Plata con marchamo coruñés

Un centenar de plateros trabajaron en A Coruña a lo largo del siglo XVIII en obradores de los que salieron cuantiosas piezas marcadas con la Torre de Hércules

20.10.2016 | 21:01

Un centenar de plateros llegaron a estar registrados en A Coruña a lo largo del siglo XVIII coincidiendo con el desarrollo de la ciudad al amparo del puerto, sobre todo después del establecimiento de los correos marítimos, en 1764. Tuvieron su propia marca, colegio profesional y ordenanzas para regular su trabajo y garantizar la calidad de las obras.

Un triple marcaje acreditaba el origen de cada pieza: el nombre del contraste, el del platero y la ciudad, representada por la Torre de Hércules, primero con la antigua forma curvada y, hacia final de siglo, con la factura rectilínea que adquirió tras la restauración llevada a cabo por Eustaquio Giannini, tal como se levanta hoy.

Apellidos como Ferbenzas, Sanjurjo, Vaamonde, Touzeda, González de Heiriz, Saavedra o Porrúa componen la lista de orfebres, en la que figura un nombre que aún perdura hoy en día ligado al oficio de platero en A Coruña, Candame.

La mayoría de estos artífices tenía su taller en la zona de la Pescadería, y no en la Ciudad Alta, como pudiera pensarse por hallarse allí entonces la calle Platería, próxima a la Colegiata de Santa María del Campo, donde algunos se habían instalado en el siglo anterior.

El desarrollo de la ciudad y la gran expansión de esa época supuso la proliferación de diversos oficios y, entre ellos el de platero, para satisfacer la demanda de una floreciente clase social, deseosa de rodearse de signos de distinción y riqueza, tanto en la casa como en el arreglo personal.

Cuberterías, bandejas, platos, jarras, cafeteras, chocolateras, copas, fuentes, sortijas, hebillas, charreteras, puños de armas, escribanías, cajas y otros ornamentos o alhajas salían de los talleres de los orfebres coruñeses, que llegaron a gozar de una buena posición económica.

Elaboraban también piezas para iglesias y conventos, en especial para la Colegiata, que era entonces uno de los mayores clientes. Muchas de estas obras se conservan, pero otras desaparecieron con el saqueo de las tropas francesas durante la invasión napoleónica.

Entre las piezas que se conservan figuran las mazas que actualmente utiliza el Ayuntamiento en las ocasiones solemnes. Se fabricaron, en 1789, en el taller de platería de Vicente Vaamonde Ferbenzas, perteneciente a una familia de orfebres, que llegó a ser diputado del colegio de Plateros de A Coruña.

Vaamonde las realizó por encargo del Ayuntamiento para portar en los actos conmemorativos de la proclamación del rey Carlos IV, en el taller que tenía en Riego de Agua. En él se fabricaron también diversas piezas para la Colegiata, entre ellas, varios portapaces, una naveta, una lámpara, un atril y candeleros.

Distinta documentación da noticia de las disputas de Vaamonde con otros miembros del Colegio de Plateros, particularmente sobre el fiel contraste y el marcador de la ciudad, Juan Antonio Piedra, hijo del orfebre y grabador compostelano Jacobo Piedra.

Del mundo de los plateros en A Coruña del siglo XVIII se han ocupado recientemente María de la O Suárez, jefa del Archivo Histórico Municipal, y cronista oficial de la ciudad, y Jaime Oiza, director de exposiciones del Ayuntamiento, en un estudio publicado en Nalgures, la revista de la Asociación Cultural de Estudios Históricos de Galicia, que se toma aquí como referencia.

El florecimiento de la ciudad trajo a algunos extranjeros a montar sus negocios en A Coruña, como fue el caso de los plateros Juan Pimienta, Benito José Salgado, Manuel José Dacosta y José Manuel Silva, venidos de Portugal, o de Francisco Ferreira, así como Bartolomé Zanin, italiano de Turín.

En 1772 se constituyó el Colegio de Plateros, y a partir de esa fecha, ningún artesano podía ejercer sin pertener a él. El Colegio elaboró las ordenanzas por las que se regía el oficio, que diferenciaba entre maestros, oficiales y aprendices, y establecía multas para aquellos que incumpliesen las normas de fabricación de los objetos.

Una de las garantías de calidad era el fiel contraste, encargado de comprobar y marcar las piezas fabricadas por los plateros, una vez analizada la calidad de la plata y hechas las inspecciones requeridas a tiendas y obradores.

Además de Piedra, desempeñaron este puesto, para el que era preciso ser platero y tener los utensilios propios del oficio, entre otros requisitos, Miguel López de León, Benito Touceda, Andrés González de Heiriz, cuyo nombre aparece a veces como Heiris; Francisco Varela de Castro, Francisco Méndez o José María Noya.

Es posible que hoy en día viviendas coruñesas alberguen todavía piezas de plata hechas en la ciudad, con la marca de la Torre de Hércules. Ojalá salgan a la luz.

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