolví el problema de déficit que tenía.
-La ley de financiación de partidos es insuficiente y han saltado casos como el Gürtel, de gran desgaste para el PP, su partido.
-Para mi partido y para otros partidos, pero convendría hablar también de las subvenciones a los sindicatos. Los partidos tienen una ley y el que se la salta y lo descubren lo paga. No hay que confundir los partidos con las personas que se escudan en un partido.
-¿Es amigo de Pablo Crespo?
-No, no coincidimos. Yo era muy amigo de Pepe Cuiña.