Carlos Álvarez Pérez Investigador

"Los investigadores no hacemos las Américas, trabajamos 12 horas y fines de semana"

El ourensano forma parte del equipo del Hospital Monte Sinaí de Nueva York que ha descubierto los efectos terapéuticos de una planta para combatir la diabetes

20.09.2015 | 01:29
Carlos Álvarez, en Central Park y con el Mount Sinaí a sus espaldas.

Como el hallazgo de una aguja en un pajar pero con beneficios para toda la humanidad. Hace unos meses, la prestigiosa revista Nature Medicine revelaba los resultados de un estudio liderado por el Hospital Monte Sinaí de Nueva York en el que, tras analizar 100.000 compuestos, se descubrió que uno solo de todos ellos, la harmina, puede ayudar en la lucha contra la diabetes, una enfermedad que afecta a 380 millones de personas en el mundo. En la investigación participaron varios españoles que trabajan en el reputado centro, entre ellos, el gallego Carlos Álvarez Pérez (Ourense, 1981), que se ocupó de realizar los estudios experimentales en células humanas trasplantadas en ratones.

Formado en el campus compostelano, se trasladó a la Gran Manzana en 2012 desde la Universidad de Pittsburgh junto con su jefe de grupo allí, el madrileño Adolfo García Ocaña, y el responsable del departamento de Endocrinología, Andrew Stewart, quien fichó por el Monte Sinaí para poner en marcha y dirigir el Instituto de Diabetes, Obesidad y Metabolismo.

La prometedora molécula que han descubierto se obtiene del harmal, una planta originaria de Oriente Medio, y es capaz de multiplicar las células beta del páncreas, las únicas del cuerpo humano que secretan insulina y cuyo número desciende "drásticamente" en pacientes con diabetes.

Carlos analizó su impacto en muestras de tejido humano trasplantadas en el riñón de ratones inmunodeprimidos. "Los resultados iniciales son muy prometedores y ahora estamos en una nueva fase para determinar sus efectos secundarios pues también hemos detectado, por ejemplo, que conlleva actividad a nivel cerebral. El objetivo es determinar si podemos dirigir la harmina al páncreas de forma directa", explica.

"Hay que seguir investigando, la media de un fármaco hasta que llega al mercado es de 10-15 años pero motiva comprobar que lo que estás haciendo es útil. Desde que empecé a estudiar Biología siempre me ha gustado la sensación de moverme en el borde del conocimiento, donde cualquier descubrimiento puede ser solo tuyo", reconoce Carlos, que también estudia el papel terapéutico de otras moléculas como el HGF en la regeneración de células beta.

La Little Spain en la que trabaja el ourensano -"Cuando viene el jefe [Stewart] nos habla en español", bromea- se extiende por el edificio de la Escuela de Medicina Icahn, del Monte Sinaí, cuyo servicio de cardiología dirige Valentín Fuster: "Tengo muy buena relación con su mano derecha, el doctor Juan Badimon, y hemos visto partidos de fútbol juntos".

A pesar del buen ambiente y la oportunidad de participar en estudios de repercusión mundial, Carlos ansía el regreso a España: "Estoy bien considerado y me quieren promocionar, pero me gustaría producir para mi país. Nos vamos porque no hay salidas para los doctorados y aquí tenemos la oportunidad de formarnos pero no venimos a hacer las Américas. Trabajamos 10-12 horas diarias y también los fines de semana por un sueldo que gana un camarero. Solo nos compensa porque tenemos una vocación muy fuerte. No hay postdocs estadounidenses porque prefieren trabajar en empresas. Los españoles debemos de ser una de las nacionalidades más altas tras los chinos".

Nunca solicitó el voto por correo desde que llegó a EEUU en 2011, pero este año será diferente. "Espero que haya cambio tras las elecciones generales y creo que el 99% de los investigadores que están en el exterior quieren lo mismo. En mi grupo de amigos hablamos mucho de política y resulta difícil imaginarse ir a peor", critica.

Entre las cosas mejorables de España sitúa la sanidad, aunque el ourensano reivindica sus bondades frente a la estadounidense: "No sabemos la suerte que tenemos. Aquí no existe la tranquilidad de ir al hospital confiando en que serás atendido. Lo primero que piensas es cuánto te va a costar una operación o un tratamiento. A mí me acaban de reconstruir los ligamentos del tobillo en Monte Sinaí. Tengo un buen seguro gracias al trabajo pero solo buscar qué especialistas te cubre ya es un lío. Los pacientes no pueden ser mercancía, porque nunca son un buen negocio".

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