Javier A. Vizoso
ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-Empecemos por el principio.
-Vayamos por partes, como decía Jack el Destripador.
-Lo primero que llama la atención del libro son las dedicatorias del libro a todos sus jefes.
-El libro es el resultado de algunos de los artículos que me encargaron para el programa de mano de diferentes conciertos y quise agradecer a todos ellos su confianza por encargármelos sabiendo que eran diferentes, especialmente, Enrique Rojas, Víctor Pablo Pérez y Jorge Víctor Carou.
-'... y, pese a todo, incluso, a Félix Palomero', ¿por qué?
-Porque quizá no se lo merecía tanto; mi relación con él no fue todo lo buena que cabría esperar.
-Son unas notas al programa algo heterodoxas, a veces ni habla del concierto, como el de Gluck: sólo escribe del mito órfico.
-La verdad es que le eché bastante morro, porque muchas veces estos encargos eran sólo un pretexto para escribir lo que me apetecía, y me lo han consentido.
-Se va por los cerros de Úbeda.
-Es que siempre he sido muy rebelde. Y muy individualista.
-Habla de psicoanálisis, de Bourdieu, al que cita en varias ocasiones...
-... A Bourdieu lo cito muchas veces porque me parece muy interesante. Me parece que sus análisis de la Sociología de la cultura son una manera muy sensata de explicar las cosas.
-Foucault, Houellebecq, Lovecraft, Céline, Bukowski, Jung...
-... Cortázar, Borges, García Márquez... Es que yo vengo de la literatura, es mi gran pasión; a mí lo que me gusta es escribir. Esto no es más que una disculpa para escribir.
-¿Es un gran lector o está todo aquí?
-Ya quisiera yo leer más de lo que leo, pero leo desde chaval.
-Tiene dos libros sin publicar.
-Llevo muchos años pensando si publicar o no, pero no sin escribir.
-¿Esta vez va de prueba?
-Este libro se me apareció en la cabeza en 2008. Escribiendo sobre Messiaen, empecé a hilar todos los ensayos que había escrito antes -éstos son una pequeña parte- y a recordar algunos más vivamente. Vi que había un hilo conductor y que podía ser un libro, una recopilación de mi visión de las cosas, y empecé a hacer una selección.
-El secreto de la señora Higgins y otros cuentos.
-Son cuentos que tengo ahí y que no sé todavía si quiero o no publicar. Eso es algo que, de pronto, se te hace claro en la cabeza.
-¿Qué tienen en común?
-Todos son de gente normal, gente como nosotros, en situaciones disparatadas, como la vida misma lo es a veces.
-¿Y La pasión y la agonía de Modest Músorgski?
-Es una biografía de Músorgski en la que llevo diez años trabajando.
-Es de los que le gustan.
-Me gusta muchísimo porque es un rebelde como yo, aunque su vida fue tremenda y murió alcoholizado. Es una especie de isla en la música, es muy diferente a todos.
-Cuadros para una exposición, ¿es de sus favoritas?
-Es una de sus mejores obras, pero hizo muchas extraordinarias. Tiene 64 canciones y todas son increíbles.
-Se nota que le cae mal Wagner.
-Me cae mal el personaje, no el músico. Descubrí la música por él, fui un loco de Wagner, pero luego vi que el personaje no me gustaba.
-Mozart, ¿usted cree que no es para tanto?
-No todo es para tanto. Se ha convertido en una especie de marca registrada y cualquier cosa que lleve el sello Mozart se considera extraordinario. Como todos los artistas, hizo obras mejores, peores y malas. No todo es genial: de sus 41 sinfonías, sólo son interesantes seis.
-¿Mahler sí es genial?
-Mahler escribió mucho menos que Mozart, pero le aprovechó más.
-A usted le llega al alma.
-Sí, Mahler es el autor que mejor me conoce. Cuando escucho su música tengo la sensación de que la escribía pensando en mí. Me siento tan reflejado es esa música...
-Habla también de Xan Viaño.
-Sí, me llamó mucho la atención cuando lo conocí hace años en Santiago, poco antes de morir siendo muy joven. Yo empezaba en esto y me pareció un personaje distinto. Más tarde entendí muchas de sus cosas. Deberían reconsiderarlo.
-Se ha atrevido a fimar un artículo como Horacio Oliveira.
-Es que Rayuela es uno de mis libros favoritos; es casi un manual de filosofía. No sé, se me ocurrió.
-¿Sólo oye música culta?
-No, uno de mis cantantes-fetiche es Bob Dylan. Como mis hermanos eran mucho mayores que yo, tuve la suerte de oír la música que ellos escuchaban: Bob Dylan, los Beatles, Pink Floyd... Yo me crié con esa música. A la música clásica llegué con 15 años por pura casualidad: había dejado en 2º de BUP los estudios y ese año me quedé en casa y, cuando ya había agotado mi discografía, me dediqué a escuchar la colección que tenía mi padre en el sótano. Empecé por Wagner, La cabalgata de las Valkirias, que había oído en Apocalypse Now, de Coppola, y fue como si se me despegase un velo.