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Jorge Fernández Díaz Periodista y escritor argentino

"La etapa que se abre en Argentina me parece fascinante y peligrosa"

"El escritor de ficción puede contar con la imaginación lo que no puede con las armas del periodismo puro y duro"

03.12.2015 | 00:58
Jorge Fernández, ayer, en Madrid.

El escritor argentino Jorge Fernández Díaz, que dio el salto a la narrativa de éxito con Mamá, publica ahora El puñal, una historia descarnada con la realidad argentina de fondo.

-"Dura, negra, violenta...", El puñal parece una novela no apta para corazones sensibles.

-Curiosamente lo es, porque no solo trata sobre el lado oscuro de la política y de los servicios de inteligencia. También trata sobre un amor arrasador entre un hombre y una mujer. He querido desvestir la política y el amor. Cuando le quitas a la política sus discursos, queda un toma y daca, un juego de gánsteres con corbata, un modo mafioso de manejarse con la realidad. Y cuando le quitas al amor sus vestidos románticos y sus dulces malentendidos, queda una pasión turbia e inexplicable. El protagonista de El puñal es un agente de inteligencia que debe espiar a una abogada española.

-¿Cuánto de real hay en esta historia?

-Los personajes y el argumento son pura ficción, pero están basados en personas que he conocido y en expedientes judiciales y casos que he leído o investigado. Un periodista siempre publica el 20 por ciento de lo que conoce. El resto no puede darlo a conocer sencillamente porque no puede probarlo. Pero el escritor de ficción puede atravesar esa frontera insalvable y contar con la imaginación lo que no puede con las armas del periodismo puro y duro. Hace 34 años que ejerzo el periodismo. Fui cronista de sucesos durante diez años y luego periodista de investigación. Y ahora soy analista político y veo mucha trastienda. Con toda esa mochila llena de secretos impublicables he escrito El puñal.

-En su caso el periodismo ha servido de alimento para la narrativa.

-Durante años el periodismo y la literatura lucharon a brazo partido por mi tiempo y mis energías. Una fue mi esposa y la otra mi amante. Desde que escribí Mamá, que es una crónica pero también una novela, ambas vocaciones conviven bien. Soy un bígamo feliz. Mi literatura da cuenta del presente y se nutre de mi mirada como periodista. Y mis crónicas y ensayos tienen el aliento de un escritor.

-¿La realidad argentina es tan negra que solo se puede contar desde la ficción?

-Durante los últimos quince años se han ido instalando progresivamente una serie de mafias en el poder. La corrupción se ha multiplicado, y hasta tiene justificadores intelectuales. Y el narcotráfico ha ido avanzando de manera peligrosa: no hay cárteles estilo Sinaloa, pero sí bandas que dominan territorios, muchísimo consumo de droga y además ha crecido de manera exponencial el negocio de la exportación. Somos uno de los principales exportadores de cocaína del continente. Y sobre ese negocio trata El puñal. La exportación no se hace con matones, sino que se realiza con hombres de negocios y se acuerda en lugares chic. Esa cocaína llega a España y a Europa. Y esos negocios no se podrían hacer sin la connivencia de la política de mi país.

-Tienen un nuevo presidente. ¿Confía en que las cosas mejoren en su país?

-Mauricio Macri y su coalición tienen una enorme responsabilidad: probar que una fuerza no peronista puede gobernar hasta el último día y evitar una destitución. Algo que Alfonsín y De la Rúa no consiguieron. Me parece fascinante y peligrosa la etapa que se abre, y apuesto por una democracia donde haya alternancias. El peronismo se apropió del Estado y quiso quedarse para siempre. Es muy triste tener una democracia de un solo partido. Esa patología produce toda clase de lacras en mi país.

-¿De qué le redime la literatura?

-Me redime de la mediocridad de la vida. Y, además, es un ajuste de cuentas por la rabia que me producen los poderosos.

-¿Qué supuso Mamá en su carrera literaria?

-Aprendí a indagar los sentimientos, a conocer en profundidad la naturaleza femenina. Y luego aprendí muchas cosas acerca de mí mismo. Si investigáramos profundamente nuestro árbol genealógico, terminaríamos dibujando imaginariamente nuestro propio rostro. Porque somos un trocito de aquel tío abuelo, otro de aquel primo lejano, y así. Todo lo que somos, incluso lo que ignoramos, está en nuestra genealogía, que habitualmente desdeñamos. Mamá me permitió bucear en mi identidad y, por lo tanto, cambió mi vida.

-¿Qué ventajas le ve al periodismo en papel, que algunos se empeñan en enterrar antes de tiempo?

-Creo que el periodismo en papel seguirá existiendo muchísimos años más. Y para mí, la gráfica es la verdadera escuela del periodismo. Amo los periódicos, aunque viva criticándolos. Ahora bien, creo que en el futuro los periodistas de cualquier formato deberemos ser algo más que periodistas. No solo perfeccionarnos en las armas tradicionales (preguntar, investigar), sino avanzar hacia otros terrenos con rigor: estudiar y leer más para mirar y analizar con mayor hondura, volver a ocupar quizá el lugar del intelectual que teníamos antes y proponernos ser en las mismas páginas del periódico los mejores narradores del país. El articulismo puede alcanzar lo más alto del pensamiento y el reportaje puede ser una obra de arte.

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