ANDRÉS CEPADAS
El problema, querida Laila, no está en que venga el Papa, sino en quien paga el viaje y por qué. El Estado (Xunta y Gobierno central) sabe que no puede justificar el desembolso de dinero público para financiar la visita papal con los objetivos, naturalmente, de carácter religioso y pastoral que la Jerarquía católica tiene para este viaje y, en consecuencia, esgrime efectos colaterales positivos de carácter económico para argumentar la financiación. Fíjate, querida, que hablo de objetivos de la Jerarquía, porque lo cierto es que hay también muchos católicos que no comparten esos objetivos ni se congratulan de la visita de un Papa como este. Pero bueno, eso es asunto de los católicos. El problema de los ciudadanos, católicos o no, está en saber si debemos de pagar, entre todos, esta operación básicamente religiosa, en virtud de que nos aportará beneficios económicos que harán nuestro desembolso rentable. Para esto deberíamos tener las cuentas claras y, desgraciadamente, no lo están en absoluto. De salida, sólo sabemos que la Xunta dedicará tres millones de euros al evento, básicamente empleados en la retransmisión por televisión de la visita y en su cobertura informativa, pero a nadie se le escapa que esta es una pequeña parte del gasto que se va a producir y que se está produciendo ya. No podemos olvidar que elementos como la preparación, la logística y la seguridad son partidas costosísimas de dinero público, que nadie aclara, muy superiores a la cantidad que dice aportar la Xunta. Por lo tanto sabemos que el asunto nos va a costar mucho dinero, pero no sabemos cuanto y creo que ni siquiera lo saben, con precisión, los que han decidido el gasto antes de hacer cuentas. Ahora, eso sí, nos anuncian que la cosa va a ser muy rentable en difusos términos de promoción, imagen y hasta en crecimiento de nuestro PIB, sin especificarnos ni el cuanto y ni el en qué. Supongo que ya habrá alguien que esté estudiando este asunto, pero dudo mucho que le salgan bien los números, habida cuenta de la opacidad de los datos y la difusa volatilidad de los presuntos resultados.
En todo caso, es congruente pensar que la visita tendrá una repercusión mundial importante y que, aunque de modo secundario, esto proyectará la imagen de Santiago y de Galicia al mundo. Y digo de modo secundario porque lo central va a ser la imagen del Papa, lo que diga o haga y, sobre todo, el mensaje ideológico y la exhibición de peso y de fuerza que la Iglesia católica presentará urbi et orbi. Hay que tener en cuenta, además, que Santiago y Galicia sólo estarán, y como mero telón de fondo, ocho horas de las dieciséis que durará el espectáculo entre Santiago y Barcelona. Esto quiere decir, querida, que algún beneficio sacaremos de todo esto porque se nos verá, se nos nombrará e incluso se nos encomiará, pero dudo mucho que para esta promoción, secundaria y de un día, valga la pena o se pueda justificar con racionalidad el gasto, el esfuerzo y el trágala de mensajes que, por muy respetables que sean, no son ni tienen por que ser compartidos y de patrimonio civil, que es el que se invierte.
El gran negocio, en cambio, lo hace aquí la Jerarquía católica que cumple con creces su objetivo de lanzar su mensaje ideológico que, por cierto, en estos momentos al menos, tiene un contenido especialmente conservador y reaccionario, que lo hará sin cortarse un pelo y que, además, le saldrá prácticamente gratis. Por eso los grandes beneficiarios de esta operación serán, con la jerarquía, los sectores católicos más fundamentalistas, los nostálgicos del nacional catolicismo y los círculos de la derecha más conservadora. A los demás, querida, nos queda el papel de paganos, en todos los sentidos.
Un beso.
Andrés