ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA
-¿De pequeña era la típica niña que cantaba para las visitas ?
-(Carcajada) En visitas y celebraciones familiares en general. O en misa.
-¿En misa?
-Sí, fui directora del coro de misa unos cuantos años y ahí me fichó la orquesta con la que yo empecé a cantar a los 17 años, la Orquesta Jamaica, con la que iba de verbena en verbena.
-Camino lógico, después de tener como profesor al pianista de El Plata, de Zaragoza, cabaré mítico donde los hubiera.
-Sí, pero también tiene su guasa que me ficharan como cantante profesional en misa. Es curioso, porque luego salí rebotada de todo eso, como es de suponer, pues no fui a un colegio de monjas.
-Estuvo en una rondalla, fue vocalista pop, actriz, cantó zarzuela, hizo cabaré...
-Por eso mi música es como es. A la gente le despista, y hasta le fastidia, no poder clasificarme. A ver quién es el valiente que se atreve pone una etiqueta a mi música.
-Alguien se habrá atrevido.
-Me han dicho de todo. Me han llamado la jotera del siglo XXI, pero lo curioso es ir a una tienda de discos y buscar los míos. En cada tienda los tienen en un apartado diferente: en unas, en músicas del mundo; otras, en jazz; otras, en pop; otros, en folk. Para todos los gustos.
-Es que su música es eso y más. ¿Qué ritmo aún no incorporó?
-Me falta indagar en los tesoros de la India. Hice un amago de acercamiento pero requiere mucha profundización.
-¿Sus primeras influencias en Zaragoza?
-Empecé cantando jotas porque mi padre era del Bajo Aragón. Yo crecí en Utebo, un pueblo cerca de Zaragoza, estudiando piano y guitarra en el conservatorio, yendo a bailar la jota a la rondalla y, con 14 años, en el instituto, empecé a conocer la música de cantautores y la canción protesta de la época de los hippies; Sabina y La Mandrágora. Hasta que a los 17 la Orquesta Jamaica me propuso cantar el repertorio de verbena: los éxitos del momento, rancheras, boleros, zarzuelas, música ambiente; vamos, que conocí todas las músicas.
-Hasta que decidió poner patas arriba la jota.
-Me parecía muy importante, ante la aplastante colonización cultural que padecemos. La influencia de los modelos anglosajones es cada vez mayor y la mayoría de la gente joven intentar copiarlos, hay muy pocos artistas que arriesguen y reivindiquen las señas de identidad cultural. La riqueza de la península Ibérica es inconmensurable, no sólo hay flamenco.
-¿Los puristas la han puesto verde?
-Algunos, sí, pero yo quería que la gente se diera cuenta de que dentro de las músicas del mundo que vienen de otros países, y que son músicas de raíz actualizadas, también cabe la jota. La jota está en el origen de muchas de las músicas que conocemos: está en la zarzuela, en el chotis... La jota es un género que se canta en toda la península Ibérica y el fado se parece a la jota. En fin, que es una seña de identidad cultural muy fuerte como para dejarla ahí, abandonada y cubierta de caspa y de moho. Y, en el caso de mi tierra, que es tan determinante del carácter lo que dicen las coplas, la manera de cantarlas es una seña de identidad muy fuerte...
-¿'Ya no saben los tomates a tomates'?
-¡Jo, qué pena! Cuando vives en la capital, si te has criado en un pueblo dices ¡madre mía!, pero si nos saben las cosas a na, y ¿de qué estará hecho esto, llevará petróleo?
-¿'Ni se hacen trovas como las de antes'?
-No, desde que el mercado manda en todos los aspectos de la vida, la música, que es un reflejo de la sociedad, no iba a ser menos. Hay que encontrar una fórmula que funcione masivamente y promocionarla. Eso acaba con las culturas.
-¿En qué condiciones se fraguó su último disco, InCubando?
-Me fui a La Habana porque tuve la fortuna de que un productor de Madrid me ofreció un apartamento allí y porque no había manera de componer estando en Madrid, con el teléfono y la cantidad de cosas en las que me embarco. Me fui con mi visado de turista y estuve dos meses, volví y me fui de nuevo otros dos meses en 2007. Allí incubé, hice vida de barrio, conocí a gente y estuve cantando en los sitios más insospechados: ¿que había una jam session?, allí iba yo y cantaba; ¿que había una fiesta de los empleados de un matadero de cerdos en las afueras de La Habana?, pues también iba y les cantaba unos boleros.
-¿Hizo el disco enamorada?
-¡Sí!, ¿se nota? Se nota muchísimo (grandes carcajadas)...
-No hace mucho se quejaba de tener que renunciar a la estabilidad emocional por su carrera.
-Porque llevaba años dedicándome exclusivamente al trabajo y una mujer independiente, en esas circunstancias, es muy difícil que encuentre a alguien. Estuve de un lado para otro y apenas tuve tiempo para la vida personal y, al llegar a La Habana y frenar ese trajín, di pie a que surgieran cosas creativas y amorosas, también.
-¿Encontró al fin un hombre como el que quería, con 'el principio femenino desarrollado'?
-Yo creo que sí. En eso estamos, pero hay que trabajarlo. Por ambas partes, claro.
-¿Va a hacer niños en lugar de canciones?
-Si vienen... Yo no estoy poniendo ningún impedimento. Me encantan los niños.