La visita del Papa a Compostela, contra tu sempiterno escepticismo, ha concitado, querida Laila, una general complacencia. Y es natural, porque ella satisface intereses de la inmensa mayoría. De unos, porque se apuntan a la celebración del Año Santo, y de otros, porque lo hacen al Xacobeo, que son cosas distintas, aunque confluyentes y muy compatibles.
Efectivamente, el Año Santo responde a la motivación religiosa católica de asegurarse la salvación eterna, aunque el invento no está ni estuvo libre de otras connotaciones políticas. Piensa que el Camino se establece a lo largo de la frontera de la lucha contra el sarraceno y el mito en que se asienta es el de Clavijo, con su "Santiago y cierra España". El Año Santo es antiguo, lo establece Calixto II en 1126.
El Xacobeo, en cambio, es reciente y te voy a contar cómo se gestó realmente. Nace en 1993, pero fue concebido en un día caluroso de julio de 1990. El entonces Conselleiro Portavoz del Gobierno, Víctor Vázquez Portomeñe, se reúne para comer con el Secretario Xeral Técnico de su Consellería, Rubén Lois Calviño, con Manuel Silva Romero, Director Xeral de Relacións Institucionais, y con Xavier Sánchez de Dios, a la sazón jefe del Gabinete de Comunicación. Almuerzan una tortilla de patatas en un bar llamado El Portugués, cercano al Parlamento, y siguen las noticias de la tele, que ese día se explaya en los preparativos de los dos eventos estrella de aquellas fechas: la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, previstas para el 92. Comenta entonces Portomeñe la fortuna de Andalucía y de Cataluña por contar con eventos de tan ventajosas consecuencias económicas y de tanta proyección universal, y se lamenta de que Galicia no tenga una oportunidad similar. En el curso de la conversación es Rubén Lois quien sugiere la posibilidad de hacer algo similar alrededor del Año Santo próximo y se habla de que una cosa así tendría la ventaja, además, de poder repetirse cíclicamente. De inmediato Portomeñe, con la intuición y agilidad que lo caracterizan, propone tratarlo seriamente y se pasa a la acción. Así se concibió el Xacobeo que vería la luz en el 93.
Como ves, querida, el Xacobeo no es lo mismo que el Año Santo, por mucho que se asiente en la iniciativa penitencial de Calixto II. Pero precisamente por esto ambas celebraciones resultan tan compatibles. ¿Ves por qué la visita del Papa complace a todos? Porque viene a satisfacer los intereses de todos y porque le levanta la paletilla a un Xacobeo que, este año, perdía fuelle.
El peligro está en no ver lejos, en la miopía: en que la Iglesia y los católicos se conformen con el impulso que da el Papa a sus objetivos proselitistas, es decir, a la propaganda y propagación de su fe, y en que a los laicos les llegue con el incremento del turismo, la aportación al PIB y los rendimientos partidarios. Sólo con esto la cosa será flor de un día y perderemos otra oportunidad.
En cambio si, por ejemplo, el Año Santo y Xacobeo reuniesen en ecuménico encuentro a los líderes, teólogos y pensadores de las principales religiones del mundo, al menos los tres monoteísmos, junto con laicos y laicistas, para reflexionar y debatir sobre el papel de las creencias y de las ideologías, sobre los fundamentalismos, sobre las libertades, la convivencia y la paz, la cosa tendría otro calado, sin que se perjudicasen en nada, antes al contrario, los otros objetivos, más pedestres.
Me dirás que a estas alturas tal cosa no es ya posible. Pero convendrás conmigo que, al menos, podría hacerse esta convocatoria desde Santiago para el año que viene.
Una cosa así, querida, valdría mucho más la pena y tendría más largo recorrido, por lo menos en esta vida, que es la que hay.
Un beso.
Andrés