RUBÉN D. RODRÍGUEZ | A CORUÑA
-"El deporte está para divertirse, no para crear falsas ilusiones a nadie", dice un personaje de su libro. ¿Es ésta la esencia del fútbol?
-En el fútbol te das cuenta de que hay que olvidarse de querer ser un Maradona. Si eso se inculca, perjudica a los pequeños desde que empiezan. A ellos les gusta jugar al fútbol y quieren ganar, no hay que complicárselo más. Se trata de pasarlo bien con los amigos y competir.
-Insiste mucho en que el fútbol, el deporte, debe educar, ante todo.
-Cuando me metí en el mundo de fútbol era totalmente desconocido para mí y una vez dentro me di cuenta de su importancia como vehículo para la educación. Vi que tenía una gran oportunidad para formar a los jóvenes que no podía desaprovechar. Sobre todo porque los niños tienen ilusión por jugar al fútbol, no es gente que hace algo sin entusiasmo. A partir de ahí, de esa ilusión tan clara, se desarrollan comportamientos formativos como persona.
-Toda la vida enseñando y ejerciendo como abogado y se decide a fundar un club de fútbol. Y le enganchó.
-Implica mucho. Ves la ilusión de los más jóvenes... Una vez dentro de un club modesto cuesta mucho dejarlo.
-¿El deporte es también una escuela de la vida?
-El deporte es una escuela que prepara a las personas para su propia vida. Enseña a saber ganar, perder, disfrutar, sufrir...
-Y de todo eso, ¿qué es lo más importante?
-Ser inteligente en la vida y vivirla disfrutando de ella siempre. Esa es una asignatura que hay que enseñar siempre desde que se es pequeño.
-Pero la competitividad del fútbol también crea vicios.
-A pesar de ciertos problemas que genera, siempre ayuda. Por muy difícil o problemático que pueda ser un chico, no lo va a ser más por culpa del fútbol.
-Por el libro flota el espíritu de don Quijote. ¿Crear y criar un equipo es como luchar contra molinos de viento o contra gigantes?
-Los que empiezan desde abajo, como el equipo del Trueno, o el Marola en su día, tienen dificultades para progresar porque no les dejan los que están arriba. Los molinos de viento están en todos los órdenes de la vida, son inconvenientes que nos entorpecen el camino y a veces los consideramos unos gigantes.
-¿Qué fue lo más difícil en su debut como novelista?
-El mayor reto fue el uso del lenguaje. Todos los días hago textos jurídicos e intenté hacer un texto sencillo y rápido, que llegara a jóvenes y a mayores. He exagerado algunas experiencias para hacerlas divertidas, pero humanizándolas.
-¿Quiere escribir más?
-Tengo alguna idea. Puede ser. He hecho ensayos y textos sobre educación y ni siquiera El Trueno es una novela sino relatos breves recopilados.
-¿De qué habló con Francisco Vázquez en la presentación del libro, en el que él también aparece?
-Hablamos poco, pero con él coincido en la lucha por que cualquier niño de la ciudad que quiera hacer deporte lo haga, porque es bueno en ello o porque tiene la ilusión de jugar. Porque el deporte es un medio de formación de los jóvenes.