José Antonio Gurriarán Periodista y escritor

"Las guerrilleras controlaban el Servicio de Inteligencia republicano"

"Ya no hay políticos como los de la Transición; Felipe González es, con Azaña, el gran político del siglo XX español"

17.11.2015 | 01:07
El periodista José antonio Gurriarán.

Una bomba le destrozó las piernas en 1980, en Madrid. José Antonio Gurriarán (Ourense, 1939), corresponsal de TVE en varias capitales, buscó sanación haciendo suya la reivindicación de los terroristas contra el olvido del genocidio armenio y escribió 'La bomba', en el que se basó el marsellés Guédiguian para rodar 'Están todos locos' (2015). Ahora publica 'As mulleres no monte' (Galaxia), dedicado a las guerrilleras, que presenta hoy a las 20.00 h en Puertas Ártabras

-"La bomba más poderosa contra el terrorismo es el diálogo", dice usted. Francia, sin embargo, ha reaccionado a los atentados del ISIS en París con un bombardeo en Siria.

-Siempre defendí el diálogo con ETA, hasta la barbarie de la T4 en plena negociación, y llegué a la conclusión de que no quieren negociar. Me temo que eso piensan Hollande y muchos franceses. También hay una presión importante de la opinión pública.

-¿Se ha entrado en una espiral terrorífica?

-Sí, pero es una más. Desde las Cruzadas el mundo llamado cristiano ha tenido problemas con el Islam, y siempre ha habido enfrentamientos de Occidente con Turquía.

-¿A usted le "salvó" haber escrito La bomba, que ha servido a Guédiguian para una película?

-Su padre era armenio, de los que emigraron cuando la matanza de 1915, y siempre había querido hacer un libro como homenaje a sus antepasados y como crítica del lamentable comportamiento de Turquía, que no reconoce el genocidio. Nos conocimos en Marsella, cuando fui a recoger un premio por mi segundo libro sobre Armenia, en 2008, y coincidimos en nuestra interpretación del terrorismo -a mí no me importa si ETA pide o no perdón, si no que deje de matar.

-Es periodista, ¿hubiera dado el mismo espacio a los atentados de París y Beirut de hace días?

-Teóricamente, sí, pero la realidad impone las condiciones de la noticia, en este caso, la proximidad. Desde la Revolución francesa de 1879, España mira con los ojos muy abiertos a Francia, el país de las libertades. Allí emigraron todos los intelectuales perseguidos por el tonto de Fernando VII.

-Viene de publicar un libro sobre las mujeres que se unieron al maquis, ¿fueron muchas?

-Fueron muchas, y desconocidas por el hecho de ser mujeres, pero auténticas heroínas, a pesar de que al principio el jefe de las guerrillas de Castilla, León, Zamora y Galicia no las dejaba ir con los hombres. Hubo muchas en la zona de Valdeorras por estar cerca de Portugal, lo que favorecía la huida, y porque tenían el apoyo de los mineros asturianos y porque entonces Peña Trevinca, el monte más alto de Galicia, era inexpugnable.

-Y no ocuparon un papel secundario, ni mucho menos.

-Ni mucho menos. El papel secundario se lo dimos nosotros al contarlo. Si se contara la verdad, las veríamos como auténticas heroínas. Francisca Nieto, Paquina, que fue Miss Ponferrada, perseguida y amenazada de muerte; La Penca, la mujer del guerrillero [Manuel] Girón, que era un mito. Carmen Jerez, muerta a tiros en O Barco cuando estaba embarazada. Mataron a muchas, e hirieron a otras. A una madre y su hija las colgaron. A la hermana de la chica, Felicitas, la entrevisté hace dos años, todavía vivía en Valdeorras. Aún ahora, cuando hablas con la gente, sigue mostrándose atemorizada. Todavía vive Consuelo Rodríguez López, Chelo, en la Isla de Re, en Francia. Ella y su hermana Antonia eran novias de guerrilleros asturianos, gente muy preparada porque venía de la Escuela de Guerra de Gijón, e hicieron el ejército de la guerrilla mejor preparado de España, el que más duró, el más invulnerable.

-¿Cuántas mujeres guerrilleras ha llegado a contabilizar?

-Entrevisté a unas 70. Se han ido muriendo casi todas.

-¿Muchas estaban en el Servicio de Información de la República?

-Lo controlaban prácticamente ellas solas. Había unas 500 mujeres en esta zona. Eran valentísimas. Muchas eran hermanas de huidos, como Consuelo y Antonia. Primero mataron a los padres y luego a cinco hermanos. Ellas estaban amenazadas de muerte, las avisaron y se fueron. Torturaron y mataron a muchísimas. Los jefes no querían mujeres, querían hombres, consideraban que ellas eran más vulnerables, una concepción antifeminista antigua y, en el fondo, machista.

-¿Sigue siendo socialista y amigo de Felipe González y Alfonso Guerra?

-Soy socialista pero no soy muy partidista, me gustan más las ideas que los hombres. Tenía una gran simpatía por los dos y lamenté mucho que se hubieran enfadado. Felipe me sigue pareciendo un genio de la política. Es, con Azaña, el gran político del siglo XX.

-¿Los ve a la misma altura?

-En inteligencia, sí. Y en cuanto al deseo de pactar la salida a los problemas, que es lo que hay que hacer ahora en la situación en que estamos. Quizá no hay otra salida.

-¿Le gusta Pedro Sánchez?

-Estoy en un período de análisis. En principio, sí, y me llevaría una gran decepción si cambia.

-¿Es un político de fuste?

-Como Felipe y Guerra no hay. Los políticos de la Transición fueron impresionantes, los de derechas, los de izquierda y los de centro: Felipe, Suárez, Fraga, Carrillo.

-Ahora es denostada.

-Por el sentido crítico que tenemos los españoles.

-¿Qué opina de Podemos?

-Me parece positivo que surjan fuerzas que recojan el descontento popular. Les están buscando las vueltas, les tienen muchas ganas. Que les dejen funcionar, tienen otra forma de interpretar la política.

-No los ve con malos ojos.

-No, no. Si aceptan la Constitución son demócratas. Veo con malos ojos el nacionalismo anticonstitucional. Eso sí, porque quieren desmembrar España, un país de países, una nación de naciones y todas ellas pueden convivir.

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