Luis Montes Médico y presidente federal de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD)

"La Justicia es como un médico, depende de la sensibilidad del juez que te toque"

"Todos desearíamos morir de forma tranquila, lo más rápidamente posible" - "Basta ya de católicos y topicazos, vamos a abrir el debate de la muerte digna"

15.10.2015 | 01:41
El doctor Luis Montes, en el Antiguo Instituto.

Luis Montes Mieza (Villarino de los Aires, Salamanca, 1949), médico anestesista, es presidente federal de la asociación Derecho a Morir Dignamente desde 2009. Estuvo un lustro como coordinador del Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés hasta su destitución en 2005.

-El caso de Andrea Lago ha vuelto a poner de actualidad el debate.

-El tema está en la ciudadanía y además interesa. Los padres de Andrea han tenido que utilizar los medios como mecanismo de persuasión social. Desde la asociación se entiende, porque los medios difunden las ideas. Pero aquí hay un protagonista que es el sufrimiento y no nos parece que se tenga que reabrir el debate por casos en los que hay un protagonista, ni que se deba dar testimonio a los padres sobre las vicisitudes que han tenido para lograr la retirada del sostén vital.

-¿Sufrimiento de la niña o de sus padres?

-El mejor interés lo tiene siempre la familia. Llegar a entender que el mejor interés para Andrea era finalizar la vida lleva un coste de sufrimiento intenso.

-El Comité de Bioética accedió. ¿Quiénes lo forman?

-Lo componen profesionales, no solo médicos. También servicios sociales, servicios jurídicos. Todos interesados por la bioética. En algunas autonomías como Madrid es obligatorio que esté el capellán del hospital.

-¿Quien dice estar en contra lo está solo por cuestiones religiosas?

-Lo separaría. Desde 2002, en Bélgica, la eutanasia activa no es una conducta delictiva. Decimos que España es católica pero Bélgica también. Allí no existe un servicio público como en España, la mayoría son concertados, incluso la mayor red de hospitales concertados es de Cáritas Bélgica, de clara tendencia católica y en los hospitales se acepta el protocolo de muerte a petición.

-Nos llevan ventaja.

-A finales de 2013 se amplió el protocolo para la edad pediátrica. Hubo una encuesta de opinión, luego una votación, en la que la mayoría de los belgas estaban por ampliarlo. Después hubo debates con profesionales, los expertos en bioética y luego la sesión en el Congreso fue televisada. Un acto democrático, claro.

-¿Llevaría a referéndum en España la muerte digna?

-La clase política no está acostumbrada a pedir opinión. Se nos pidió para la OTAN y como el margen fue escaso han decidido no preguntar nunca más. Ahora vamos a un proceso electoral y parece que el bipartidismo va a desaparecer. O al menos eso me gustaría. Es muy importante que los partidos entren en esta cuestión porque es una petición de la ciudadanía.

-¿Por eso está en Podemos?

-Estoy como militante. Nada más. Estos últimos años ha habido una respuesta ciudadana a los problemas del país y entrar en una nueva organización cuya base plantea la participación era aportar un grano de arena.

-En 2011 estuvo a punto de proponerse una regulación nacional sobre muerte digna. ¿Se acercaba a su objetivo?

-No cambiaba nada. Era hacer desde el ámbito estatal lo que han sido las regulaciones de muerte digna autonómicas pero no entraba a cambiar el Artículo 143 del Código Penal (que pena la inducción al suicidio).

-¿Entonces qué persigue su asociación?

-Estamos ante un ordenamiento jurídico punitivo mientras que nosotros creemos en la disponibilidad de la propia vida. Nuestro punto importante es despenalizar los modos que tenemos para disponer de la propia vida: la eutanasia activa y el suicidio asistido.

-En 2013 solo se habían redactado unos 150.000 testamentos vitales.

-Habría que actualizarlos porque la ciudadanía se está sensibilizando un poco más. El testamento vital es un derecho que tenemos y no se ha hecho pedagogía, ni explicado su utilidad, ni cómo, ni cuándo se hace.

-¿Equipara muerte asistida con eutanasia?

-La diferencia está en el papel que juega el colaborador necesario. En uno, el colaborador da la muerte solicitada a petición reiterada y con motivación solidaria, altruista y de justicia. En el suicidio asistido lo que se hace es procurar los medios necesarios para que al ciudadano se cause la muerte.

-Eso implica obligar a un tercero a cometer el acto?

-Entra dentro de la relación entre médico y paciente. Sería dentro de su ética y cabría entonces una motivación moral, confesional o de libertad de conciencia. Libertad de conciencia para todo el mundo. Esto sería plantear objeción de conciencia. Por ejemplo, para hacer una interrupción del embarazo no se obliga a nadie.

-Con una sanidad y justicia descentralizadas se lo ponen a ustedes más difícil, ¿no?

-Nuestra labor en cada autonomía es asesorar, apoyar y reivindicar. Te mueras donde te mueras en este país se muere mal.

-¿Cree en la Justicia?

-La Justicia la tenemos como un paradigma. Tenemos muchos casos prácticos con corrupción, temas políticos? Hay que tenerla como un tópico, ya llegará la Justicia, decimos. Es como ocurre con los médicos, todo depende de la sensibilidad del juez que te toque.

-¿Miedo a la muerte?

-No entra en las conversaciones cotidianas pero todos sabemos cómo desearíamos morir: de forma tranquila, lo más rápida posible e inevitable. Somos maduros para saber lo que queremos. Basta ya de católicos y topicazos. Vamos a abrir el debate.

-Hay a quien le seguirá pareciendo usted un asesino.

-La colaboración a la petición voluntaria de ayuda de un enfermo con intenso sufrimiento es un acto de amor.

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