ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-¿Descubrió el mar en el Café Gijón?
-Suena a boutade, pero uno descubre las cosas cuando las desea o las pierde. Mientras vivía allí, el mar era un paisaje que no se distinguía de mi propia mirada. En cuanto cambias de lugar y lo pierdes, empiezas a recordarlo, a imaginarlo, y es cuando lo descubres.
-Se quedó para siempre en su literatura.
-Por eso, porque la materia literaria está hecha de los propios sueños y deseos.
-Su mar es el Mediterráneo, ¿qué le evoca este Atlántico?
-El Atlántico es un mar nutricio, si no fuera por el Atlántico, el Mediterráneo se secaría. El estrecho de Gibraltar es un inmenso río que el Atlántico vierte en el Mediterráneo.
-¿Hay frontera entre el periodismo y la literatura?
-En mi caso, no. A mí el periódico me ha servido de soporte para hacer literatura y mi actitud ante un papel en blanco -sea un reportaje, un artículo o una novela- siempre es la misma. Sin embargo, cuando esos escritos de prensa son recogidos en un libro, cambia el sonido de las palabras. Ocurre con mi último libro (Póquer de ases (Alfaguara, 2009): no es lo mismo leer un daguerrotipo en Babelia un sábado o un domingo que leerlos reunidos en un volumen. ¿Qué es literatura? Ver el mundo a través de las palabras y de su sonido; otra cosa es la narración, que es el don de crear personajes, de crear historias, de inventar.
-¿Cómo se ve mejor, inventando o haciendo columnismo?
-En este país no te permiten hacer dos cosas bien. Si escribes unas columnas que no están mal, ya no te dejan hacer buenas novelas: 'Es un buen articulista, pero no un novelista...' Y al revés.
-¿Y usted qué dice?
-Para mí lo ideal es una novela que quepa en un artículo. Un pequeño artículo que sea a la vez una novela, una narración, un cuento, un poema. Captar la vida en folio y medio. Lo intenté varias veces y raras veces lo conseguí.
-¿Cuándo lo consiguió?
-Lo conseguí, por ejemplo, en No pongas tus sucias manos sobre Mozart. Ahí es donde mejor me encuentro porque yo no tengo mucho fuelle ni muchas ganas de trabajar, no me gusta escribir y tener que pelearme con una historia. Lo que más me gusta de Kafka es un cuento, La condena, o La metamorfosis; de Hemingway, salvando todo lo que le sobra, El viejo y el mar, o La perla, de Steinbeck. Al final, lo que se lee son los cuentos cortos.
-A veces se abusa del lector.
-A veces es una agresión que llega incluso a la inmoralidad. Hoy no hay tiempo para nada y en una condensación de vida en dos o cinco folios todo son ventajas: el lector, agradecido, y tú, descansado. Y con un cuento también se puede pasar a la posteridad.
-¿Escribe para la posteridad?
-No, no. Todos lo niegan. Para mí la posteridad es un buen fin de semana. O una sucesión de ellos.
-¿Por qué no le gusta escribir?
-No es que no me guste escribir, es que no lo paso bien escribiendo.
-Es un hedonista.
-Por eso, lo paso mejor sin escribir, lo que sucede es que me gusta escribir.
-¿Escribe compulsivamente?
-Escribo compulsivamente. El periodismo me forzó a escribir todas las semanas y todo lo que escribo es con fecha de publicación.
-Va a más de libro por año.
-Pero las novelas, cada dos.
-¿Está escribiendo otra?
-Probablemente, todavía estoy en la primera fase de búsqueda.
-¿Nunca relee lo que escribe?
-Una vez publicado, nunca. Y las novelas, menos. Es como volver al lugar del crimen. Es siniestro y un ejercicio de narcisismo.
-González Ruano, Foxá, Camba, Pla... ¿a cuál prefiere?
-Camba es el rey del articulismo. Ruano de nada hacía un artículo, pero no era nada, era una pompa de jabón; pero Camba... Si hoy enviaras como tuyo un artículo de Camba a un periódico, lo publicarían y dirían: '¿quién es ese que escribe tan bien, de una cosa tan de ahora y es tan moderno?'. Sin embargo, Ruano hoy sería un cursi redomado. Camba es el número uno, indiscutiblemente.
-¿Y Umbral?
-Umbral era un mago de las palabras. Como escritor, como palabrista, ha sido el mejor del siglo XX, sin duda, aunque a mí no me interesaba nada.Tenía un ángel, hacía de las palabras lo que le daba la gana. Como literato, como letraherido, era maravilloso, pero a mí su mundo no me decía nada, como tampoco me interesa el de Gómez de la Serna. Sus palabras oscurecen el pensamiento y Umbral pensaba más en sí mismo y en las palabras que en la vida: desrealizaba la realidad para disolverla en sí mismo.
-Un antitaurino como usted estará relamiéndose ahora.
-No (risas), sólo escribo un artículo una vez al año contra los toros. Yo no entro en polémica precisamente porque los toros están en declive y necesitan de polémica para que la fiesta resucite.