ANDRÉS CEPADAS
Cuando hay hambre en casa, querida Laila, no se le puede dar chocolate al loro. Sobre todo si tenemos tantos loros, que acumulamos chocolate para exportar. Por eso hicieron bien los diputados del Congreso en rebajarse el sueldo, por mucho que el ahorro resultante de este "sacrificio" concreto nos parezca que pesa poco en la cuenta de resultados. Y no me interpretes mal, mi cabreada amiga, que yo comparto contigo la convicción de que la medidas y recortes del gobierno, puede que sean inevitables, sólo porque mandan los que mandan, pero en absoluto son justas o racionales y, desde luego, no serán eficaces, sobre todo si se quedan en lo que son: una vuelta de tuerca más sobre los más pobres y las clases medias (por este orden) para garantizar la acumulación, la buena vida y el despilfarro de los ricos. Pero, aún así, permíteme que te apunte una pequeña parte del chocolate que podríamos ahorrar sólo con ajustar un poco la alimentación del enjambre de loros que revolotean, orondos, en esta selva que es España. Y para esto no hace falta decirse socialdemócrata.
Imagínate una ley que establezca que ningún cargo público pueda recibir retribuciones de las arcas del Estado superiores al 95% del salario bruto del presidente del Gobierno (92.000 euros). Bono, por ejemplo, tendría que rebajar 100.000 euros de sus retribuciones anuales. Yo no sé cuánto chocolate supondría todo esto, pero es probable que se pudiera alcanzar un ahorro no lejos del que conseguimos congelando las pensiones de nuestros jubilados (500 millones de euros), si pensamos que sólo el número de asesores en España ronda los 5.000, que son muchos loros.
¿Y qué me dices de las asignaciones a la Iglesia católica, que recibe al año más de 5.000 millones de euros, sólo de la Administración central? Es verdad que con este dinero la Iglesia presta valiosos servicios sociales, pero ¿no podría recortárseles algo, aunque fuera poco, ya que la caridad de los obispos no llega al nivel de la solidaridad de los diputados y están en esto callados como muertos, cuando suelen ser tan locuaces? Con los obispos habría que hacer cómo se hizo, por ejemplo, con la ayuda al desarrollo a la que se le recortan 600 millones de euros, lo que va en detrimento de la lucha contra el hambre en el mundo, que nos cabrea a todos, y a Jeremy Irons. Sólo con que se les suprimiera lo que reciben cada año del presupuesto (160 millones de euros), el recorte a la ayuda al desarrollo podría ser la mitad del que es y, por otra parte, los obispos podrían cumplir, aunque tarde, el compromiso contraído en 1988 de buscarse mecanismos de autofinanciación en tres años, como sería normal en un Estado aconfesional. Conviene señalar que este dinero lo reciben de los contribuyentes, no de los católicos, que no contribuyen más por serlo. Mucho loro sagrado, también, en este país.
Asimismo, se traga mucho chocolate de Dios el ingente número de loros que se dedican al fraude fiscal, del que el Gobierno no dijo ni palabra. El fraude en España llega al 20% del PIB, lo que viene a decir que se le birlan a Hacienda más de 52.000 millones de euros cada año. Solo con rebajarlo cuatro puntos en dos años, no haría falta congelar el salario de los funcionarios. Y yo sé, querida, que esto tiene sus dificultades, pero también sé que es como los accidentes de tráfico: se reducen porque se vigila mucho, se sanciona bien y se hace buena pedagogía. Justo lo que Hacienda no es capaz ni siquiera de plantearse con seriedad.
De que paguen más impuestos los que más ganan, que sería lo justo y razonable, ya ni hablo, porque llega con el chocolate del loro para ver hasta dónde llega la derrota, en España y en Europa, de la llamada socialdemocracia, concepto que se pierde en su propia polisemia.
Un beso.
Andrés