ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-Hace dos años se publicó una antología suya con el título...
-...Hola, mi amor, yo soy tu lobo y otros poemas del romanticismo feroz, pero el título no es mío, lo hicieron los antólogos.
-¿A usted le gustó?
-Me gustó, porque es un homenaje a mi faceta como letrista, cuando a principio de los años ochenta hice unas letras a la Orquesta Mondragón. Hice unas cincuenta y de una de las más célebres llegamos a vender varios millones de copias; tenemos varios discos de oro con Caperucita feroz, que empezaba: 'Hola, mi amor, yo soy tu lobo'.
-Del culturalismo a lo popular.
-Siempre intenté compaginar la cultura popular, la cultura de masas, con la cultura de elite, me importan las dos de manera igual y siempre me moví por el filo de esa navaja. Hay más nexos de lo que parece entre las dos.
-Hace ahora treinta años del arranque de la Movida.
-Yo la viví muy intensamente. Hubo una exposición en Madrid hace poco sobre la Movida y el único libro que había era uno mío, Canciones, que se publicó en la colección Las patitas de la sombra, hoy inencontrable, y en el que vienen todas mis canciones de la Mondragón. Me hizo muchas ilusión porque la Movida no era un fenómeno literario, sino musical. Fue algo efímero pero muy divertido, y muy creativo.
-Es un apasionado del cómic.
-Los cómics son también muy de la Movida. Tengo una buena colección de cómics pero sobre todo lo que tengo es una gran pasión por los cómics desde pequeño. 'Este niño lee muchos tebeos y no lee libros'. Al revés, yo pasé del tebeo al libro sin darme cuenta. No son lenguajes incompatibles, al revés.
-¿Quién es su héroe?
-El Guerrero del Antifaz en el cómic español de posguerra, y en el norteamericano, Flash Gordon, dibujado por Alex Raymond; el Mandrake el Mago, de Phil Davis, y El hombre enmascarado.
-¿Cuántos cómics tiene?
-Incontables, tengo una biblioteca de miles de volúmenes.
-¿23.000 libros?
-Más, más. No quiero decir cifras, un día se me va a caer la casa.
-¿Les puso casa?
-Sí, tienen mi vieja casa, un piso de 200 metros en el que hay libros hasta en la cocina.
-¡Qué fetichismo!
-El fetichismo siempre me gustó mucho pero lo de los libros es bibliofilia.
-¿Tiene muchas joyas?
-Por ejemplo, la primera edición de Drácula, de Bram Stoker, de 1897. A mí me gusta la literatura en general y mi biblioteca tiene poco valor porque no está especializada, pero a mí se me ensancha el alma cada vez que entro en ese sancta santorum porque toda mi vida está ahí, en mi biblioteca. Tengo muchas primeras ediciones de todo tipo, por ejemplo todas las de Cadalso.
-¿Qué libro salvaría?
-Uno enciclopédico -la Británica o la Enciclopedie de D'Alambert- para que me durara. O las obras competas de Shakespeare.
-¿Maneja el e-book?
-Hasta ahora, no, ¿para qué?
-Cuando viaja, por ejemplo.
-Me gusta llevar mis libritos. Tengo toda la colección de Crisol, de Aguilar, ¿te acuerdas?
-Y de los Crisolín.
-Tengo las dos colecciones.
-Pero necesitará lupa.
-No, porque soy miope, veo perfectamente de cerca. La cultura grecolatina se salvó en los monasterios medievales gracias a los miopes; los que tenían vista cansada eran incapaces de copiar los códices. La cultura antigua pervive gracias a los miopes.
-Su pasión por los clásicos.
-Es mi profesión.
-¿No empezó por el Derecho?
-Porque en mi casa todos eran abogados y me decían que era un horror eso de que quisiera hacer Filosofía y Letras, como las niñas. Empecé Derecho, saqué muy buenas notas, pero les dije a mis padres que no quería seguir y cambié a Filosofía. Y aquello fue un placer: ¡latín, griego, literatura, lengua! Todo me fascinaba.
-También le fascina el cine.
-El cine es una máquina de contar historias y como a mí me gusta la forma tradicional de contar me gusta el cine norteamericano, los grandes clásicos: Howard Hawks, John Ford, Raoul Walsh, Billy Wilder...
-¿Su cultura es francesa?
-Yo estudié en el Pilar francés y es de lo que más he traducido, aunque también he traducido del inglés, del alemán, del italiano, del latín, del griego, del provenzal... La cultura francesa es mi segunda cultura, después de la española, y en Francia me siento como en casa.
-¿Su paso por la política?
-Fue una cosa casual, nada pretendido. Yo siempre digo lo que Borges, que 'no es el hombre el que elige, sino la puerta'. La puerta de la política se entornó y yo pasé por ella.
-¿La echa de menos?
-Nada, fue una liberación total. En 2004 ya dije que con las elecciones se acababa mi carrera política y tuve la suerte de que el PP perdiera.
-Tuvo de jefes en Cultura a Aguirre, Rajoy y Pilar del Castillo.
-Con Esperanza yo estaba en la Biblioteca Nacional y como secretario de Estado, con Castillo. En toda la historia española sólo dos veces no hubo ministerio de Cultura, y fue con Aznar. Yo le dije que era un error que la Cultura no se sentara en el Consejo de Ministros
-¿Es 'liberal-conservador'?
-Sí, con guión.
-¿De Aguirre o de Rajoy?
-Me identifico con la ideología liberal-conservadora y sospecho que los dos están bajo ese paraguas, igual que Aznar. Pero no soy de partido, no tengo carné del PP.
-Pero le hacía los discursos a Aznar, Rajoy y a Aguirre. Y llegaron a llamarle ideólogo del PP.
-Señal de que escribía bien y de que mis jefes tenían buen gusto. Pero de ideólogo, nada. A mí las ideologías me aburren.