Actriz

Blanca Marsillach: ´Mi padre fue siempre muy duro conmigo´

"Fui muy precoz e hice siempre lo que quise. No me arrepiento, que me quiten lo 'bailao"

19-03-2010  
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La actriz Blanca Marsillach. / la opinión
La actriz Blanca Marsillach. / la opinión 

Es difícil llevar el apellido cuando se es hija de Adolfo Marsillach (1928-2002) y, encima, ha sido un padre severo y ausente. Blanca Marsillach (1966) trata de reconciliarse con él y de ver los aspectos favorables: "Fui una afortunada, viví rodeada de gente interesante"

ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA Blanca Marsillach se escurre como una anguila. Aplaza sucesivas citas para la entrevista, no está de humor para dejarse fotografiar y, al final, la charla es por teléfono y sin posar. La actriz se apacigua a medida que avanza la conversación. Con ese apellido, es inevitable hablar de la familia, así que el diálogo adquiere tintes casi freudianos.

-¡Qué mujer tan difícil!

-Es que me has pillado en un mal momento. Tuve un problema personal y me está resultando un poco angustioso.

-Vaya, lo siento.

-Nada, ya está.

-Además de actriz, ha decidido ser empresaria, ¡qué valor!

-La verdad es que es mucho trabajo y mucho estrés pero sería peor no tenerlo.

-Tiene su propia compañía y gestiona el Teatro Fígaro-Adolfo Marsillach.

-Ahora estoy volcada en programas interactivos a través del teatro, uno sobre violencia de género que estamos llevando a distintos escenarios de España, y otro destinado a jóvenes discapacitados, en el teatro de Madrid que lleva el nombre de mi padre y que lo patrocinan las fundaciones Repsol y Esther Koplovitz.

-Llama a lo que hace teatro 'terapéutico', estará muy solicitada.

-Llegamos en el momento adecuado. Tal como está el patio -a todos los niveles- hay que reforzar continuamente la autoestima y mantenerla bien alta.

-¿Cómo está la suya?

-Unos días mejor que otros pero, por regla general, bien. Ahora, me la curro, no es gratis.

-¿A base de qué?

-Rezo, tengo fe, hago deporte, intento reírme y trato de dormir lo suficiente, aunque no siempre lo consigo.

-¿Sale mucho de noche?

-Por las noches termino muerta y no salgo, a no ser que tenga un compromiso. No me gusta salir; ya salí todo lo que tenía que salir.

-Siendo muy joven era musa de la noche de Madrid.

-No sé si musa, pero cañera, desde luego que sí.

-Tenía 18 años y ya reinaba en Malasaña.

-Sí, me había instalado allí, en una buhardilla de mi padre. Y más joven todavía, fui bastante precoz. Mi padre me decía 'qué vas a dejar para luego si quemas todas las etapas ahora'. Y yo pensaba 'ya vendrán otras'.

-¿Las quemó todas?

-Claro que sí, quemé todas las que la vida me puso por delante, pero siempre quedan otras. Es un topicazo decir que en la vida hay etapas, eso está bien si eres una persona convencional, pero ya sólo por haber nacido en la familia en la que nací, en la que la convención brillaba por su ausencia... Yo me eduqué en la libertad, hice siempre lo que quise y unas veces me salió bien y otras, no tan bien, y no me arrepiento de nada: que me quiten lo bailao. Entiendo a mi padre pero yo, como quien oye llover.

-'Yo me crié entre tatas. Mi padre siempre estaba de gira y mi madre llegaba oliendo a Opium'.

-(Risas) Sí, sí, sí, estaba siempre trabajando y me crié con nuestra tata, Teresa. Pero tuve una educación perfecta, no la cambiaría por nada. El pasado no se puede cambiar y lo importante en la vida es sacar las cosas buenas de todo. Fui muy afortunada porque viví rodeada de gente interesante y eso me permitió llegar a ser la mujer que soy.

-Ser hija de Adolfo Marsillach no debe ser cómodo.

-¡Ay! Yo ya no sé si es cómodo o incómodo, lo que sé es que trabajo como una bestia y no tengo tiempo para plantearme esas cosas. Cada día tengo más claro que yo soy su hija y que soy hija de mi madre, Teresa del Río, pero yo soy yo, Blanca, y la primera que tiene que cortar el cordón umbilical soy yo, y lo corté. No soy ni mejor ni peor pero lo que no quiero ser es comparada, y yo no me comparo.

-¿Ni con su hermana Cristina?

-No, en absoluto.

-Ella es también actriz.

-Mi hermana se dedica más al cine que al teatro.

-Son una familia de actores, incluso su madre.

-Papá era escritor, actor, director. No somos ingenieros de caminos, canales y puertos; venimos del mundo de las letras y del arte.

-¿Leyó las memorias de su padre, Tan lejos, tan cerca?

-A medias.

-¿Le cuesta?

-Al principio, no las leí y me cabreé con él porque hablaba muy poco de nosotras. Las leí después, como leí el resto de sus obras, no cuando estaba él.

-¿Le hubiese gustado actuar con él?

-Mucho. Ahora estoy haciendo Una noche blanca con los clásicos, un montaje tomado de una obra que hizo él y sale en una proyección, como hizo Natalie Cole con su padre. Hay momentos en que parece que está presente y se establece cierta química. La ventaja es que no puede decirme nada.

-¿Intenta reconciliarse con él?

-Llegué a tiempo a reconciliarme con mi padre, lo que pasa es que él fue muy duro y muy crítico conmigo. Yo decidí que las cosas fueran de otra manera y le puse un teatro con su nombre. Creo que soy una hija ejemplar, que estaría muy orgulloso de mí y de lo que hago.

-¿Hace todo eso para que la quiera más?

-No puede, yo ya siento su amor, no necesito que me haga un recibo.

-¿Fue un padre ausente?

-Es mejor tener un padre ausente y que te marque y no tener uno presente y que no te deje huella.

-Eran muy pequeñas cuando se separó de su madre.

-Yo tenía cuatro años.

-Era un gran seductor.

-Sí, era un gran seductor.

-Le encantaban las mujeres.

-Era un coqueto tremendo. Le encantaban las mujeres y las entendía muy bien. Le interesaba mucho más el mundo de las mujeres que el de los hombres.

-No le gustó que usted se desnudara para Interviú.

-No, no le gustó nada pero todos hacemos en algún momento algo que a los padres no les gusta. ¿Lo volvería a hacer? Pues no, pero lo hecho, hecho está.

-Umbral la encumbró por entonces en una entrevista.

-Siempre tuvo palabras muy bonitas para mí. Umbral y yo tuvimos una historia idílica y platónica, una atracción entre rebeldes. Le hacía gracia que fuera tan disparatada de jovencita y me pusiera el mundo por montera.

-'Yo siempre he sido la mala, la oveja negra, la hermana maldita', le confesaba a Umbral.

-¿Decía yo eso? Es que en esa época lo era, era así, no me estaba inventado nada.

-Vivió ocho años en EEUU, ¿por qué?

-Me fui en 2002, hice allí teatro y me quedé por amor.

-¿Qué la trajo de nuevo?

-La muerte de mi padre.

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