Una científica llamada Madariaga

El nombre de Pilar de Madariaga, dedicada a la ciencia en el primer tercio del siglo XX en el Madrid liberal, culto y republicano ligado a la Institución Libre de Enseñanza, y donde las mujeres progresistas trataban de romper tabúes, pasó inadvertido, quizá eclipsado por el de su célebre hermano, el humanista coruñés...

20.10.2016 | 21:04
Pilar y Salvador de Madariaga, en A Coruña, en 1976.

El nombre de Pilar de Madariaga, dedicada a la ciencia en el primer tercio del siglo XX en el Madrid liberal, culto y republicano ligado a la Institución Libre de Enseñanza, y donde las mujeres progresistas trataban de romper tabúes, pasó inadvertido, quizá eclipsado por el de su célebre hermano, el humanista coruñés Salvador de Madariaga. Química de profesión, trabajó en el ámbito de la espectroscopia, cuyos conocimientos y teorías adquirió en Estados Unidos, donde se exilió tras la Guerra Civil. Regresó a España al jubilarse, en 1968, y se instaló en la capital de España, sin dejar de venir a A Coruña

Tiene calle en Madrid, pero no en A Coruña, a pesar de su ascendencia y de haber sido una eminente científica en tiempos en los que era raro que una mujer española llegase a desarrollar una carrera profesional. El nombre de Pilar de Madariaga Rojo, hermana menor de Salvador -catedrático de Literatura en Oxford, uno de los padres de la Unión Europea y antes ministro y embajador de la República- permanece en la zona oscura de la historia, que suele escribirse en masculino y desde el punto de vista del vencedor. Química de profesión, formó parte del equipo del prestigioso científico Miguel Ángel Catalán, con el que firmó algunas investigaciones en el campo de la espectroscopia, cuyas técnicas había traído de Estados Unidos, donde se formó. Sin embargo, Pilar haría después un viaje similar al de su hermano Salvador, al dejar el mundo de la ciencia por las letras.

Pilar se crio en un ambiente liberal, republicano e ilustrado, cercano a la Institución Libre de Estudiantes, en un clima familiar en el que la formación académica y el conocimiento de los idiomas era primordial. Tres de los hermanos fueron ingenieros de Minas, entre ellos Salvador que, tras conseguir la titulación siguiendo el deseo paterno, decidió apartarse de la profesión y volcarse en su vocación literaria y las humanidades.

Pilar, con Ascensión y Asita, fueron las tres únicas mujeres entre los diez hijos que tuvieron José de Madariaga Castro, un militar liberal de madre coruñesa, y Ascensión Rojo Regi. Las distintas residencias de la familia, a causa de los destinos del padre, hicieron que Salvador naciese en A Coruña, donde aún tienen raíces los Madariaga, y Pilar, en Madrid, en 1903.

Del ambiente en que vivió da noción la trayectoria de su hermana Ascensión, una de las fundadoras, en 1926, del Lyceum Club Femenino, una asociación cultural feminista impulsada por María de Maeztu, que fue su presidenta hasta 1939, año en el que, con la derrota de la República, se desmanteló. Siguiendo el modelo del primer lyceum creado en Londres, su objetivo era defender los intereses morales y materiales de la mujer, a través de iniciativas económicas, científicas y artísticas. Permisivas con las relaciones lésbicas, entre sus socias, de alto nivel social y cultural, figuraban Carmen Baroja, Clara Campoamor, Zenobia Camprubí, Ernestina de Champourcín, Victoria Kent o María Teresa León.

Pilar de Madariaga, que hoy da nombre a una calle en Vallecas, estudió en el Colegio Alemán, de Madrid, y en el Instituto Cardenal Cisneros. Licenciada en Químicas en 1929, perteneció a la Asociación Española de Mujeres Universitarias, creada por María de Maeztu en 1920, cuando había 345 universitarias en el país.

Fue becada por el Vassar College, una prestigiosa universidad de mujeres en el Estado de Nueva York, donde alargó su estancia con una beca de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE), vinculada a la Institución Libre de Enseñanza que presidía Santiago Ramón y Cajal y que, con el triunfo de Franco en la Guerra Civil, también fue borrada del mapa. Pilar fue en la década de los años veinte una de las diez únicas becadas por la JAE.

Tras pasar por la universidad de Stanford (California), estudió tres años en la de Columbia (Nueva York) Espectroscopia y Óptica Física, cuyos conocimientos y técnicas aplicó a su regreso a España, por ejemplo en el análisis de la concentración de mercurio en el aire en las minas de Almadén, lo cual representó un avance respecto a los métodos utilizados en la época.

Entre 1932 y 1936 fue investigadora de la sección de Espectroscopia del Instituto Nacional de Física y Química en el equipo de Miguel Ángel Catalán, con el que publicó resultados de sus investigaciones en en este campo. Afiliada a la rama de enseñanza de la UGT, fue catedrática de Física y Química en el instituto de Puertollano (1933-1934) y, en plena guerra, en 1937, cuando estaba encargada de un orfanato en Alicante, rechazó la oferta del Vassar College para dar clases, por considerar que en ese momento era más útil en España.

Al acabar la contienda, se exilió en Estados Unidos y dio un giro a su carrera profesional. Dejó la ciencia por las letras y se doctoró en literatura en Middlebury College y, para cerrar el ciclo donde había empezado, se fue al Vassar College a dar clase de literatura española. Estuvo allí hasta su jubilación, en 1968, año en el que regresó a España para vivir a Madrid. Desde entonces, hizo algunas visitas a A Coruña, la última, en verano de 1976, cuando acompañó a su hermano, Salvador de Madariaga, a la inauguración de la exposición documental y bibiliográfica organizada por el Instituto Cornide, al que el escritor y político legó su archivo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine